POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

ImprimirNi las damas. Otra variante del dicho afirma que no tienen memoria, y así es: ni en la cabeza ni en el celular ni en la computadora ni en ningún dispositivo. Cualquier persona que se ufane de tener memoria para recordar ante otros detalles de la intimidad ajena, es automáticamente un lengualarga.

Esto lo comento porque recuerdo que una vez una persona (un hombre, ¿o sería una mujer?) hace mucho, mucho tiempo, o quizá poco, no puedo acordarme bien, me contó con muchísimo detalle, incluso con soporte audiovisual, sobre cierta ocasión en que una tercera persona a quien no conocía tuvo sexo frente a una cámara para deleite de mi poco asertivx compañerx de conversa. Y digo poco asertivx porque hay que tener la lengua bien larga y la visión de futuro bien corta para creer que existe motivo que justifique el andar contando las intimidades de los demás ante gente que no estuvo involucrada en el asunto.

He ahí lo bueno del lengualarga: la falta de prudencia y asertividad que le impiden guardarse para sí sus experiencias con otrxs es lo que nos permite identificarle y ponernos a salvo, porque, ¿quién va a querer dejarse lamer por una lengua que luego va a contarle a medio mundo tus sabores? Por eso el lengualarga será siempre un nómada social esclavizado por su necesidad imperiosa de hablar sobre los demás, e incluso querrá hacerte convertir a la doctrina del cotilleo a ti también, escarbando, indagando, exigiéndote detalles y jurando que jamás va a decir nada. Pero alerta: al lengualarga le gusta el chisme, venga de donde venga y caiga quien tenga que caer.

La lengualarguez no diferencia sexo, credo, raza o religión. Lxs lengualarga son lengualarga aunque se vistan de “esto solo te lo cuento a ti porque eres pana”. No discriminan hora, lugar y mientras más innecesaria e íntima sea la información más se relamen y salivan echando el cuento. Para colmo de bajezas, si conoces a la persona de quien se está chismoseando, más sabroso es para el lengualarga echar el cuento con nombre y apellido. Esto se demuestra cuando algunos comienzan diciendo “no te voy a decir quién” y, un rato más tarde, le preguntes o no, revelan los datos completos del infortunado objeto de chisme con nombre apellido, número de cédula y signo zodiacal.

Pero a cada lengualarga le llega su oído corto. Soy sorda del izquierdo, por ahí me entran los chismes.

*Es un dicho británico que originalmente reza “gentleman doesn’t kiss and tell”.

ÉPALE 260

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