ÉPALE259-PICHONES

POR NATHALI GÓMEZ • @LAESPERGESIA / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

ÉPALE259-PICHONES 1Si me preguntaran por el pichón más complicado, podría hablar de este. Era un lunes especialmente caótico. El fotógrafo y yo estábamos ahí, ante el mostrador de batidos La Gocha, en el Gran Mercado Unido, de Traposos a Chorro. Solo nos separaban manos y manos que surgían cada tanto para pedir algún bebedizo combinado: “Quiero mango con fresa”, “para mí durazno con piña”, “¿tienes de parchita?”. La fila de personas iba creciendo a pesar de que ese mediodía no había punto de venta. El rugido enloquecido de las licuadoras robaban el protagonismo a mis preguntas. En medio de esa maraña de frutas y clientes ansiosos, ahí estaba La Gocha, como le llaman los asiduos a sus batidos. Entre un pedido urgente y otro, pude saber su nombre: Argelis Díaz, nacida en Canaguá, uno de los pueblos del sur de Mérida. Tanto la llamaron gocha que así terminó bautizando a su minúsculo local en medio de este mercado donde venden ropa, perfumes, productos naturistas, juguetes para piñatas, almuerzos y donde hasta reparan celulares.

Argelis, con un delantal que no logra tapar sus turgencias, pareciera la fruta más pulposa del conjunto. A pesar de estar dedicada a atender las solicitudes, el licuado de las pulpas y su envasado, tiene tiempo para sonreír y pedir que vaya a entrevistarla un día con menos movimiento. Sin embargo, en la redacción nos esperan y, por esta vez, no hay mañana. En este lugarcito, al final del pasillo 2 del mercado, tiene cuatro años y cuatro ayudantes. Nunca se le ve descansar. Su movimiento supera al de las aspas de las licuadoras que, a simple vista, son tres y, como ella, nunca paran. En una nevera lateral se ven picadas las frutas que ofrece: lechosa, melón, piña, mango, fresa, mora y durazno. Una de sus ayudantes agrega que también venden jugos de lulo, una fruta que pareciera estar a medio camino entre una parchita y una naranja que, digresión mediante, era el jugo con el nombre más exótico y propicio para hacer chistes que recuerdo de mi infancia en Medellín, la ciudad de mi madre. Sin embargo, su rostro se vuelve más pícaro al decir que venden también licuados de borojó, un “afrodisiaco de la costa pacífica colombiana”.

Cuando le preguntamos sobre el origen de las frutas, Argelis nos dice que las compra en Coche y Quinta Crespo. Al día gasta unos 40 kilos de fresa, que es uno de los jugos más populares, al igual que el de mora.

Por solo unos segundos me dejo envolver por el colorido que salta de las licuadoras a los vasos y pienso en lo bien que le hace sentir que hayamos podido descubrir ese secreto que ÉPALE259-PICHONES 2guardan las frutas tropicales bajo su concha. Este pensamiento dura poco, debemos salir corriendo y enfrentarnos a la hostilidad de la avenida Universidad. Los sueños deberían saber a fruta.

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