Reportaje para la Revista Épale CCS

EN EL CENTRO VIVE EL JUEGO. SE PUEDE ESCUCHAR EL RUMOR DE LAS PIEZAS. ÉPALE CCS, TRAS LA PISTA DE UNA DE LAS COSAS MÁS SABROSAS DE LA VIDA —JUGAR DOMINÓ— SE ENCONTRÓ CON DOS GRUPOS BUSCANDO SU ADECUADO RECONOCIMIENTO

POR ANDER DE TEJADA • @EPALECCS ⁄ FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Recuerdo una conversación en la que se me afirmó que todo ser que vive, al mismo tiempo juega. Lo lúdico suele estar presente en la vida de todo sujeto, solo que la forma de conectarse con el juego trasciende la forma infantil de agarrar un juguete, animarlo con la imaginación y moverlo con las manos mientras se contextualiza un mundo que no existe. En la adultez la imaginación no suele ser tan explosiva y desatada de la realidad. Un adulto que imagina lo hace con un marco referencial específico que cada vez se va limitando más, al mismo tiempo que se enfrasca, cómo no, en unas determinadas formas de seriedad. Por eso sería raro ver a un hombre con barba jugando con unos muñecos en un piso cualquiera. Por eso nos viene a la mente la palabra “loco” si vemos a una mujer convirtiendo sus falanges en las extremidades inferiores de un humano. Por eso esto, si pasa, es un secreto de alcoba.

Reportaje para la Revista Épale CCS

“Mirones de palo”

También la necesidad adulta de jugar permite el desarrollo de actividades complejas que, hechas por y para gente inteligente, muy seriamente podrían figurar dentro de la clasificación del arte. Tenemos el juego del interesante ajedrez, las tácticas complejas de los deportes, los juegos de estrategia o de habilidad numérica, los videojuegos y hasta las novelas literarias que más han sacudido al mundo. También está, por supuesto, lo que nos atañe hoy, el dominó de nuestra ciudad.

En torno a los dominoseros del Centro sucedió algo interesante: algunos comenzaron en la plaza San Jacinto y todos, o casi todos los de la zona, terminaron reuniéndose en la plaza Lina Ron. Más de trescientos jugadores frecuentaban el lugar desde hace más de una década. La recuperación de la plaza, cosa importante y bonita, supuso el reimpulso de las actividades allí. Cosa que, poco a poco, fue alejando a los dominoseros. Hoy día, estos se reúnen la plaza Las Mercedes y bulevar Panteón.

PLAZA LAS MERCEDES

Dos mesas están dispuestas en la plataforma más alta de la plaza. A pesar de que el espacio está un poco escondido, cuando se pasa cerca se escucha un bullicio. No fue difícil encontrarlo, pero desde lejos se podía tratar de cualquier cosa que involucrara seres dispuestos en círculo, contemplando un objeto rodeado. Entonces nos acercamos. La plaza oscura, la amenaza de lluvia arriba, el ruido que se iba intensificando cada vez más. De pronto, los señores, concentrados, volvían a fijar la atención en los objetos que trazaban su órbita. Ellos, los planetas, se movían alrededor de un sol, de una fuente de vida que todavía no habían descubierto. Entonces se detenían por algo que les generaba tensión, pero de pronto saltaban de alegría y escupían sus risas al aire. Se señalaban los unos a los otros, en medio de ese lapso de relajamiento, antes de que sonara lo que definitivamente me hizo ubicarme en espacio y tiempo. Cada sonido de conchas marinas, de piedras de río cuando se agitan bajo el agua, me hicieron entender que se jugaba al dominó.

Reportaje para la Revista Épale CCS

El juego como necesidad, aun en el adulto

“El inicio fue primero allá abajo, en la plaza San Jacinto. Ahí nos conocimos todos, hace más de 20 años. Luego pasamos a la plaza Lina Ron porque nos destruyeron las mesas que habían ahí. Todavía jugamos allá, solo que compartimos esa con esta. Pero como el espacio se recuperó, ahora hacen muchas actividades. Lo que te puedo decir aquí es que estas mesas tienen su leyenda: nos las donó Fernando Soto Rojas cuando fue presidente de la Asamblea Nacional. Después hubo una segunda donación por parte de Jorge Arreaza, cuando era vicepresidente. Tenemos una audiencia más o menos de 300 personas. Comenzamos a jugar a partir de las 12 del mediodía”, indicó el señor José, el organizador del grupo, vestido con una camisa a rayas y una boina y acompañado del señor Iván Cumberbatch, un sujeto callado pero certero (“Voy yo, ¿cómo vas a ir tú?, si yo te parí a ti’’, dijo).

CUANDO ENCARNABAN EL PAPEL DE ESPECTADORES DEL JUEGO TODOS SE VOLVÍAN NIÑOS

A continuación, el señor Cumberbatch explicó que tienen una dinámica de club, en la que cada jugador aporta 200 bolívares semanales. Dinero que sirve para la reposición de mesas y piezas. El documento para conformar la asociación, tal como indicó, se encuentra apenas en el registro, pero tienen la esperanza de poder conformarse y recibir ayuda de un ente que pueda, entre otras cosas, acondicionar la plaza.

El juego distiende pero también requiere seriedad

El juego distiende pero también requiere seriedad

Para jugar se sigue la dinámica común de cualquier mesa: los jugadores van llegando y, con el arribo, se va haciendo una lista en donde se escribe el nombre de un representante de la pareja. En la calle, se llama “llevarla”. Aquí también. Así es que el señor José nos mostró el papel. A pesar de la asociación, es un papel común, de cuaderno, escrito con lo que parece una lista de mercado de las épocas de bonanza petrolera.

Grandes...

Grandes…

Las risas sonaron de nuevo. Ya nos habían dicho que la asociación estaba compuesta, sobre todo, de adultos mayores, pero cuando encarnaban el papel de espectadores del juego, entonces el tiempo comenzaba a rodar para atrás y todos se volvían niños. Niños que gritaban con cada piedra que contactaba contra la mesa. Niños que de pronto se movían entre la multitud para tocarle el hombro más lejano a quien tenían al lado y para que este pensara que no era él, sino otro, quien lo llamaba. Niños en un recreo, en un momento donde no hay responsabilidad alguna, en donde lo único importante ni siquiera es ganar sino divertirse.

“¡Zapaaato!”, se escuchó gritar.

“¡Zapaaato!”, gritaron todos.

“¡¿A quién no le han dado un zapato, chico?!’’, preguntó el zapateado, quien tuvo que quedarse callado al cabo de un rato, después de que todos se volcaron sobre él para hacer énfasis en la peor de las humillaciones. Pero el humillado no lloraba, no se lamentaba, solamente devolvía insultos al cielo que, más que insultos, eran, en el fondo, caricias de amigos. Él sabía que no importaba, que eran cosas de la vida y que todo jugador de dominó es, en el fondo, un zapateado más.

... y chicas

… y chicas

BULEVAR PANTEÓN

Al bajar hacia la avenida Urdaneta nos llamó la atención el sonido, repetido, de las piedras marinas agitándose. Cuando volteamos, vimos otras tres mesas dispuestas en donde también jugaban unos sujetos de la tercera edad, en su mayoría. Michael sacó la cámara y yo me acerqué a preguntar: son, al igual que los de la plaza Las Mercedes, originarios de la plaza Lina Ron. Estos, sin embargo, en un

ambiente más silencioso, más tranquilo, más adulto, quizás, son un grupo que decidió apartarse un poco de la cantidad de gente de los otros espacios. Estaban los organizadores, que no hablaban mucho porque estaban profundamente concentrados, y estaba un señor que se acercó a mí y con la dulzura de su voz me preguntó para quién trabajábamos. Le dije que para Ciudad CCS. Entonces quiso saber si saldrían publicados en la sección deportiva. Le dijo que no, que éramos de Épale CCS, y el señor, emocionado, me hizo saber lo mucho que le gustaba la publicación.

Sus aspiraciones, las mismas: conformarse como un grupo organizado, poder celebrar competiciones y recibir apoyo para comprar piezas.

ÉPALE 253

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