POR FREDDY FERNÁNDEZ •@FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE244-FILO Y BORDEQuizá el más famoso de todos los traidores sea Judas. No sé si el valor que tiene para nosotros lo tenga para otras culturas. De todas formas, en nuestra conciencia, su beso y sus 30 monedas de plata están archivados en el primer y más visible estante de la ignominia.

El poeta Cavafy pone en uno de sus escritos una historia aún más rotunda de la traición. Tetis, la madre de Aquiles, desesperada por la muerte de su hijo busca a Apolo, el dios que le había augurado larga vida al héroe aqueo. No sabe Tetis que el propio Apolo ha guiado la flecha para que acertara justo en el talón que hacía indefenso a Aquiles.

Los dos ejemplos mencionados tal vez resulten demasiado elevados. De hecho, ambos argumentos incluyen la participación de divinidades. Aquí en la tierra es claro que las cosas son mucho más ramplonas y la sabiduría sobre el tema es más ácida y certera.Un traidor es un traidor siempre. Quien se sabe beneficiado por la traición está, inmediatamente, seguro de que quien le entrega ese beneficio no es en nada confiable, que a partir de ese momento puede esperar ser traicionado por esa misma persona. Un traidor no es bien visto ni siquiera por quien le entrega las viles 30 monedas.

Para las víctimas de la traición la situación se hace más compleja. Un traidor es alguien que conoce los sistemas de defensa, que sabe dónde están las trincheras. Su cobarde traición bien puede, como ya sabemos, costar la vida a mil valientes. ¿Recuerdan ustedes al diputado Borges girando instrucciones sobre dónde debería dejar caer las bombas el Tucano? Entre los sitios que señaló estaba la sede de Telesur. Un lugar que no daba ninguna ventaja estrictamente militar, pero objetivo eficaz para tratar de apagar las conciencias lo más rápido posible. A él mismo lo hemos visto en giras internacionales exigiendo el ahorcamiento económico de Venezuela. Uno de los que pidió ser electo para acabar con el desabastecimiento y las colas solicita medidas que empeoren el abastecimiento, que ponga más dificultades en la vida del pueblo venezolano. Sospecho que en su esperanza de que una agresión militar lo coloque en Miraflores, ya habrá hecho su propuesta de los edificios y barrios que piensa deben ser bombardeados. Si ya lo hizo con el Tucano, no veo por qué no lo haga ahora con los ejércitos de Estados Unidos, Colombia y Perú.

Hace años escuché decir al poeta Lubio Cardozo que probablemente no hiciera falta una invasión gringa. Que las botas de los marines ya la calzaban muchos venezolanos. Después vi como nos crecía a todos la Patria y quedaba menos gente así calzada. Claro que quedan. Ahí están varios, en la AN, con sus botas de traidores, recibiendo dólares por la venta de nuestra esperanza.

Ellos la venden, pero no es suya y nosotros jamás la regalaremos.

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