Las llamaron Venus: ¿Belleza originaria?

Por Nebai Zavala Guevara @Nebalun / Ilustración Nebai Zavala Guevara

Ser mujer en el pasado, y ser representada como mujer a través de figurinas de cerámicas, implica una serie de incorporaciones simbólicas al cuerpo y la identidad social del individuo que no necesariamente responden a su fisiología.

Carlos Escalona
“Figuraciones antropomorfas del género”,
Revista venezolana de estudios de la mujer

Desde que le llamaron Venus a las figuras de arcilla encontradas como arte “prehistórico” apretaron más los amarres de la camisa de fuerza colocada a las mujeres. Esto sirvió para poseer una realidad desconocida sobre una belleza diferente.

Afrodita o Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad (reproducción). Información atomizada que nos llega sobre las representaciones de personajes suprahumanos o deidades femeninas, íconos de la cultura occidental dominante arribada a nuestro continente en barcos. Miradas y letras de otros que nombran los hallazgos de figurillas voluptuosas y “desproporcionadas”, camisa de fuerza que moldea el ideal femenino por su fertilidad o reproducción como fundamento utilitario.

Aceptar el pensamiento occidental sobre las representaciones estéticas del “cuerpo ancestral” y el valor social en la mujer prehispánica es la opción heredada. ¿No hay otra visión más allá de las dimensiones voluptuosas en las figurinas como exaltación de la belleza funcional meramente reproductiva?

En todas las clases que vi sobre historia de las artes, desde sus orígenes, salen a relucir las llamadas Venus, que “enaltecen” a las mujeres por su funcionalidad biológica, la fertilidad.

Bajo la fuerza que mantiene la camisa atada durante tantos siglos —pero, sobre todo, desde el siglo XX al XXI, donde los amarres son con “hilos transparentes”—, las mujeres debemos desear ser Venus. Convencidas por el desarrollo social y económico, asumimos como bello el “volumen” adjudicado al “patrón representativo femenino”, el cual es moldeado en dos “lugares fundamentales” del cuerpo.

Las Venus actuales son representadas como muñecas plásticas esbeltas y “proporcionadas”, simétricas. Cambian las medidas, pero prevalece el “valor” histórico adjudicado: deseo y fertilidad.

¿Qué pasa entonces cuando las mujeres comienzan a romper ídolos de arcilla y plástico? Escándalos para una cultura sumida en los certámenes de belleza. ¿Entendemos la postura de no querer moldes ni valores agregados a los cuerpos por razones fisiológicas?

Observamos con interés las publicaciones de fotografías femeninas con carnes en siluetas múltiples, estrías, celulitis, pelos, canas, arrugas, lunares, marcas, amputaciones, géneros diversos se muestran. ¿Cuestionarán el “ideal” de belleza al enseñar la diversidad de cuerpos?

¿Estaremos cortando los amarres? ¿O sólo nos dejemos llevar por los “cambios” en fotografías blanco y negro?

EPALE 384