POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE257-BOLEROSLa vida de Orlando Contreras fue, por sí sola, un bolero desgarrador, arrabalero, córtame las venas y, textualmente, “matador”; pero bolero al fin, tango mejor, por las tragedias que trajo consigo. Tengo la idea de que en su libro, Confesiones de Daniel Santos a Héctor Mujica, y digo la idea porque juraría que el “Inquieto Anacobero” revela, al fragor de los tragos con Héctor, que su gran amigo —de hecho en las tabernas de Medellín los llamaban “Los Jefes”— Orlando Contreras encontró a su mujer con un amante, los mató a los dos y que por ese doble crimen habría pagado 30 años de prisión. Como ando fuera y el libro en casa, no pude constatar mi presunción, de manera que googleé hasta más no poder y tanto el libro como el descomunal crimen pasional brillaron por su ausencia. Ni siquiera una entrevista, que juraría también haber leído, en la que Orlando, a su salida de la cárcel, hablaba sobre el asunto. ¿Otra alucinación mía? ¿Me estarán pegando los años de viejo de carne? Jajajá.

Lo que sí pude constatar es que lo de la cana de 30 años no pudo ser posible (o estoy equivocado de cantante, lo condenaron a 30 y pagó menos o el cobero del Daniel nos mintió). Orlando había nacido el 22 de mayo de 1930 en La Habana. A los 14 años cantó con el conjunto Kalamazoo, a los 20 se integra al trío de Arty Valdez. En 1952, y hasta 1956, es bolerista de planta en la orquesta de Neno González y alternaba con el Conjunto Casino y el Conjunto Musicuba. Más aún, Orlando se queda en Cuba durante los primeros años de la Revolución y le canta. En 1961 trabajó en el Alí Bar al lado de Benny Moré, Fernando Álvarez y Orlando Vallejo; y en septiembre de 1965 sí se va a Estados Unidos. Entre 1966 y 1970 actuó en un barco turístico portugués y, finalmente, se radicó en Medellín en los años 70, o sea, ahí no caben 30 años por ningún lado. Lo que sí hay es un bolero que relata la tragedia y tiene varios nombres: “Muerto en vida” o “Estoy condenado”: Me condenaron los jueces a 30 años de prisión porque los maté a los dos.

Pero es su bolero más emblemático, a mi juicio. Aunque cantó de todo, desde guarachas y sones hasta boleros de Ernesto Lecuona, Agustín Lara y Rafael Hernández, que lo catapultaron. Sin embargo, el primero de ellos, que lo posicionó en este continente mestizo, fue “En un beso la vida”, que grabó en Cuba hacia 1956. Lo curioso es que es un tango con letra de Roberto Marcó y música de Carlos Di Sarli, grabado por primera vez con la orquesta de Roberto Rufino en Argentina, el 23 de septiembre de 1940.

La vida y los boleros de Orlando merecen una entrega más. ¡Yo nunca había visto en mi puta vida tanto cacho junto!, jajajá.

ÉPALE 257

Artículos Relacionados