Leonardo Infante: El poder destructor

ESTE ES OTRO PERSONAJE OCULTADO, SILENCIADO, DESAPARECIDO A CONVENIENCIA POR LA HISTORIA OFICIAL. ES UN EJEMPLO CLÁSICO DE CÓMO SE ACTIVAN Y PARA QUÉ SIRVEN (Y, LUEGO, CÓMO SON DESECHADOS) LOS PODERES DESTRUCTORES DEL PUEBLO

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Guerrero al servicio de la Independencia desde que era un adolescente, tuvo un final infame y, probablemente, injusto: la justicia bogotana, cuando todavía formábamos parte de la Gran Colombia, lo capturó, enjuició y sentenció a muerte por haber matado, según dicen, a un militar neogranadino de nombre Francisco Perdomo.

Los vicios del proceso que culminó con su fusilamiento han sido objeto de análisis y, todavía hoy, poca gente se explica cómo fue que ese héroe de la liberación de Colombia, Venezuela y Ecuador fue acusado y despachado tan velozmente. Tal vez las razones sean las que expuso el mismísimo Bolívar, cuando intentó evitar que El Negro Infante fuera a juicio mediante una carta a Miguel Peña, juez de la causa. Cuando Peña le dijo a Simón que eso de tratar de salvar a El Negro no iba a poder ser, ya que el jurado colombiano había decidido salir de él, el Libertador le escribió: “Dígale Ud. a Infante que nadie lo amaba ni estimaba más que yo; pero que nadie era más feroz que él. Su instinto único y universal era matar a los vivientes y destruir a lo inanimal, si veía un perro, o un cordero, le daba un lanzazo, y si una casa, la quemaba. Todo en mi presencia. Tenía una antipatía universal. No podía dejar nada parado. A Rondón, que valía mil veces más que él, lo quiso matar mil veces”.

Pero ¿qué había hecho antes de caer en manos de la justicia, por allá, tan lejos de su Chaguaramal natal? Ni más ni menos que anotarse con la causa de la Independencia desde sus inicios (contrario a lo que pasaba con la mayoría de sus compañeros de linaje y esclavitud, quienes antes de luchar para la causa patriota lo hicieron para el pueblo pobre, a las órdenes de Boves) y participar en varias de las acciones más rotundas de la gesta libertadora: Queseras del Medio, Pantano de Vargas, Boyacá; docenas más en las que recibió heridas graves que casi se lo llevaron en los cachos.

EL SALVADOR DEL LIBERTADOR

También se divulgó y se hizo famosa la acción de Rincón de los Toros (Guayana): en esa oportunidad Bolívar estuvo a punto de ser alcanzado y liquidado por el enemigo, pero El Negro” Infante llegó a tiempo, despachó al jefe del escuadrón que acosaba al caraqueño, le entregó su caballo para que saliera volando de ese vaporón y se quedó él echando coñazos contra ese poco de malandros.

Su ejecución fue tan resonante y controvertida que se convirtió en uno de los detonantes de la separación de Venezuela, Colombia y Ecuador, cuando ya agonizaba el sueño integrador bolivariano. Después de ese juicio loco y absurdo, al que se le notaban las costuras como a todo lo que tuviera que ver con Francisco de Paula Santander, Páez fue llamado a Bogotá para que se pusiera “a derecho” también; por supuesto que El Catire les respondió que si se lo sobaban en cruz. Por esa razón no es tan justo reclamarle conspiraciones y cosiatas a aquel Páez de 1826: el general venezolano estaba siendo llamado para que diera explicaciones y se enfrentara a un juzgado manejado por Santander, y la respuesta de Páez fue decirles que a él no lo iba a venir a manotear ningún uribista desde Bogotá, que él no le reconocía a Santander ningún mando ni a Bogotá la condición de capital. Asesinado Infante, indignados los venezolanos y abochornados los oligarcas bogotanos porque el llanero no se puso a sus órdenes, la escena quedaba servida para la división del territorio en tres toletes.

En cuanto a la reacción popular por el fusilamiento de El Negro, tampoco se hizo esperar. Apenas sonaron los tiros que acabaron con la vida del héroe (él mismo dio la orden de disparar: ¡Fuego!, no sin antes declarar: “Infante muere, pero no por la muerte de Perdomo”), y después de que Santander dijo sus tres estupideces ante su cuerpo inerte, en la zona popular donde Infante vivía, llamada San Victorino, comenzaron a aparecer pintas en los muros que decían “San Victorino libre”.

Y así seguimos siendo los pobres del mundo: creemos en la libertad sin darnos cuenta de que ese bien solo pueden comprarlo los ricos u obtenerse después de mucho dolor y tragedias.

ÉPALE 347