Leyendas urbanas del trote: Correr te come los músculos

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Una de las denuncias más contundentes que suelen hacerse contra el deporte del trote es que “se come” los músculos que no intervienen, directamente, en el acto de correr.

Las pruebas florecen a simple vista: los corredores estrella de larga distancia parecen esqueletos forrados de pellejo, y aunque son capaces de galopar a diario una cantidad inverosímil de kilómetros dan la impresión de estar extremadamente débiles en el resto del cuerpo.

Algunos informes científicos certifican que dicha imputación tiene algo de cierto. Pero ese riesgo es algo que sólo ocurre después de cierto tiempo en la actividad y dependerá de qué tan intenso sea el desempeño del trotador.

Si eres de los muy fajados, puedes experimentar el proceso siguiente: en los primeros tiempos en la actividad, en especial a partir del momento en que tus faenas pasan de la media hora, el cuerpo empezará por consumir los depósitos de grasa de la cintura, del abdomen y, en algunos casos, los glúteos; además de otras partes anatómicas donde suelen acumularse.

Una vez que haya quemado esas grasas (lo que, dicho sea de paso, hace feliz a la mayoría), cada vez que el organismo se ponga de nuevo en déficit de energía empezará a sacar la “gasolina” de los músculos y, claro, como es demasiado inteligente lo hará, primero, succionando en los grupos musculares que son menos exigidos en el trote o la carrera, es decir, los de los brazos, el pecho y la espalda. Esto puede derivar en que un día te dispongas a levantar un peso y te falten fuerzas.

Para compensar, la mayoría de los entrenadores y los trotadores con experiencia recomiendan realizar, al menos dos veces por semana, ejercicios de musculación para el tren superior, es decir, de la cintura para arriba. En Youtube hay rutinas de éstos hasta para tirar para el techo y se pueden hacer con aparatos de gimnasio, pesas y mancuernas, incluso con bolsas y morrales.

En fin, lo de perder masa muscular por culpa del trote puede ocurrir (no es siempre una leyenda), pero hay maneras muy concretas de evitarlo o, al menos, de frenar la tendencia.

ÉPALE 366