Luis Piña: Soldado de la cruzada artesanal

Milita en una de las profesiones más antiguas, forjadora de civilización. Hoy se empeña en llevar su causa hasta un nuevo nivel de exigencia

                                                Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                                 Fotografía Mairelys Conzález@mairelyscg27

Ser artesano es un asunto mágico. No porque lo afirme nuestro entrevistado, sino que las evidencias lo confirman, pues nos pudimos encontrar para esta entrevista tras muchos tropiezos, en medio de la segunda ola del contagio, la avanzada de la nueva cepa del Covid-19 y la radicalización de la cuarentena hacia una fase extrema, justo el día de San José, es decir, el día del artesano.

Quisieron los dioses del repujado que nos encontráramos con Luis Piña, artesano del cuero, una bonita mañana en la Plaza Bolívar de Caracas, como para sacarle la lengua a la variante reforzada del Coronavirus, causalmente el día en que andaba perfumado, bonito y con un tapaboca labrado en cuero blanco (una coquetería de la bioseguridad), para conmemorar por primera vez el día municipal del artesano junto a las autoridades del municipio Libertador y sus cofrades creadores, festivos y reinventados en los días en que todo parece tan aciago.

Llegan a esta conmemoración -artesanos y allegados-, luego de muchas zancadillas y estigmas, pues si un sector ha sido golpeado por años de maltrato es el de estos maestros y maestras del trabajo manual, pese a ser ellos, realmente, los que forjaron con su aliento civilizatorio la clasificación de los oficios que dieron origen a los primeros asentamientos humanos.

Desde hace 40 años, Piña encabeza una cruzada nacional por reivindicar uno de los oficios más antiguos. En 2012, junto a varios compañeros, introdujo en la Asamblea Nacional una nueva ley que se ajustara a los nuevos preceptos constitucionales, entre ellas la declaración del Día Nacional del Artesano, y aunque en 2015 fue aprobada, no existe, formalmente, el decreto que establezca la fecha oficial.

Pero si existe el día nacional de los Clap, el del pastor evangélico, el del rock, parece injusto que no se tome en cuenta una vida de lucha cotidiana por la identidad nacional, el celo por las costumbres y el acervo de nuestros antepasados. “Parece que no somos un asunto de Estado” remata Piña.

La idea es que por decreto se les dé mayor rango institucional, que arrime beneficios socioeconómicos, créditos productivos, seguridad social, facilidad para los trámites burocráticos, y un largo etcétera que favorezca su espíritu aventurero y creador.

– ¿Qué quieren de la ley?

– Que nos tomen en cuenta como un asunto de Estado, como personas, como organizaciones productivas, parte de un motor económico. Cuando se declare el Día Nacional del Artesano, nosotros vamos por más, como el Centro Nacional de Artesanía, que no existe, sino una fundación que es la Red de Arte que depende del Ministerio de la Cultura. ¿Qué más queremos? Hacer los consejos municipales, estadales y el Consejo Nacional de Artesanos, que sería como un eje transversal.

– ¿Qué problemas atraviesan? 

– Todos los que tenemos los venezolanos: lo económico, seguridad social, habitacional. Pero hay problemas comunes. Por ejemplo, el que trabaja con la arcilla que no se consigue o está en manos privadas, o la explotan y se la venden a las grandes corporaciones, etc. Con el cuero igual, lo sacan de Venezuela y se lo venden a otros países. Eso se puede solucionar con un Centro Nacional de Artesanía porque las relaciones interinstitucionales nos permitirían respuestas del Ministerio de Industria y Comercio. Por ahora, nos toca comprar mucha materia prima afuera, en dólares, a pesar de que se produce aquí.

– ¿No existen beneficios para el sector artesanal?

– Nada de eso. La Red de Arte ha trabajado en el sello “Bien venezolano, hecho a mano”, que es la marca de los artesanos a nivel nacional e internacional. Las tiendas de arte a nivel nacional, aunque no todas están funcionando.

Hasta antes del Coronavirus Luis Piña fue habitual del paseo Milton Vargas o pasillo de Bellas Artes a Parque Central.

Es un guaro que se hizo artesano recorriendo media Venezuela hasta que aterrizó en Guanare, estado Portuguesa, desde donde hizo un brinco maromero hace 10 años hacia la capital. Se dice inventor de la costura en nylon, que abarata los costos de bolsos y cintillos, y es quizás el expendedor estrella de uno de los mejores cocuyes que se saboree en esta ciudad.

Escribe un libro sobre su experiencia vital como creador, titulado Historia insurgente de los artesanos de Caracas; pertenece al Centro de Estudios Caracas y es fundador de la Cátedra libre de artesanía Alfredo Almeida de Unearte con el apoyo de Alejandrina Reyes y Aracelis García, donde además desarrolla una indagación profunda sobre el rol de los artesanos en la Guerra de Independencia, junto a Julio Parada.

– ¿Más bien se intenta folclorizar al artesano, reducirlo a la calle donde además lo estigmatizan?

– Claro, siempre ha sucedido. ¿Qué ha hecho el artesano consciente? Romper todos esos paradigmas burgueses que nos han tenido subyugados. El artesano es el último de la cola, no es artista, es negro, es hippie, sucio. Y como aquí la historia la han escrito los blancos y poderosos…

– En cuanto a esa división ficticia entre artesano, artista, artista popular, etc., ¿dónde te ubicas?

– Yo soy de los que si ve un cuadro tirado en el piso en cualquier oficina, pido permiso y lo pongo en la pared. Y así como levanto el cuadro del artista levanto la voz por mis compañeros artesanos. Siento que todos somos iguales, pero sin menospreciar a los demás compañeros, pienso que la artesanía es la madre de todas las artes. En el teatro, ¿quién hace los escenarios? el artesano. En la música, ¿quién hace los pianos, los cuatros? En la Batalla de Carabobo, ahora que celebramos el bicentenario, los que hicieron las balas, las botas, las alpargatas, la pólvora, las escopetas, las culatas, hasta las tacitas para tomar miche, café o cocuy, fueron los artesanos. Y aparte de todo eso, eran guerreros. Bueno, todavía lo somos.

– ¿Los artesanos son buenos compañeros?

– En su mayoría. A mí nunca me ha pasado nada, siempre ha existido el compañerismo, la comunicación, el trueque y la amistad, amor y lealtad.

– ¿Cómo los ha tratado el Coronavirus? 

– Para muchos ha sido fuerte, pero los artesanos sabemos reinventarnos. Con la modalidad virtual cada quien tiene su grupo WhatsApp, Zoom, Google Meet, y se trabaja por ahí con ferias y todo, donde participan 20 y 30 artesanos y logramos vender. Muchos artesanos, aparte de esto, han sacado otras profesiones, pero no dejan la artesanía que es algo que viene pegado de uno por dentro.

ÉPALE 407