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Publicado en Épale N° 327 el 9 de junio de 2019

Por Jessica Dos Santos Jardim 

Se dice que en el mismo terreno donde el presidente Antonio Guzmán Blanco erigió el Congreso Nacional, antes solía existir una posada.

Esta posada era la más digna de la ciudad y con el paso del tiempo se transformó en el llamado “Hotel Saint Amand”.

De hecho, dos militares norteamericanos se alojaron allí en el año 1857 y el relato de su estadía fue publicado en la revista “Harper’s New Monthly Magazine”:

“…frente a nuestra posada están las altas paredes de un convento, que la Revolución y el terremoto parecen haber respetado; hay unas sesenta monjas venerables que ocupan esta manzana principal de la ciudad”.

En efecto, en los terrenos del actual Palacio Federal Legislativo también se encontraba antiguamente el Convento de las Reverendas Madres de la Inmaculada Concepción.

Guzmán Blanco ordenó expropiar un solar del convento entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, para la construcción del cuerpo sur del Capitolio Federal 

Pero, en 1876, el Ejecutivo decretó la construcción del cuerpo norte, y en 1877, todo el terreno que pertenecía al convento estaba ocupado por el conjunto de edificios que forman el Capitolio.

El Gran Hotel

No obstante, el primer hotel realmente conocido de Caracas fue “el Gran Hotel”.

Según el reportero y cronista, Guillermo José Schael, “este hotel estaba ubicado entre las esquinas de Bolsa a Mercaderes, en el mismo inmueble que durante mucho tiempo ocupó la afamada posada ‘El León de Oro’ de los hermanos Delfino”.

Esta edificación fue fundada por el gerente hotelero, Juan Rodríguez Cordero en 1909, de cara a la celebración del Centenario de la Independencia.

Por aquellos años, en las ediciones de la revista “El Cojo Ilustrado” se promocionaba el hotel como uno de los puntos más importantes de Caracas:

“El Gran Hotel de Caracas posee un estilo europeo con piezas empetatadas y empapeladas (acabados de pisos y paredes) con zócalos al óleo, alumbrado eléctrico y muebles a todo lujo (…) ideal para las personas que deseen tener el confort de los grandes hoteles de Europa, con un salón recibo alfombrado, su baño, water closet y un bidet”, escribían.

Quizás por esta razón el hotel contó con huéspedes de altura como el  cantante de ópera italiano Titta Ruffo, el científico Alexander Graham Bell (inventor del teléfono), y la bailarina rusa Anna Pavlova.

El qué tal: Hotel Majestic

Hasta que llegó El Hotel Majestic, una edificación inaugurada el 30 de diciembre de 1930, frente del Teatro Municipal, en lo que hoy se conoce como la torre sur del Centro Simón Bolívar.

Este hotel fue diseñado por el arquitecto hispano venezolano Manuel Mujica Millán y la construcción estuvo a cargo del ingeniero Eloy Pérez Alfonzo. 

“También fue diseñado en parte por el arquitecto catalán Marcelino Mari y terminado luego por el arquitecto Manuel Mujica Millán. El hotel configuraba con el semicírculo de sus columnas neoclásicas, un espacio urbano muy particular, en cuyo centro estaba la estatua de José Gregorio Monagas (el presidente que en 1853 decreto el final de la esclavitud en Venezuela)”, escribe el arquitecto, Nicolás Sidorkovs.

En aquella época, el lugar se caracterizó por ser el edificio más alto de la ciudad, el primer hotel con ascensor, y el único en poseer griferías con agua caliente. Esto lo convirtió en el sitio de encuentro de la alta sociedad de Caracas, Venezuela y América Latina. 

“En la cúpula del Majestic lucía un ángel tocando una trompeta ¡Lo vi caer cuando la arremetida de una bola gigantesca derrumbó el hotel!

Allí se hospedaron grandes personalidades incluyendo a los artistas del Metropolitan Opera House de Nueva York, y al célebre Carlos Gardel, quien se alojó en el segundo piso durante el año 1935.

Pero además, nuestro reconocido periodista, poeta y humorista  Aquiles Nazoa, se desempeñó como aprendiz de carpintería, telefonista y botones en este hotel desde el año 1932 hasta 1934. 

Asimismo, a partir de 1942, el músico, compositor, y director de orquesta venezolano, Aldemaro Romero, fue el encargado de tocar el piano en el hotel.

A su vez, el famoso economista merideño Alberto Adriani, al ser nombrado ministro del gobierno de López Contreras en el año 1936, decidió trasladarse a vivir en este hotel, donde fue encontrado muerto el 10 de agosto de 1936. 

El Hotel Majestic​​ fue demolido en el año 1949 para dar paso a las obras del Centro Simón Bolívar. 

“En la cúpula del Majestic lucía un ángel tocando una trompeta ¡Lo vi caer cuando la arremetida de una bola gigantesca derrumbó el hotel! Estaba seguro de que, antes de caer, tocaría por última vez su trompeta para significar que se sacrificaba en aquel estrépito de escombros solo para hacer posible el comienzo de una modernidad urbana intensamente anhelada por los caraqueños”, escribió en aquel entonces el ensayista Rodolfo Izaguirre.

El curioso Hotel Ávila

Pero, años antes de la demolición del Majestic, Nelson Rockefeller, político y vicepresidente de los Estados Unidos (1974-1977), también se intereso en el mercado hotelero de nuestra ciudad.

Rockefeller fundó en 1940 la Compañía de Fomento Venezolana, tras reunir 3 millones de dólares de capital inicial, del cual su familia aportó un tercio, el otro tercio lo dieron sus socios venezolanos (entre los cuales estaban los Vollmer y los Boulton), y el resto las compañías petroleras.

Entonces, el proyecto piloto de la compañía resultó ser el Hotel Ávila, inaugurado el 11 de agosto de 1942.

El emblemático Hotel  modificó la movida caraqueña pues hasta esa fecha la vida comercial y social de la ciudad giraba alrededor de la Plaza Bolívar.

No obstante, Rockefeller rompió el patrón. Su hotel de 120 habitaciones se ubicó al final de una arbolada avenida de San Bernardino, oculto entre la vegetación, y orientado compositivamente hacia el Ávila.

Para lograrlo, el magnate le encargó el diseño del hotel al arquitecto personal de su familia, Wallace Harrison (autor del Rockefeller Center en Nueva York) 

Harrison decidió adecuar su construcción a los materiales locales y las condiciones climáticas de Caracas. 

Según sus palabras, el hotel tenía la dualidad perfecta: un exterior complaciente con el lugar y un interior más internacional.

Tras esto, se inició la llamada “americanización hotelera” con varias edificaciones construidas también en San Bernardino: Hotel Waldorf (dos cuadras al sur de la primera sede de la Embajada de EEUU en Caracas), Hotel Potomac (en este lugar fue secuestrado la estrella de futbol italiana Alfredo Di Stefano), Hotel Astor, entre otros.

Llegó el Conde y mandó a parar

Ante esta americanización, el 1 noviembre del año 1948, en la esquina El Conde, a una cuadra de la Plaza Bolívar, abrió sus puertas el Hotel El Conde.

En este lugar ocurrió una de las “venganzas” más bonitas de la época: En aquellos años en varios hoteles de Caracas (El Tamanaco, el Lido, el Broadway) “no se admitían negros”. 

En medio de ese panorama, un 29 de noviembre de 1957, el famoso jazzista afroamericano, Louis Armstrong, llegó al Hotel Tamanaco y fue rebotado por sus dueños.

Tras este bochornoso racismo, algunas fuentes señalan que Armstrong se trasladó al Hotel El Conde, donde le otorgaron la Suite Presidencial y lo nombraron “Huésped de Honor”. 

No obstante, otros apuntan que el trompetista estadounidense se habría refugiado en el Waldorf e incluso hay quienes afirman que tras algunas protestas, el Hotel Tamanaco termino recibiéndolo “para ahorrarse el escándalo”. 

Hasta el hoy

Posteriormente, nació el tiempo hotelero del este. Todas las edificaciones se orientaron a este lado de la ciudad con contadísimas excepciones: el Caracas Hilton (hoy Hotel Alba)  o el Hotel Humboldt (Waraira Repano). Pero, seguramente por allí también se anda fraguando más de una historia. Seguimos. 

ÉPALE 382