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LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

Federico García Lorca

El 5 de junio se cumplieron 120 años del nacimiento de Federico García Lorca. Poeta, articulista, ensayista, pintor, dramaturgo, revolucionario, apasionado y valiente. Posiblemente el roce, las caricias, el uso y el abuso de su imagen durante los 82 años que han transcurrido desde que fue fusilado, hayan modificado al ser que fue en vida. Sin embargo, queda una obra extraordinaria, vigente hasta en la última coma, que nos habla de un espíritu y una inteligencia puesta para la libertad, para la justicia y, sobre todo, para la vida.

Desde sus primeras obras teatrales podemos sentir y discernir un discurso cuya tensión se teje con los hilos de dos mundos: uno opresor, pacato, reaccionario, intolerante; y el otro libertario, abierto al universo y sus misterios. Mucho de su obra metaforizaba una lucha secreta, un dolor abismal que lo habitaba, producto precisamente del tejido de esos dos ámbitos. Lorca entendía cada hilo, y en alguna oportunidad se declaró católico, comunista, anarquista, libertario y monárquico. Con lo que se declaraba español, porque España era todo eso. La sensación de una moral, que actuaba en cada partícula de aire, se respira es sus obras, no solo en sus tragedias —Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba— sino en su acercamiento al surrealismo. El público es una obra en la que expresa una poética de lo que hizo, pero sobre todo de lo que sentía que tenía que hacer. A pesar del aparente hermetismo de esta pieza, es allí en donde expresa con más contundencia su sentimiento y su conceptualización de lo que debe ser el teatro. Y aunque la opresión se manifiesta con más intensidad, puede entenderse como la que escribió con más libertad. Todas sus otras piezas tienen mucho de esto. Es el asecho cultural, moral, económico, político el que va configurando una percepción de la realidad: lo que te oprime te hace opinar con tanta vehemencia como lo que te libera.

El amor y la muerte son emblemáticos en casi toda su producción, tal vez porque así lo vivió el poeta, fusilado a los 38 años “por prácticas homosexuales y confidente de los comunistas”. Amor y muerte son
según el psicoanálisis dos poderosos motores de la vida: Eros y Thanatos. Lorca luchó contra el asedio, tanto el que vigilaba con el ojo del vecino como el que le habitaba dentro. Con eso, y su enorme sensibilidad, construyó una obra que hoy todavía es vanguardia.

ÉPALE 280

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