ÉPALE285-LA VIDA ES JUEGO

POR GERARDO BLANCO • @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN  RAUSSEO DOS

Los mundiales han servido, cada cuatro años, para reafirmar que ninguna individualidad está por encima de la asociación que se requiere para compartir la pelota, buscar el jugador mejor posicionado para anotar o unir esfuerzos para replegarse y defender a cal y canto el terreno propio. Nadie marca un gol solo y ninguno defiende la línea de meta sin el apoyo solidario de sus compañeros.

La idea de que un jugador puede ganar por su único y genial esfuerzo una copa del mundo es producto de aquel tanto genial de Diego Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México 1986. Pero la gente olvida que hasta para anotar aquella obra cumbre en el estadio Azteca, primero Cuciuffo tuvo que recuperar la pelota y, luego, el negro Enrique se la pasó al barrilete cósmico antes de que realizara aquel recorrido fantástico para batir al arquero Peter Shilton.  También se pasa por alto que el segundo título de Argentina no fue obra exclusiva de Diego. Tuvo escuderos brillantes que respaldaron su gesta. Nery Pumpido en el arco, el cabezón Ruggeri cortando todo en la defensa; o El Tata Brown, Jorge Valdano y Burruchaga, firmantes de los goles para vencer 3-2 a Alemania y alzar la Copa.

En los últimos años el mercadeo deportivo se ha empeñado en vender la especie de que solo hace falta un Messi, un Cristiano Ronaldo o un Neymar para dominar el planeta fútbol. Messi es el más castigado de los tres. Ha sido condenado por los aficionados de su país a ser un redentor. Quieren que haga lo que ni Pelé ni Diego Maradona ni ninguna otra leyenda del fútbol realizó, en solitario, en una cancha de fútbol: defender, driblar, pasar la pelota, corretear a todos los rivales y marcar el gol decisivo en cada jornada hasta salir campeón del mundo.

Para ganar los tres títulos mundiales que lo coronaron como O Rei del mundo, Pelé tuvo a su alrededor la mejor compañía. En el Mundial de Suecia 1958 formó junto al también legendario Garrincha una de las mejores duplas de atacantes de la selección verdeamarilla. En Chile 1962, Brasil salió campeón pese a la lesión de Pelé, porque Garrincha, Vavá y Amarildo se pusieron el equipo al hombro; y en México 1970 Pelé formó parte del mejor equipo de la historia de los mundiales al lado de los fenomenales Tostao, Rivelino, Gerson, Jairzinho y Carlo Alberto.

La magia del fútbol, y lo que universaliza su práctica, es que se trata del juego más colectivo de todos, en el que rivales sin historia ni jugadores luminosos en sus plantillas, como Islandia o Corea del Sur, pueden dar lecciones de fútbol a las potencias. Porque 11 futbolistas convencidos de pelear cada pelota son más poderosos que una estrella solitaria que lucha solo contra todos en la cancha. No es de extrañar que los equipos formados alrededor de una estrella como la Argentina de Messi, el Portugal de Ronaldo y el Brasil de Neymar quedaran eliminados en Rusia, mientras que los que apostaron por el esfuerzo compartido sigan en carrera.

ÉPALE 285

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