Lilia Vera: expresión fiel del orgullo nuestroamericano

Swing Latino

Por Natchaieving Méndez / Fotografías Archivo

Debo hacer una confesión pública: siempre he querido cantar como ella, y miren que lo he intentado. En una ocasión me metí en un orfeón y trataba de cantar lo más grave que podía para que me dejaran con las contraltos, y así mi voz llegase a ser similar a la de ella, tan fuerte, profunda, segura, contundente, tan ella… tan Lilia Vera.

La Madre Cantora de Venezuela llegó como regalo del Creador a las tierras caraqueñas un 19 de octubre de 1951. Parte de su niñez transcurrió en la parroquia Santa Rosalía, específicamente por El Cementerio, y luego en Los Rosales. Desde los 8 años comenzó su transitar en el canto, guiada por su padre Marcelino Ramírez, quien tocaba cuatro y tiple andino. “Fue un hombre (su padre) que me ayudó a comprender lo que nos atañe a todos los seres que tienen un compromiso en la vida y con la vida”, expresó la cantora en una entrevista a Colombeia. También fue su maestro Ángel Guanipa, a quien Vera considera parte fundamental de su proceso de amar la música y las tradiciones venezolanas.

Incorporada al movimiento político estudiantil liceísta a finales de los 60, la joven Lilia Ramírez Villamizar mostraba la fuerza de una combatiente defensora de sus convicciones. Este activismo le ocasionó la expulsión por cinco años del sistema educativo, lo que lejos de entristecerla la impulsó, además de encaminar su canto hacia el trabajo social cultural, a comenzar ideológicamente “a hacer una canción que tuviera no sólo que ver con el cantar, sino el de llevar información sobre nuestras manifestaciones musicales, sobre nuestros cultores; pero, sobre todo, lo que estaba diciendo ese compositor”, explicó Vera

La belleza de su voz se escuchó por los rincones de la Ciudad Universitaria, lugar en el que hacía vida aquella Universidad Central de Venezuela, la combativa, la de una renovación perseguida; la del cantor falconiano —voz de las verdades incómodas—; la del estudiantado que luchaba por las igualdades y la soberanía; la de aquel trabajador que en su poesía musical describía y pintaba toda la belleza venezolana desde lo cotidiano y sencillo, que la hace única: Otilio Galíndez.

Inició así una genialidad que se tradujo en un emblemático cancionero que fue promovido por profesores, estudiantes y personal de la UCV. Aquella muchacha de cabellera abundante, voz potente y audaz se convirtió en la melodía que ha arrullado a generaciones de tripones con chispitas y cocuyos que miran con curiosidad los pueblos tristes de belleza otiliana.

A partir de esa primera producción, Vera se adentró en el universo musical venezolano y bajo la guía de grandes maestros, como Ramón París, logró aprender las técnicas necesarias para lograr interpretar la rica y compleja musicalidad del país —como el seis figureao y el golpe, entre otros ritmos venezolanos— y grabar su segundo disco. Son estos dos trabajos, de acuerdo a lo resaltado por la cantora, los que hacen que la caraqueña retorne a sus orígenes de cantar música tradicional popular venezolana.

Valorar el aporte de esta cantora en el fortalecimiento de nuestro sentido identitario, más que necesario, es irrefutable e inevitable. Su voz se ha escuchado en diversos países del mundo, siempre como una muestra de la grandeza de Venezuela y de Nuestramérica, no sólo desde el aspecto musical, sino en la reafirmación del orgullo de una tierra, su gente y su cultura.

Es su voz un lazo entre las naciones latinoamericanas, históricamente en constante conflicto social producto del indiscriminado y permanente saqueo, no sólo de las riquezas de los países de la Abya Yala, sino de la desdignificación de su gente. Vera ha sabido transmitir la fuerza del indígena, la melancolía del africano y la altivez del europeo, elementos que quedaron en la conciencia y memoria colectiva y que han permanecido por generaciones, aunque muchos no se reconozcan en esa realidad.

Resuena la voz de Vera en la expresión del amor, la justicia, la verdad, la tristeza, la nostalgia, la insurgencia que se hizo letra y música de la mano de grandes como Galíndez, Luis Laguna, Violeta Parra, Pablo Milanés, Luis Mariano Rivera, Conny Méndez, Aquiles Nazoa, Alberto Arvelo Torrealba, Enrique Hidalgo, Simón Díaz y otros tantos.

Amor a la Patria, testimonio de lo que verdaderamente somos los nuestroamericanos, así es Lilia Vera, quien en su cumpleaños 69 recibió el Premio Aquiles Nazoa y certificado como Portadora Patrimonial de la Cultura Venezolana, un reconocimiento más que merecido, pues esta cantora ha sido, es y será una de las mayores exponentes de la venezolanidad y del orgullo de ser de esta tierra de Miranda, Bolívar y Martí. Por mi parte, seguiré soñando con que algún día cante como ella, y así será cada vez que ame más este suelo amoroso que me vio nacer. Más ná…¡Saravá!.

ÉPALE 387