Leyendas urbanas del trote: Más sobre alimentos mágicos

Por Clodovaldo Hernández @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Ya te decía que sobre alimentos mágicos hay tantas creencias como corredores y nutricionistas existen. Cada uno tiene su comida-talismán.

Si te topas con un corredor del tipo entrenador espontáneo, tal vez hasta te dé una dieta completa para que la asumas, desde que das tus primeros pasos hasta que compitas en un maratón. Pero, en general, hasta el más descuidado de los trotadores majunches sabrá decirte qué le ayuda a correr mejor y qué, en cambio, le resulta horrible para su desempeño.

Si hablamos de comidas para antes de trotar, mucha gente te dirá que lo mejor es no ingerir nada. Pero eso tiene mucho que ver con la hora a la que se realiza el ejercicio. Me explico: toda esa legión que corre antes de que amanezca algunos a las 5, o antes, por lo general, está en ayunas. Es lógico, pues ni modo que uno se pare a las 4 am a hartarse para luego hacer deporte.

En cambio, si son de los que trotan más avanzada la mañana, algunos te dirán que comen arepas, empanadas, sánduches o huevos fritos y que luego salen cargados de energía. Otros, más light, te hablarán de las bondades de los cereales en hojuelas, los yogures y las frutas. Mientras más sifrino sea el corredor, más sifrina será también la fruta recomendada: desde un modesto cambur hasta un exótico kiwi.

Entre los que trotan en las tardes hay cultores de los almuerzos ligeros, con sopas y ensaladas; mientras otros te jurarán que corren mejor cuando comen bastante carne, pollo o pescado. En lo que sí hay cierto consenso es en que no es conveniente salir a trotar si no han pasado, al menos, tres horas después del almuerzo, o preferiblemente cuatro, sobre todo si la comida ha sido abundante. Porque por muy mágico que sea un alimento no sirve de mucho si sientes que, con cada zancada, te salta en la barriga como el agua dentro de un camión cisterna.

En particular, soy parte del ejército de trotadores en ayunas. Pero los domingos, luego de hacer una distancia un poco más larga, vuelvo a la vida con las arepas que me hace mi negra: con jamón, queso y huevos o con caraotas refritas. ¿Para qué más?

ÉPALE 364