Leyendas urbanas del trote: El plástico adelgazante

Por Clodovaldo Hernández  • @clodoher / Ilustración Erasmo Sánchez

Correr contribuye a adelgazar, es cierto. Pero la rebaja de peso mediante el trote es bastante lenta. Entonces, con esa vocación tan de nuestros tiempos por los resultados rápidos, a alguien se le ocurrió que había que hacer ejercicio forrado con algún material.

No se sabe quién habrá sido el primero en intentarlo, pero fue hace muchos años cuando alguien salió a correr embojotado en plástico, bajo la creencia de que el calor del cuerpo generaba una quema de la grasa local.

Recuerdo que los primeros en hacerlo utilizaban esos plásticos con lo que se cubren los trajes en las tintorerías.

Probablemente se pretendió extrapolar la experiencia de los boxeadores que tienen dificultades para mantenerse en su división, quienes se forran en plástico para una reducción instantánea que les permita hacer el peso. Parece que para eso sí sirve el truco, pero no para una rebaja permanente ni, mucho menos, para perder centímetros en una parte anatómica específica.

La idea de correr envuelto en plástico para alcanzar milagrosas conversiones en sílfides fue luego comercializada por los vivarachos de siempre. En los infocomerciales aparecieron monos de tela sintética o fajas para “quemar” barrigas rebeldes. Decían que funcionaban como un sauna portátil. Muchos incautos decidieron llamar para pedir alguno de esos adminículos y, de inmediato, salieron a las calles convertidos en sudorosas hallaquitas humanas.

En la mayoría de los casos, los monos plásticos o las fajas terminaron abandonados más temprano que tarde, porque usarlos era una especie de tortura autoinfligida. Sólo los fieles religiosos reservaron esos equipamientos para cuando requerían pagar alguna penitencia.

El asunto sería netamente anecdótico, de no ser porque el uso prolongado de forros de plástico (caseros o industriales) puede ser peligroso para la salud, sobre todo si se hace en un clima cálido como el de Caracas. No se te ocurra creerte ese mito porque puedes terminar deshidratado… y con la misma barriga de siempre.

ÉPALE 356