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POR DULCE MEDINA • @CCSDESDELARAIZ

En el proceso de expansión de Caracas hacia su área metropolitana, el elemento económico fue fundamental en la estructuración de la ciudad tal como la conocemos hoy. Desde 1930 los planos urbanos dan muestra del inmenso crecimiento que se dio entre los años 20 y 50 del siglo pasado, y nos ubican al mismo tiempo en la situación económica más importante de la época: el boom petrolero.

En este momento trascendental se da una importante migración de los sectores más humildes de la población rural a la ciudad. En Caracas, a pesar de que no se visualice en sus planos, se comienzan a construir los barrios a manos del propio pueblo. La burguesía prefiere ubicarse “en las afueras”, en nuevas urbanizaciones que, con los adelantos de movilidad y transporte de la época, ya no veían lejos el centro.

Con este escenario, el territorio donde nació Caracas pasaría a ser convertido por la burguesía en el espacio de explotación para su máximo enriquecimiento; territorio, además, repartido en lotes de propiedad privada, muchos incluso heredados de la colonia, como si nuestro padre Bolívar no hubiera pasado por estas tierras. Con ello se hacen merecedores del título que el pueblo pobre les diera: “los amos del valle”.

El modelo económico implementado en estos años posicionó a un sector burgués parasitario, que se enriqueció con la renta petrolera mediante la corrupción y el desfalco económico del país. Es parasitario porque busca un alto enriquecimiento en corto plazo mediante actividades no productivas y la acumulación criminal de capital, en perjuicio de la mayoría de la población. No tuvo Venezuela un sector privado interesado en invertir para potenciar la economía nacional, ni un gobierno que implementara políticas en este mismo sentido. El poco desarrollo industrial que se había alcanzado fue totalmente desmantelado en la década de los 90. Nunca más se invirtió en tecnología, maquinarias, equipamiento ni infraestructura productiva. Y en este mismo sentido, nada se invertía en la construcción de la ciudad. Esta fue la única política de los gobiernos de turno: ponerse en manos de ese sector económico que se enriqueció con el empobrecimiento del pueblo, modelo que, además, fue impuesto desde la colonia. De este marco económico resultó una Caracas con terrenos, espacios históricos y zonas industriales de gran potencial abandonadas o subutilizadas. Esos son los “no lugares” de nuestra ciudad.

Recorrer Caracas y encontrarnos con estos espacios puede dar un panorama poco optimista. Pero en este período de intensa crisis generada por la guerra económica, estos “no lugares” deben ser un potencial para el desarrollo urbano y transformador de Caracas. La implementación de nuevas tecnologías puede permitir el aprovechamiento de estas viejas zonas industriales para novedosos centros de producción e investigación. Los centros históricos deben ser rehabilitados con miras a potenciar la actividad turística, gastronómica y recreativa. Actualmente el plan de la Caracas Socialista ha puesto sobre la mesa nuevas políticas en esta materia, ejecutando proyectos de regeneración urbana; y la Misión Vivienda ha recuperado grandes terrenos como las Áreas Vitales para Vivir (Avivir). Estas son algunas muestras de las grandes potencialidades creadoras y transformadoras para nuestra ciudad. Caracas debe renacer y puede hacerlo desde los “no lugares” de su raíz.

ÉPALE 179

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