Los ríos profundos

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

Acompañando su trayecto hasta el Río Tuy, nos tocó al camarógrafo Wonderf y a mí sobrevolarlo en helicóptero. Las caídas de agua de hasta cincuenta metros y la belleza de muchas partes de su lecho nos hizo descubrir a un Río Guaire admirable y lleno de vida.  El trabajo significó sobrevolar Petare, una superficie homogénea que, aún desde arriba, no puede abarcarse con un solo golpe de ojos.

Ese anecdotario sobre gente que vivió toda su vida sin salir de Petare, ahora luce totalmente verosímil. Si se quiere dar la sensación de tamaño, es inútil describir su inmensidad. Solamente mirándolo es que se puede sentir el impacto de sus dimensiones. Todos esos cuentos de la infinitud de las favelas brasileras, dejan de ser tan abismales y se adquiere la convicción de que Petare alcanza la superficie de cualquiera de ellas y cuidado si las sobrepasa.

En otra oportunidad tenía que grabar un amanecer en donde en primer plano hubiese una zona popular. Petare por su ubicación con relación a la salida del sol, más que adecuado, resultaba una obligación. Por supuesto que teníamos que estar a la caza de los primeros destellos, lo que nos imponía estar en el punto para el tiro de cámara a eso de las cuatro y media de la mañana. Como a esa hora comenzaron a bajar por una calle muy ancha grupos de personas. El gesto sosegado de la gente hacía más que evidente que era una caminata rutinaria. Ni diez minutos después la cantidad de gente se duplicó, y en otro pequeño lapso de tiempo, ya con el sol obsequiándonos un portentoso contraluz, vimos descender muchísima más gente que de manera continua y rítmica ocupaba el largo y ancho de la calle, desembocando en el pie de monte para inundar el valle de una Caracas que comienza allí,  que se riega hasta Los Magallanes de Catia y más allá, hasta Caricuao y más allá… un mar de pueblo que trabaja, que se confunde, o mejor, se funde con los demás para hacer una sola agua profunda, que no sabe de fronteras, ni de estados indivisibles, ni de puntos y rayas, sólo de vida, esa vida por la que se lucha colectiva e individualmente todos los días, días que comienzan con entera oscuridad y convergen en plena luz.

La imagen del enorme Petare que se mira desde el cielo, que desemboca por sus calles con ímpetu diario e incontenible, parece la perfecta fuerza que es capaz de arrasar la pesadumbre, completando esos versos de Argimiro en donde la vida y la alegría derrotarán a la muerte y la tristeza.

ÉPALE PETARE (403)