“Los mareados” (Y II)

Por Humberto Márquez / Ilustración Archivo

En medio de tanto nombre y mutación sufrida por este tango, “Los mareados”, vale decir que inicialmente se llamó Clarita y que nació sin letra, la que finalmente le sobró. La versión de Raúl Doblas y Alberto Weisbach, que incluyeron en su obra de teatro Los dopados y que fue, a su vez, su primer nombre; y como ya lo decía, de sus grabaciones primas quedaron en RCA Víctor la propia de la obra en la voz de Roberto Díaz, acompañado en el piano por el propio Cobián; y la instrumental de Osvaldo Fresedo para el mismo sello, sobre la que Cadícamo escribió la versión que prevaleció.

Y ahí es donde los cronistas meten a “Aníbal Troilo que, al parecer, conocía la grabación de Fresedo, pero ignoraba que ya había una letra. Le pidió otra a Enrique Cadícamo y, con la misma y el nuevo nombre de Los mareados’, lo grabó para el sello Víctor con la voz de Francisco Fiorentino el 15 de junio de 1942”.

Pero la cambiadera de nombre no cesaba y resulta que “la censura provocó otro cambio de letra y de nombre, que pasa a ser ‘En mi pasado’, pero luego de unos años vuelve a llamarse Los mareados”.

En “Los mareados” Enrique Cadícamo propone el momento en que una pareja hace una suerte de balance final y el hombre sentencia la separación: Hoy vas a entrar en mi pasado. Reseña Ricardo García Blaya en TodoTango: Y, más adelante, comprendiendo también el dolor de la mujer: Cada cual tiene sus penas y nosotros las tenemos… Esta noche beberemos porque ya no volveremos a vernos más. Es una pena que expresa una pérdida para ambos, una confesión conjunta, presentada como un sino fatal.

El terrible destino de todo amor que empieza, porque por más linduras, pasiones y enamoramiento bello y loco, indefectiblemente se habrá de terminar. Por lo más, la poética Paul Geraldy salva el final del amor: Hoy vas a entrar en mi pasado. O, más que salvarlo, ayuda a traspasar la última senda del dolor.

ÉPALE 361