Los árabes de Catia

Publicado en Épale N° 143 el 23 de agosto de 2015

Por Reinaldo González / Fotografía Jonathan Mendoza

Que un restaurante cumpla 50 años es motivo de celebración. Implica trabajo, paciencia y, definitivamente, amor, entre otras artes complejas y también bellas. No toda empresa es capaz de sortear las innumerables e inesperadas vicisitudes del país donde está asentada, ni siquiera en lugares que podemos imaginar excesivamente calmos, melancólicos, grises y estables —pienso en la imagen que los medios han creado sobre Dinamarca, Nueva Zelanda o algún pueblo alpino y que no tengo manera de comprobar—, a contrapelo de Venezuela y aun más del sector, a veces mal llamado parroquia, donde se encuentra nuestro comedero de hoy. “Los árabes de Catia” están a una cuadra hacia el este del rehabilitado teatro homónimo, aunque vale decir que Catia está llena de restaurantes árabes y cada quien puede pensar en uno distinto cuando surge la referencia. Para evitar confusiones, los llamaremos por su nombre: El Rey del Pincho. En los años 60, un grupo de sirios se congregaba los fines de semana en la calle El Comercio de la parroquia Sucre para jugar backgammon. Comían y seguían jugando. La gente que pasaba por ahí comenzó a interesarse por los aromas que salían de una pequeña e improvisada parrilla construida con latón. Se acercaban, probaban y aprobaban. Fue cuando estos jugadores empedernidos pensaron: “Podemos vender comida todos los días y jugar todos los días”.

Ya son 50 años jugando backgammon y vendiendo shawarma, antiguo plato árabe posterior al döner turco, que es una especie de sánduche de pan pita relleno de carne a las brasas y vegetales. En el caso del shawarma, la carne se gira de forma horizontal, mientras que en el döner la cocción es vertical. La versión que internacionalizó el turco Kadir Nurman en los años 60, tras emigrar a Alemania e instalar un puesto en Berlín, eliminó estas diferencias y por eso compramos döner bajo el nombre de kebap o shawarma. La carne, según el lugar, puede ser bovina, ovina, porcina o de pollo. Bachir Derikha, hijo y nieto de los fundadores de El Rey del Pincho, es el actual encargado. Nada ocurre sin su aprobación. “Sácame dos de pollo, de emergencia”. “Siéntate en esta mesa pa’ que no te achicharres”. “Dos shawarmas con nestea: 1.000 bolos”. El papá estaba ahí, pero ahora no vende comida, solo juega backgammon. Cincuenta y siete minutos nos tomó sentarnos, pedir un shawarma de kafta (pincho de carne molida condimentada) y otro de lechón (carne de cerdito), esperar la orden, hacer las fotos, comer, pagar y tomar nota de las respuestas de Bachir:

“Venezolano. Nací aquí, en Los Magallanes”.

“Mira lo que está llegando: lechón. No se consigue. Ese viene de Betania”. “Ayudamos a gente que lo necesita. Todos los días regalamos 6 mil bolos en comida”.

“El falafel es nuestra especialidad. Viene en el plato mixto”.

“Abrimos toda la semana, de 12 del mediodía a 10 de la noche”.

“No tenemos punto. Sólo aceptamos efectivo y cesta ticket”.

“¿Qué es la revolución? Que los precios revolucionen. No puede costar una locha, como hace 50 años”. Bueno…

ÉPALE 382