Leyendas urbanas del trote: Alimentos milagrosos

Por Clodovaldo Hernández @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Pregúntale a cada trotador que veas por ahí cuál es su alimento mágico para correr, y un alto porcentaje te nombrará alguno. Incluso, los más reservados dirán que no lo tienen; pero, tarde o temprano, se sincerarán y echarán su cuento como es.

Hay gente supertécnica que te dirá que consume gel energético marca ACME (ya sabes, es un chiste derivado de la comiquita El coyote y el correcaminos), y hasta te informará dónde comprar esos refinados productos y por cuantos dólares (si no es en dólares, no tiene gracia). Los trotadores del tipo entrenador espontáneo hasta te darán una especie de récipe con la dosis adecuada. Te explicarán los pros y los contras de la cantidad de maltodextrina (la clave química de este producto) que puede engullirse en plena carrera.

Otros se pondrán ecológicos y dirán que antes de correr, o durante el trote, comen semillas de chía absolutamente naturales, que son como si Dios hubiese decidido un día fabricar una cápsula que contuviera todos los nutrientes y sustancias de efectos positivos habidos y por haber.

Unos dirán que su secreto no es exactamente para antes de meterse unos kilómetros de trote, sino para después; y que ellos comen, a dos cachetes, arepa, empanada, cachitos de jamón o cualquier desayuno por el estilo. En este caso el efecto mágico es, obviamente, psicológico, pues los trotadores se esfuerzan con gusto, pensando en la soberbia comida que van a poder consumir sin remilgos.

Una creencia muy arraigada pone fe en la pasta consumida en los días previos a las competencias o a las trotadas particularmente largas. Se dice que comiendo espagueti en grandes cantidades se realiza la llamada carga de carbohidratos. Suena tentador, especialmente para los glotones, pero los expertos (¡qué fastidio con esa gente!) advierten que tampoco es ninguna licencia para tragar desaforadamente, y señalan que debe ser pasta sin salsas grasosas, muy condimentadas y sin queso. ¡Ya me dirás tú si no le quita toda la gracia!

ÉPALE 361