Reportaje para la Revista Épale CCS

NO SON UNA LOGIA HERMÉTICA DE ASCETAS INALCANZABLES NI UNA BANDA DE ANTIPÁTICOS BURÓCRATAS. POR EL CONTRARIO, TRAPICHEAN LA COTIDIANIDAD DE LA URBE ENTRE EL TRÁFICO Y EL VERBO NECESARIO PARA TRANSFORMAR Y LIBERAR. VAN, COMO GARCÍA LORCA, CON MEDIO PAN Y UN LIBRO

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Caracas es un fluir de lenguas desbordadas por entre milicianos espontáneos, organizados, individuales o colectivos, que fluyen con las mareas de la ciudad, desde la incertidumbre de la cola del pan a la certeza del guayoyo de las esquinas, leyendo un libro, y compartiéndolo.

No creen en los estigmas que intentan remarcar las diferencias: la ciudad somos todos, por ello se acercan temerosos, pero decididos, a un piquete de la Guardia Nacional Bolivariana para leerle “Lluvia”, de Juan Gelman, a lo que los uniformados responden con la distensión de la marcialidad y el aplauso rabioso en una tarde lluviosa guarecidos bajo alguna de las Torres de El Silencio. “Hoy llueve mucho, mucho, y pareciera que están lavando el mundo”, le cantaron los muchachos de Criticarte a los funcionarios de la ley y el orden con un pie en el abismo.

“La gente anda carente de lo inmaterial, aunque uno crea que no”, se asombra José Félix Meléndez, con la voz de uno de esos románticos rapsodas que cantan las buenas nuevas por las calles junto a su gente, el Proyecto Colectivo al Final del Bulevar (PCFB).

La urbe cambiante, sodomizada por el capital que seduce a sus moradores con radiantes marcas comerciales, promesas corporativas y ofertas electorales, manchando las paredes derruidas de la ciudad con la violencia del discurso vacío y sus efectos inorgánicos.

“Se trata de hacer un tejido orgánico, entre todos, para rescatar la palabra como un bien común”, refrenda Consuelo Laya, otra activista radicada en el éter, que igual lee poemas, canta, baila y sueña con una ciudad que derrote la cultura del espectáculo con un grito de guerra singular: “No a la tarima”.

Defender la palabra, en la sociedad consumista, es un acto de rebeldía

Defender la palabra, en la sociedad consumista, es un acto de rebeldía

Lo que quieren los defensores del libro, los ejércitos de la lengua regalada, los moradores del verbo sin sueldo ni oficina es que la palabra sea ese insumo gratuito, abundante, inagotable y demoledor capaz de unir en la identidad en la memoria y en la civilidad amorosa a su gente. Ivonne Bordelois resuelve bellamente un enigma: “Contrariamente a los bienes de consumo, el lenguaje jamás se agota, recreándose continuamente; por lo tanto, compite con ventaja con cualquier producto manufacturado”.

La estirpe de los custodios del diálogo universal asentado a los pies del Waraira, los descendientes de Paramaconi, las tribus dispersas entre las estrías del Guaire quieren que la palabra reine espontánea, libre, dislocada y absoluta entre las calles, comunicando, comunicable, comunicante.

“Verga, esa vaina es larga”, es lo que se atreve a exclamar, entre risas, un mototaxista abordado al azar para susurrarle un poema al oído con una bobina de papel. Todos disfrutan del trueque fortuito del verbo antiguo y del nuevo, del represado en los libros y el que surge espontáneamente del roce en la calle.

Es la defensa más encarnizada e ingrata de la ciudad: la que trata de conservarla en su pluralidad y en su ausencia. Pagan muchas veces —estos ejércitos— con el desalojo de los espacios privados y privativos, de los despachos oficiales o de los reductos liberados que dejan correr las aguas del encuentro entre quienes se saben —o no— portadores del fuego inicial. La razón parece escucharse entre murmullos: es que son incómodos, es que no aceptan líneas, es que son libertinos, viciosos, locos, poetas.

PROMOVER EL LIBRO Y LA LECTURA

Marialcira Matute está en una cruzada personal desde hace más de 15 años junto a su esposo Isidoro, a través de un formato multimedios: “La librería mediática”, que se ha posicionado en el imaginario como un espacio televisivo y radial que ha sabido dialogar con el poder político y con los cultores del libro, tratando de crear una sinergia que no siempre es mágica. “Más que una cruzada, es una gozadera… lo hago desde la óptica de un lector. Y por eso tuteo a cada invitado, porque todos somos lectores por igual. Aun cuando no lo sepan, todos los seres humanos son lectores potenciales. Porque cuando aprenden a leer y escribir, privilegio solo posible para los seres humanos, ya tienen a punto las herramientas básicas para acercarse a eso tan loco y tan extraño que es saber descifrar la palabra escrita por uno, o por otros”.

Yurimia Boscán, poeta, milita en los medios y en los colectivos a través de la proyección de los autores venezolanos menos conocidos, no por menos importantes sino, quizás, por menos apadrinados. “Para mí, promocionar los libros y la lectura es enseñar a pescar, en el sentido del viejo refrán. Es uno de los pilares de la nueva sociedad, donde todos deberíamos ser lectores”.

Ingrid Chicote es una invitada especial: poeta y cronista desde Villa de Cura, nos asegura que “promocionar un libro es recomendar. También es comprender el momento histórico y la cultura de quien lo escribe y, sobre todo, de las implicaciones personales, sociales, políticas, económicas que suceden en el contexto en el cual el mismo ha sido escrito por un autor determinado, en una geografía determinada. De allí que la lectura decodifique no solo lo que nos ha convidado a seguirla. La lectura va mucho más allá: nos invita a profundizar sobre otros aspectos. Leer es aprender. Con ella podemos viajar, imaginar, introducirnos en el mundo del creador y hasta nos remite a crear nuestro propio mundo”.

Karina Ugas es funcionaria del Gabinete Cultural de Caracas, pero ese no es su acento. Su acento es su pasión desbocada por los libros y la lectura, y si a uno le pagan por hacer lo que le apasiona, no se puede pedir más: “La promoción de lectura transversaliza mi vida. A través de la promoción de lectura formo, concientizo, invito a todos a leer y entender todo lo que nos rodea”.

En el Metro, leer para los demás ya no asombra

En el Metro, leer para los demás ya no asombra

¿SE LEE EN CARACAS?

Caracas: “Loca, arbitraria, llena de ruidos, injusta a veces, agresiva, injuriosa, desabrida y horrenda. Pero es nuestra ciudad. Sea cual fuere la dimensión de la catástrofe, no podemos abandonarla”, escribió Adriano González León en el siglo pasado.

Cabrujas, como Aquiles Nazoa, se quejaba de la paulatina y devastadora desaparición de la ciudad bajo la política de la demolición. Las vidrieras de baratijas sustituyeron las fachadas memoriosas, así como estas reemplazaron los caminos de las dantas y el follaje del pájaro Taramayna. La transformación de la ciudad física transita junto al intento, hasta ahora vencedor, de “aniquilar la conciencia lingüística en un tiempo diseñado para la esclavitud laboral, informática y consumista”. Los defensores de la palabra proponen buscar saldos cualitativos, no cuantitativos, tras el encuentro. Así, las esquinas se tornaron de nuevo en epicentro del placer, y Gradillas ha devenido con el tiempo en vórtice de la movida caraqueña para el encuentro consciente con el libro, la lectura y, por qué no, el cocuy.

Rey D’ Linares es editor, poeta, trashumante y no tiene dudas en advertir que no se lee en Caracas. “Se lee muy poco. He hecho varios sondeos en colegios, y hasta en el Metro, y los adolescentes no leen, son muy pocos, y estos viene de familias lectoras. En el Metro de Caracas he realizado un levantamiento de lo que se lee y quien lee y es asombroso el resultado”.

LOS PROMOTORES DEL LIBRO Y LA LECTURA, SIN EMBARGO, NO ESPERAN QUE LA GENTE LEA: SIMPLEMENTE VAN A SU ENCUENTRO Y LE LEEN CON LAS HERRAMIENTAS MÁS ELEMENTALES Y URBANAS, COSECHADAS  EN EL AJETREO CITADINO

Marialcira marca distancia: “En Caracas y en toda Venezuela es muy claro que se lee mucho más que hace 20 años. Ya no nos es ajeno el objeto libro. Ya no nos es ajeno a la mayoría entrar en una librería o una feria del libro porque se nos volvió un evento cotidiano. Hay quienes dicen que para qué se distribuyeron millones de libros impresos y digitales en estas últimas dos décadas y aun ahora, en tiempo de la guerra económica, donde ha mermado la impresión de libros e impedido el ingreso de libros al país. Pero aun hoy, en menores cantidades que antes de la guerra económica, se siguen imprimiendo en papel y divulgando digitalmente libros y más libros. Y es que para crear lectores el libro debe ser parte de la geografía de nuestra cotidianidad”.

Yurimia media: “Se lee… no sé si mucho o poco. Pero en Venezuela, se lee. Tampoco podría decir si lo que se lee es literatura, pero de que se lee se lee…”.

Ingrid va más allá: “Creo que en nuestro país se lee. Vamos en transporte público y vemos a personas con sus periódicos, o libros… van leyendo en sus celulares, miran el paisaje, los rostros, los mensajes en las paredes. Cada quien está ligado al hecho lector: las recetas de cocina, las instrucciones para los electrodomésticos y otros enseres; vemos a los estudiantes de las universidades interesados en los temas de su preferencia… En Venezuela se lee. El asunto es ¿qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Para qué lo hacemos?”.

PARA QUE SEA DE TODOS

Los promotores del libro y la lectura, sin embargo, no esperan que la gente lea: simplemente van a su encuentro y le leen con las herramientas más elementales y urbanas, cosechadas en el ajetreo citadino, en la superficie y en el subterráneo. Abajo van Pedro, Ana Gloria, Jeaneth, Florbella repartiendo versos en un extremo del vagón, mientras en el otro los despachadores ambulantes ofrecen tostones y bolibombas y la indigencia reclama su ayuda. Arriba andan Prostíbulo Poético, Oficio Puro, Amanecí de Bala, Criticarte, 12 Metros de Cultura y tantos más acelerando el paso en los días de la guarimba, cuando ganaron antes que nadie la guerra al odio mediante la promoción de la palabra salvadora y agregando la música, la imagen, la piel. “Lo de nosotros no es el producto (el libro, el disco) sino el vínculo, la conexión, formar para transformar”, expresa Luis Francisco Morales, de PCFB.

Los susurros, los susurros, los susurros

Los susurros, los susurros, los susurros

“En Venezuela la lectura ha dejado de ser elitesca, como lo fue en otras épocas. Porque para la mayoría de los venezolanos los libros están al alcance en bibliotecas, en librerías subsidiadas por el Estado, en librerías privadas, en casa”, dice Marialcira.

“Promovemos lectura justamente en los espacios convencionales y no convencionales. Leemos e invitamos a leer, a compartir esa lectura que nos hace reflexionar, que nos ayuda a entender que estamos en medio de una guerra implacable, y si no alimentamos el espíritu leyendo y compartiendo literatura no sobreviviremos. Susurramos poemas, cuentos cortos, pensamientos, frases, siempre orientados a la liberación del pensamiento. A veces nos ven raro, otras nos agradecen el regalo, otras nos invitan a otros sitios, otros ríen y quieren más, y así vamos”, matiza Karina.

“Pero no hay seguimiento, sistematización de las experiencias editoriales; sigue habiendo amiguismo y falta de coordinación entre entes que tienen objetivos comunes. El Perro y la Rana debería asumir la edición o coedición de los premios nacionales, regionales y municipales de literatura, en todos sus géneros”, suelta Yurimia.

“A veces me pregunto ¿por qué no han pensado en políticas más serias que beneficien al sector? ¿Por qué no escuchan al resto del país? ¡Ah! Es que no estamos en Caracas”, se resiente, y con razón, Ingrid desde Villa de Cura.

ÉPALE 254

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