ÉPALE317-RECETARIO

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Esta era una vez un hombre que fue a comprar queso y jamón para rellenar los sánduches en la cena y casi regresa a su casa sin un riñón.

Era nuestro personaje un caballero muy competente y responsable como proveedor de la familia. Días antes, al ver las reservas de queso llegar a sus límites más bajos, hizo los preparativos para recuperar exitosamente las provisiones, e incluso agasajar a su familia con una lonjita’e jamón para cada uno: empeñó una cadenita que era herencia de la abuela, repartió caramelos a cambio de “una ayudita” en 14 camionetas de la ruta a San Ruperto, vendió 837 papelitos de una rifa en la que el ganador se llevaría el fantabuloso premio de una cesta de higiene personal: jabón, champú, pasta’e dientes “Alegrita” y papel tualé (un ejemplar de cada cosa); y, por no dejar, se jugó el número de tickets de la rifa al Chance B.

Pese a los esfuerzos, y a que los caprichos del azar le permitieron ganar el número que jugó a la lotería, cuando llegó a la panadería descubrió que para pagar el humilde medio kilito’e queso blanco y las cuatro lonjas de jamón que quería llevarle de sorpresa a su familia le faltaban todavía 50 soberanos. Y como el condenado panadero fue tan grosero al decirle “hoy no fío, mañana sí”, el hombre agarró su dignidad y su pesadísima busaca de billetes y se fue a buscar opciones para rellenar sus sánduches con otras cosas.

NIÑO PELABOLA COME LO QUE LE PONGAN

La mujer de aquel cristiano, una caraqueña resteada, creativa y entusiasta, cuando vio a su marido llegar a casa con una bolsa’e tomates, un cuartico de kilo de queso blanco comprado en otro lado y un aguacate criollo, pequeñito pero bien maduro, lo recibió con una gran sonrisota y un abrazo.

Ese domingo llevarían a los niños al parque. Nada mejor que una buena jartazón de alimentos saludables para que los coñitos corrieran bastante y no pidieran chucherías. Así que entre los dos hicieron el desayuno: por un lado del mesón de la cocina el hombre del cual hablamos peló el aguacate y lo espachurró con un tenedor hasta hacerlo puré, le echó un poquito de sal y orégano y lo metió en la nevera para que los carajitos no le metieran el dedo con las uñas negras. Al otro lado, ella picó tres tomates en rueditas y ralló el queso. Luego agarraron el pan, le pusieron las rueditas de tomate y el queso rallado (poquito porque es bendito) y lo pusieron a tostar para que el tomate se cociera y el queso se derritiera, que así se aviva el sabor. Luego, antes de servir, volvieron a abrir los panes y le echaron el puré del aguacate de manera generosa, picaron los sánduches y comieron todos muy a gusto, contentos porque la busaca de billetes seguía casi, casi intacta. La próxima semana no habría que hacer maromas para rellenar los panes, y si el aguacate lo conseguían muy caro ya tenían un plan B: una cremita de berenjena asada que también leyeron en este recetario, y listo.

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