Libremente / Escapa de tu Auschwitz mental

Tal vez no te has dado cuenta que tu zona de confort (esa donde te regodeas, te sientes seguro y, sin que te des cuenta, le da sentido a tu vida y te permite tejer esperanzas) es, también, una especie de campo de concentración. Sí, un Auschwitz con todo y sus policías, torturadores, alambre de púas, normas y su cotidianidad de expectativas y esperanzas.
Sin darnos cuenta, cada uno de nosotros vive en un campo de concentración que nos condiciona, diariamente, frente a los eventos cotidianos y no cotidianos. Es el que define qué horizonte o perspectiva de vida quieres para ti en un futuro, a qué crees poder llegar en tu vida y a qué no, en qué puedes permitirte tener esperanzas y en qué no. Es un campo de concentración poblado de fantasmas e ídolos que te acechan. O que buscas inconscientemente. Un campo de normas sobre lo que está bien y mal, de referencias negativas y positivas. Un campo de concentración que te impulsa a repetirte todos los días en tus miedos y obediencias, en tus paranoias y disgustos. Un campo de concentración que se nos aparece como natural e inevitable si no lo ponemos en discusión.
Los guardias son tus miedos, los cuales pueden ser normales o sobrepotenciados, exacerbados a tal punto de impedirnos ser y crecer. Además, lo peor es cuando te has resignado a vivir en tu ecología de miedos, sombras, medias verdades y dobles sentidos.
No importa si cuestionas. Todo lo contrario, puedes hacerlo, siempre y cuando no pongas en discusión tu campo de concentración.
Tu campo de concentración no lo sientes y no eres consciente de él, simplemente lo habitas y él te condiciona.
Éste, tu mismo campo de concentración es el que te señala cuando reírte y cuando llorar, qué es interesante y qué no. Es tu campo de hábitos inconscientes que, al repetirse, te transfiere seguridad.
Justamente este campo de hábitos inconscientes se vuelve, también, una cárcel al evitar lo nuevo, lo posible y hasta lo improbable.
¿Qué hacer? Se presentan frente a nosotros varias posibilidades.
Una es salir completamente de tu campo de concentración. Dejando una vieja forma de ser, reinventándote; cambiar de carro o celular, etcétera. Es, al menos, una ilusión que nos venden: que podemos renovarnos completamente, así como cambiar de peinado. No nos damos cuenta que todos somos parte del mercado global de ilusiones.
La otra alternativa es, tal vez, poder construir dentro de nuestro campo de concentración un puesto de observación elevado, para así poder ver lo que sucede fuera de nuestro Auschwitz mental; también poder relativizarnos de lo que sucede dentro de nuestro campo de concentración.
Creo que esto nos hará mucho más libres de nuestras ataduras conceptuales, valorativas, de nuestros dogmas e ideas prefijadas en nuestro imaginario. Tal vez la absoluta libertad sea un mito y una ilusión. Pero lo que sí creo posible es poder escapar, todas las veces que nos dé la gana, de nuestro campo de concentración, para así poder reírnos más de nosotros mismos.
La última alternativa es seguir prisionero en tu Auschwitz mental, continuar alimentando tus temores carceleros, tus jueces mentales, tus torturas discursivas y tu autodenigración. También eso se puede respetar, pero no es saludable.