Las vacas sagradas temen a la Ley del Deporte

Las entidades deportivas nacionales no son propiedad privada de sus dirigentes ni se rigen por leyes de inspiración divina, por cartas sagradas o astrales. Deben cumplir con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, las leyes del país y, muy especialmente, con la vigente Ley del Deporte, que protege los derechos individuales y colectivos de los miembros de esas instituciones cuando la dirigencia incumple con el mandato, viola los estatutos, reglamentos o leyes del país
Sin embargo, los jurisconsultos del deporte asociado, que han hecho carrera defendiendo en los tribunales las triquiñuelas electorales de los federativos y asustan a los incautos anunciando que ahí viene el lobo de la desafiliación internacional, prefieren acusar olímpicamente de intervencionista a la Ley del Deporte, cuando en realidad es el Estado que actúa para poner fin a las irregularidades cometidas por los directivos.
Fue lo mismo que ocurrió en la Federación Venezolana de Judo (Fevejudo) hace un par de años, cuando las vacas sagradas se hacían de la vista gorda ante los excesos ocurrido en esa entidad, sancionada internacionalmente por impagos y cuyo presidente, Ronald Salazar, fue acusado de hostigamiento sexual por la judoca Elvismar Rodríguez. El Instituto Nacional de Deportes (IND) intervino para que los protagonistas de este deporte eligieran democráticamente nuevas autoridades, pese a las críticas de los sabios del derecho deportivo.
La senséi Katiuska Santaella fue electa en este proceso y el resultado ha sido venturoso. Devolvió a esta disciplina credibilidad, colocó de nuevo al judo venezolano en el mapa mundial con las soberbias actuaciones de Elvismar o Anriquelis Barrios que, con cada ippon, derrotan a las vacas sagradas que rumian en sus oficinas.
Los leguleyos del deporte también pegaron el grito al cielo en 2017 cuando atletas, entrenadores y árbitros del softbol de todo el país activaron una asamblea general para desconocer a la junta directiva que se había autodesignado tras el fallecimiento del entonces presidente de la entidad (Federación Venezolana de Softbol, Fevesoftbol), Jesús Suniaga. Las vacas sagradas volvieron a rumiar contra la democratización de los procesos electorales. Juraron que la nueva junta directiva, salida de las elecciones en la Fevesoftbol, no gozaría de reconocimiento internacional, pero volvieron a fallar la puntería. La Confederación Mundial de Softbol no solo dio el visto bueno a María Soto, abanderada olímpica de Venezuela en los Juegos Olímpicos Pekín 2008 y electa presidenta de Fevesoftbol para el período 2017-2021, sino que la incorporó a la comisión de atletas de la entidad.
En días recientes las vacas sagradas y sus jurisconsultos volvieron a tronar en el olimpo deportivo, porque el IND designó autoridades provisionales para conducir a las federaciones de boxeo y tenis ante las irregularidades que ocurren en estas organizaciones. Más y más democracia participativa y protagónica es el antídoto contra estos rumiantes del deporte.

Previous article

La Navidad