Los crímenes de odio

En municipios opositores las fuerzas del orden público fingían demencia

En el año 2013, luego de conocerse los resultados de aquella contienda electoral donde el presidente Nicolás Maduro derrotó al opositor Henrique Capriles Radonski, éste último invitó a “descargar la arrechera” al desconocer los resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE). A partir de entonces se registraron, en diferentes puntos de Caracas y otras ciudades, focos de violencia.
Lo que comenzó como un simple cacerolazo se fue caldeando hasta hacerse mucho más violento. La práctica de las guarimbas se repitió varias veces y sus activadores se aplicaron en destruir estructuras recuperadas en Revolución, quemar autobuses y hasta personas. Fue notorio ver a chamos de 15 años, y menos, encapuchados y con bombas molotov en mano destruyendo todo a su paso.
Obstáculos al libre tránsito impedían ir al trabajo o regresar a la casa, incluso acudir al médico. De noche los métodos eran trampas, alambres, “miguelitos”, retiro de alcantarillado. Además, quema de basura, tala de árboles de ornato y colocación de escombros con el concierto de residentes de urbanizaciones de Valencia, Táchira, Mérida y, en menor medida, Caracas.
No fue un fenómeno espontáneo, sino coordinado por los partidos políticos de oposición a través de las redes sociales, reuniones de condominios y asambleas de vecinos. Los mensajes con planes violentos y su logística tuvieron receptividad de amplios sectores de clase media alta, sobre todo entre jóvenes que reaccionaron contra otros y contra ellos mismos. Hasta aquí el daño de bienes, cosas públicas y privadas. Eso lo vimos y lo vivimos, pero la guarimba tiene otro sustrato: el instinto de muerte.
Meses más tarde, en febrero de 2014, otro opositor convoca a la violencia. Leopoldo López anuncia varias acciones de calle en contra del Gobierno denominadas La Salida. En esta instancia los actos violentos se sucedieron con mayor fuerza. Fue una estrategia pagada por el imperio yanqui con un resultado lamentable.
Jennifer Ceballos, Coordinadora General de Casa de Bello, vivió en carne propia la violencia perpetrada por una oposición que realmente buscaba “una salida”, y lo único que consiguió fue muerte y destrucción. Ceballos resultó herida al recibir un botellazo en el pie por parte de unos jovencitos pagados por la oposición, que no midieron quiénes transitaban por el lugar.
“Lo primero que hice fue proteger a mi chamo. En medio de esa locura desatada me encomendé a Dios pero salí herida, duré una semana de reposo”. A nivel comunicacional queda claro el papel de los medios en torno a lo que sucedía. Cuando quemaron vivo a Orlando Figuera, el 20 de mayo de 2017, se pudo apreciar la negligencia de los medios privados al informar, tanto nacionales como internacionales. Catalogaron a Figuera de “infiltrado” para justificar este crimen de odio dictado por el racismo.
Los patriotas permanecimos unidos ante los ataques que pretendían desatar una guerra entre venezolanos. Se toparon con un pueblo de paz dispuesto a construir en Revolución.

Por José Antonio Valero• @valerobathory / Fotografías Archivo
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