ÉPALE252-LUIS ZAMBRANO

EL CAMPESINO MÁS UNIVERSAL DE BAILADORES ES CELEBRADO EN ESTOS DÍAS PORQUE FUE EN NOVIEMBRE CUANDO LE DIERON UN DOCTORADO HONORIS CAUSA POR SU TRAYECTORIA COMO INVENTOR POPULAR. SE LO ENTREGARON UNOS TIPOS QUE NO INVENTARON NADA QUE HAYA VALIDO LA PENA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Tal como comienzan los grandes cataclismos sociales, el descubrimiento del sexo y el gusto por la mayonesa y el azúcar, todo comenzó con un juego infantil: al niño Luis le fascinaba ver cómo el agua ponía en movimiento las cosas circulares. Su primer invento consistió en unas naranjas atravesadas por el centro con un palo, y ensartadas por más paletas a manera de aspas. Ponía las paletas al contacto con el agua que corría y las naranjas comenzaban a girar. Le colocaba un hilo o correa al palito central de las naranjas y ese hilo movía otros objetos circulares. 40 años más tarde el niño Luis estaba fabricando su primer teleférico, de medio kilómetro de longitud y con capacidad de carga de 500 kilos. El mecanismo y el principio de aquellos juegos eran los mismos, aunque la fuente de energía era otra. El combustible que no se agota se llama fascinación: las cosas duraderas (los amores, la vocación, las convicciones) lo son porque te fascinan. Los juegos infantiles de Luis no terminaron nunca, el agua no dejó de correr nunca en la Mérida de sus andanzas, y nunca jamás se extinguió el eco de su sentencia fundamental: “No espere saber para ponerse a hacer, póngase a hacer para poder saber”. Esa máxima de la vida que todos los seres humanos deberíamos poner en práctica.

Porque, aunque se pasó toda su vida enseñándonos o intentando enseñarnos que el ser humano no es lo que dice sino lo que hace, varias de las cosas que lo hacen inolvidable para mucha gente es la genialidad de algunas de sus sentencias. Así como jugaba con el movimiento del agua y con el flujo de la electricidad jugaba también con la palabra. Jugando le regaló aquella respuesta a alguien que le preguntó si eso de hacer motores y turbinas era difícil. “No, eso no es difícil”, respondió; “difícil es hacer una lechosa”. Y la favorita, la más espectacular de todas: cuando, hace por estos días de noviembre 37 años, le otorgaron el título honoris causa de la ULA, y al recibirlo, lo intentó halagar el señor rector con esta joya: “Miren todo lo que ha inventado este caballero sin haber ido a la universidad. ¿Se imaginan qué no habría hecho este hombre si hubiera estudiado?”. Don Luis le respondió: “Si hubiera ido a la universidad estaría aplaudiendo los inventos de otros, así como usted”. Jugando, jodiendito como el niño que nunca dejó de ser, le metió ese revolcón a la mayor fábrica de engreídos de la historia.

Esas montañas andinas tienen esa rara vocación para la producción en serie de inventores y tecnólogos. Dicen que las condiciones climáticas y geográficas determinan o al menos estimulan las formas de la inteligencia, la actitud ante las situaciones y dilemas, las muchas formas de adaptarse y fluir en y con el entorno. En el caso de don Luis, el crecer en la mole merideña tuvo que haberle contagiado la capacidad para jugar con los ríos y las piedras. De caídas de agua y artificios minerales estuvo hecha la obra del campesino de Bailadores. ¿Determinismo geográfico? Habrá que seguir preguntándose por qué los andinos han desarrollado como ningún otro pueblo de Venezuela la tecnología fundamentalísima de los sistemas de riego. Ese saber, por cierto, no consiste solo en la armazón de una manguera o montón de mangueras conectadas a un tanque o curso de agua; un sistema de riego es además un generador de organización social, de ejercicio de la política y por lo tanto de interacciones humanas. Jugar con agua es regresar a la niñez de los afectos y las relaciones.

EL MOTOR QUE YA TENÍA CONCEBIDO Y PROPUESTO COMO MODELO FUNCIONABA CON 20 PIEZAS, MIENTRAS QUE LOS MOTORES AUTOMOTRICES DEPENDEN DEL ENGRANAJE DE MILES DE ELLAS

Es fama que sus inventos le resolvieron problemas domésticos sin necesidad de acudir a objetos industriales que de paso no podía conseguir ni comprar, y que las comunidades andinas se beneficiaron también con sus raros artefactos de generar y distribuir electricidad y de mover artilugios mecánicos. Cuando, en la década de los 30 del siglo XX, la empresa Cadafe llegó al pueblo para llevar la primicia de la electricidad, ya don Luis tenía rato alumbrando su casa con bombillos y alimentando su taller metalúrgico con corriente de una turbina, fabricada por él mismo. Además tenía funcionando en distintos lugares varios trapiches de moler caña de azúcar, movidos también con electricidad.

Entre otras hazañas memorables o insólitas, se suele recordar en sus biografías que diseñó turbinas y motores que simplificaban los modelos existentes para su época; que el pueblo de Canaguá disfrutó durante más de 30 años de alumbrado público gracias a una red eléctrica puesta a funcionar por Luis Zambrano; que en 1977 perdió un brazo manipulando una sierra y aun así continuó construyendo aparatos y soluciones, y enseñando a los jóvenes a trabajar.

La otra clave de su genialidad tiene que ver con la concepción de los materiales utilizables y reutilizables; allí donde el capitalismo industrial nos ordenó ver basura don Luis veía un surtidor de materiales para trabajar. Andaba en el diseño de un motor de explosión al que llamó Turbo-Zam (“Zam” por Zambrano) cuando de pronto se topó con una realidad: no todo se puede hacer de materiales desechados. El motor que ya tenía concebido y propuesto como modelo funcionaba con 20 piezas, mientras que los motores automotrices dependen del engranaje de miles de ellas. A veces hay que tener recursos para resolver asuntos complejos. Don Luis solicitó esos recursos pero no hubo interés en financiarle el sueño. Es preferible seguir importando carros y seguir llenándoles las arcas a los dueños del mundo.

Las fechas de nacimiento suelen marcar, dejar la impronta simbólica de la Historia, en los seres humanos nacidos en ella. Hace poco recordábamos en esta sección a Madeleilis Guzmán, la maestra de Cariaco, nacida el Día del Maestro. Luis Zambrano nació un 1° de mayo, Día del Trabajador.

Favor recordar, siempre, sobre todo si usted tiene hijos o tiene a su cargo la formación o el cuidado de niños o gente muy joven: Luis Zambrano jugaba con el movimiento de las aguas, jugaba con el hierro y jugaba con la noción de “saber” que manejaban sus contemporáneos. No pretenda enseñarlos antes de ponerlos a hacer vainas: deje que las hagan. Uno nunca sabe.

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