Los Ojos de Chávez

En plena cuarentena, un colectivo en desarrollo tomó espacios urbanos para la siembra, apenas tienen un mes en esta actividad y a paso de vencedoras y vencedores se preparan para el escenario pospandemia que se avecina, su cuarentena activa se centró en la siembra

Por Ketsy Medina Sifontes / Fotografías Gina González

A Luisa la conocí en la esquina El Hoyo —una esquina caliente cercana a la plaza La Concordia, creo que fue durante el año de los superapagones (2019)— cuando los sábados de búsqueda de lo más barato me la encontraba en su puesto de venta ofreciendo cilantro, cebollín, ajíes, entre otros.

Luisa me cambió por arroz un combito de esos que salvaron las lentejas de mi CLAP. Me contó que sembraba, le pregunté si de casualidad tenía ajo chino, razón suficiente para que pasáramos el resto del año saludándonos y recordándonos el encargo.

Llegó 2020 y las dinámicas cambiaron, las esquinas recibieron otras gentes, apareció el covid-19 y nos pusieron en cuarentena. Hasta me había olvidado de aquel montecito flacuchento y largo que solito le da tanto sabor a las comidas. Entonces, en plena pauta para este escrito nos volvimos a encontrar en Los Ojos de Chávez.

Luisa Núñez vive en uno de los nuevos urbanismos construidos por la Gran Misión Vivienda Venezuela de la avenida Lecuna, uno de los más hermosos a mi parecer. Abajo tiene la Misión Nevado y una panadería llamada El Quijote; la estación del Metro Nuevo Circo le queda a pata e mingo, los bomberos en diagonal, el Nuevo Nuevo Circo en frente y el Museo Nacional de Arquitectura a un costado, toda la utopía bolivariana de justicia social hecha realidad.

Panadería CLAP El Quijote

El 20 de junio de 2018 se inauguró un espacio socioproductivo para enfrentar la crisis del pan y garantizar el rubro a precios solidarios para más de cien familias que habitan en este edificio. Este proyecto incluía un espacio para la siembra ubicado en la parte posterior de la edificación y que colinda, como suelen decir los documentos de propiedad, con una parcela de unos cuantos metros cuadrados que aún ocupa Odebrecht (espacios bastante abandonados).

Luis Santana: Un Mimo en siembra

La inversión con la que se construyó la panadería y el espacio de siembra fue posible “gracias a los recursos económicos que otorgó el presidente Nicolás Maduro Moros al Frente Francisco de Miranda (FFM) por los 15 años de su fundación”, reseñó la Alcaldía de Caracas en nota de prensa, que más adelante destaca que “estos proyectos fueron liderados por jóvenes del urbanismo y del FFM”.

El espacio que en su inauguración se llamó Ecopatria y proyecto Agrourbano Siembra Venezuela del Urbanismo Los Ojos de Chávez se fue llenando de monte y basura, nadie más le metió mano hasta que Luisa Núñez se acercó a las mujeres de El Quijote para ponerse a la orden.

Nos contó Núñez que “las chicas de la panadería no se daban abasto, yo vi ese terreno montado y me dio dolor, la comunidad no sabe lo que tiene, entonces, me acerqué y les dije que yo las podía ayudar con la siembra usando mis horas restantes de trabajo, pues me quedaba medio día libre de mi trabajo para el Estado, era la época de los apagones y sólo hacíamos media jornada”.

Al preguntarle donde trabajaba respondió orgullosa: “Allá en el Núcleo de Desarrollo Endógeno Fabricio Ojeda, en donde me dedico a la costura; yo soy una de las mujeres que le hacía las camisas a Chávez, y en el mismo núcleo aprendí a sembrar.”

Luisa señaló que “la gente lanza cabezas de pescado, pañales desechables, basura y eso no debe ser, todos deberíamos de participar, si lo hiciéramos tendíamos un espacio impecable del que sacaríamos muchos alimentos. Yo sola, sin ayuda y sin agua para regar, logre sacar unos combos para la comunidad en diciembre del 2019 que tenían ají rosita para las personas enfermas, ajo chino, cebollín, además de una bolsa de hierbas aromáticas como toronjil y malojillo para que se hicieran sus infusiones, y todo por 20 bolívares, y bueno, una sola mano no hace montañas, esto es mucho trabajo para una sola persona”

Buscando guayaba ando yo

Victoria Echeverría fue una de las personas que asistió en 2018 a la inauguración del Ecopatria Los Ojos de Chávez como integrante del equipo de trabajo de la entonces ministra de Agricultura Urbana Erika Farías. En ese momento sólo tenía 24 años, ya era agroecóloga y celebraba, como el resto de los y las asistentes, un espacio más para la soberanía alimentaria. En ese entonces ni siquiera imaginaba que volvería, dos años más tarde, al mismo espacio.

“Buscando terreno para sembrar y ver florecer la libertad”.

(Victoria Echeverría)

Al igual que Luisa Núñez, las dinámicas y responsabilidades de Echeverría cambiaron tanto que su cargo como directora general de la Superintendencia de Cooperativas (Sunacoop) la mantuvo lejos de los canteros, las plántulas y los bioinsumos. Pero su vena campesina latía más fuerte y el 25 de abril de 2020 publicó un post en Facebook en el que decía: “¿Y si los que queremos sembrar buscamos un lugarcito juntos para pasar la cuarentena produciendo?”, Luis Santana, conocido como El Mimo, respondió: “¿Qué espacio, estoy disponible de una?”, y así empezó el viaje.

Siguieron las conversas en privado y publicaciones por las redes sociales, likes venían y caritas de asombro iban hasta que el 26 de mayo de 2020 con otro post de Victoria que decía: “Situación sentimental: buscando terreno para sembrar y ver florecer la libertad”, recibió un “por favor” de Guillo (Diego Ordaz) de respuesta, ella le dio un corazón y siguieron sumándose voluntades, recorrieron varios espacios, incluso, uno en la Colonia Tovar, hasta que de tanto tumbo encontraron su guayaba.

Plántulas, mesas organopónicas, trabajo constante para salir adelante

Entrando a los Ojos de Chávez

El conocimiento es poder y el poder en Venezuela debe ser transferido al Poder Popular organizado, ese principio chavista está fresquito en la conciencia y el espíritu de muchos hombres y mujeres de distintas edades que habitan todo el territorio nacional.

Fue así como Victoria —quien contaba con información directa del Movimiento Agrourbano en el que se listaban los proyectos a desarrollar para la agricultura urbana en la ciudad— vio en este espacio el lugar ideal para emprender vuelo.

“Necesitábamos un espacio que nos permitiera sembrar, producir, que nos permitiera crear y que nos permitiera vivir, porque como jóvenes estamos buscando también solución para nuestras viviendas”,  hablaba Echeverría del propósito de tomar Los Ojos de Chávez, proyecto que, asegura, pertenece a la panadería del nuevo urbanismo, por lo que se articularon con las compañeras que la llevan adelante.

Lo nuestro lo cuidamos

Desde que Chávez empezó a incentivar al pueblo de las ciudades a la siembra y cría de animales, proyectos han venido y han ido. Inauguraciones, reinauguraciones, inauguraciones en lugares que ya habían sido inaugurados, pero que fueron tres veces vueltos a inaugurar, fotos espectaculares, matas alquiladas, toldos blancos y toda una parafernalia de cosas y gente que acompaña estos actos protocolares; asignación de créditos, préstamos, dotación de insumos, herramientas de trabajo, construcción de espacios, más fotos, más propaganda. Y la pregunta que surge como las olas del mar que retornan a la orilla, ¿quiénes son los culpables?

El Gobierno paternalista, la gente que no cuida, los contratos y las comisiones, la gente que es inconsciente, el amiguismo y los favores a cambio de mayores privilegios, la gente que no valora lo que tiene. Lo cierto es que en esta oportunidad Los Ojos de Chávez está siendo recuperado, no precisamente por una institución del Estado o por los vecinos y vecinas del nuevo urbanismo, sino por quienes querían tierra para sembrar.

Una sola mano no hace montaña, pero varias sí. Trabajo colectivo por la recuperación de un espacio

Oshum encontró tierra para sembrar

Lorelin Martínez hija de Oshum, nacida en el 23 de Enero, comunicadora popular y trabajadora de Infocentro, se sumó junto a su esposo Guillo al rescate de este espacio. Cuando formó parte del equipo de Misión Árbol su amor por la siembra fue ganando espacio y se arraigó firme en las proyecciones para su vida futura, tanto que andaba buscando tierrita para dar alimento al cuerpo y al espíritu.

Lograr un espacio para la siembra significa para la religión yoruba trabajar por sus creencias, puesto que el plan de siembra contempla en su planificación una lista de plantas aromáticas y medicinales necesarias para los rituales practicados en la santería.

Dice Lorelin: “Nosotros utilizamos plantas como la yerba caracas, que es indispensable en muchas sesiones; utilizamos tierra y otra cantidad de plantas, en este sentido, aportamos muchísimo en conocimiento a la sociedad, pero esto nadie lo dice o reconoce, los yerbateros tienen un gran valor, por eso nos gustaría desde este espacio, sistematizar estos conocimientos y recibir a los abuelos, las abuelas, los maestros pueblo, porque como jóvenes necesitamos de sus saberes”.

Chávez, siempre Chávez

Lorelin y Victoria cuentan que el espacio es un lugar bonito, pero que se encontraba abandonado y poco a poco, en sólo un mes de mucho trabajo, han logrado recuperarlo. La mayor cantidad de horas invertidas las han dedicado a la limpieza y recuperación de canteros; sin embargo, han tenido tiempo para crear sus cuentas en las redes sociales, pues se proyectan como un colectivo que pondrá todas sus capacidades creativas en acción, así que lo comunicacional, el diseño y el circo están presentes en la propuesta.

Unas cuantas vecinas del nuevo urbanismo, entre las que resaltan la señora Isabel y la señora Luisa, están contentas, les bajan café, comida y les insisten en que se queden en el espacio, quizás comparten el sentimiento de Lorelin de querer ver a Venezuela en otra. Resalta la hija de Oshum que “la juventud ha tenido muchas oportunidades y muchos no las hemos aprovechado, y cuando ves llegar los 30 empiezas a preguntarte: ‘¿Oye, si le hubiera hecho caso a la abuela, si le hubiera hecho caso a Chávez y me hubiese puesto a sembrar?’, entonces, esto que estamos haciendo es Chávez, siempre Chávez, y todo lo que aprendí con él, siento que hoy en día se lo puedo retribuir poniéndole cara a sus ojos, entonces vamos a ponerle Los Ojos de Chávez bonitos y que cuando pasé por aquí en la noche diga: ‘Conchale, por fin alguien me hizo caso’”.

Se vinieron de El Guarataro a reverdecer al Nuevo Circo

Sumando a la base y cosechando dignidad

Victoria Echeverría, Lorelin Martínez, Luis Santana y Diego Ordaz (Guillo) iniciaron el proyecto de recuperación del espacio; luego se sumaron Eduardo Bandres (Tito), maestro de construcción que con 53 años desea dedicarle energías a la siembra (pertenece a la Comuna Antonio José de Sucre del Guarataro) como una oportunidad para redireccionar su vida tras el reciente fallecimiento de su esposa y compañera por más de 30 años; y Willian Simanca, que con sus conocimientos adquiridos en la Guajira junto a la comunidad wayúu del Zulia está ganado a poner brazos, piernas, pulmones, fuerza y los conocimientos adquiridos.

“La tierra es de quien la trabaja, entonces, tierra, mujeres y hombres libres”.
 (Luis Santana)

Luis Santana dice que el propósito del trabajo que están haciendo es cosechar dignidad y esperan que a mediano y largo plazo no les arrebaten el espacio, porque confía que cuentan con un Gobierno que es bolivariano y zamorano en cuyo principio se ha resaltado que la tierra es de quien la trabaja, entonces, tierra, mujeres y hombres libres, “porque aquí en Los Ojos de Chávez estamos mujeres y hombres libres trabajando, haciendo la labor que un alto porcentaje de la población urbana no quiere hacer”.

ÉPALE 379