ÉPALE256-ÉRIKA FARÍAS 2

POR MALÚ RENGIFO

La candidata llegó —ya lo dijo Marlon— manejando ella misma. Así, dueña de sí, se acercó a nosotros sonriente, saludándonos uno a uno sin esperar mayores protocolos. Cuando me tocó el turno de conocerla me sorprendió un apretón firme, fuerte, como de persona franca, abierta.

No fue nada difícil buscarle conversa ni se arredró ante ninguna de las preguntas que fuimos soltando azarosamente, en ese experimento de entrevista colectiva a la que tuvo la cortesía de someterse. Cuando hallé ocasión de preguntarle sobre ámbitos de su vida personal y su forma de administrar el tiempo libre, respondió rápidamente, sin sorpresa ni duda: “Creo que uno siempre tiene tiempo libre, y si no lo tiene lo puede buscar, aunque sea durmiendo un poco menos”.

Nos contó que en sus ratos de ocio disfruta ver películas y series. Actualmente se distrae con una serie de corte policial, y mencionó cierta serie televisiva que recientemente fue foco de polémica en el mundo del espectáculo debido a que su actor principal fue acusado de acoso sexual: “Rechazo todo tipo de acoso o abuso; pero, para mí, este caso lo que evidencia es la gran hipocresía existente en el sistema capitalista, que monta un gran revuelo sobre este tema, como si no fuera ese mismo sistema el generador y cómplice de todas esas conductas y abusos”.

Sabe bailar y le encanta, pero le ha costado aprender a bailar en compañía. “Es que nosotras en la casa éramos cuatro mujeres, y quien nos enseñó a bailar a todas fue mi papá. En las fiestas familiares se ponía a enseñarnos, pero su forma de bailar era como así”. Se pone de pie y hace un gesto muy jocoso que rompe con cualquier vestigio de rigidez que pudiera quedar entre nosotros y ella. El papá de Érika Farías es un hombre que trabajó mucho para levantar a su familia, y que bailaba con sus hijas como bailan los señores cuando quieren evitar a toda costa faltarle el respeto a las muchachas: con el rabo apuntando pa atrás.

Asegura, con una rarísima mezcla de firmeza, seguridad y dulzura, que su infancia fue sumamente feliz. Habla de una manera que refleja un profundo amor por su familia y un gran apego a las enseñanzas de su padre, de quien asegura que es una especie de filósofo no letrado, o sabio popular. Recordó que en su juventud fueron muchísimas las veces que lo acompañó a vender telas en el bulevar de Catia. La Candi sabe bien, porque lo ha vivido, cómo se enfrenta la vida cuando se nace en el seno de una familia numerosa de clase popular.

La apasiona la filosofía, y sus gustos musicales se pasean desde el ska hasta Silvio Rodríguez. Actualmente se encuentra muy entusiasmada con la cantante chilena Mon Laferte, en cuya música consigue satisfacer su tendencia a la melancolía: “En otra vida debo haber sufrido mucho por amor, porque esos estados de ánimo me llaman. En esta vida, afortunadamente, no me tocó pasarla mal en ese aspecto, pero igual me encanta lo melancólico”.

A pesar de llevar un buen tiempo asumiendo responsabilidades importantes dentro del Gobierno Bolivariano, no fue hace mucho la última vez que subió al Waraira Repano con un grupo de amigos a acampar. Ya despidiéndonos, nos contó rápidamente sobre lo mucho que disfrutó las largas noches de bohemia del mítico café Rajatabla. A juzgar por los cuentos de La Candi, decir Érika Farías es hablar de una mujer muy activa que conoce bastante bien esta ciudad.

ÉPALE 256

Artículos Relacionados