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¿POR QUÉ, LUISA ORTEGA, Y MEDIANTE QUÉ ARTES INSONDABLES, ACEPTASTE NO SOLO ABANDONAR EL EQUIPO SINO PONERTE A JUGAR PARA EL CONTRARIO?

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE  ⁄  ILUSTRACIÓN JOSÉ LUIS ROJAS RAUSSEO

Ya casi todo se dijo sobre Luisa Ortega Díaz, a favor y en contra. Tal vez permanezca intacto un misterio blandito de masticar: de cómo, en pleno partido, un jugador decide meter goles en su propia portería, y la parte de las tribunas que hace un minuto lo vitoreaban ahora lo maldicen, y viceversa. ¿Se reconoce en esta reflexión que la ex fiscal general estaba jugando para el chavismo y, de pronto, se pasó a la oposición? Léase como mejor parezca, pero reconózcase que hace unos meses la doña parecía tener claro que una de las tareas pendientes de la humanidad es impedir la llegada del fascismo al poder en cualquier parte del mundo, y Luisa estaba abriéndole puertas a esa enfermedad en la Venezuela revolucionaria. ¿Que lo hizo por defender el legado de Chávez? Pasemos la página: esta no es la sección de explicar los chistes obvios.

Aquello, respecto al misterio fácil. Ahora, misterio, lo que se llama misterio de verdad, viene a ser esos momentos oscuros de la vida de una persona, en el que el resto de los mortales no lograremos meternos jamás: cómo y en qué momento fue que empezó el cambio de señas, cuándo comenzó el ánimo a resquebrajarse, quién fue el grupo o sujeto que te dio el ultimátum palmario y decisivo; cómo, cuándo y por qué tu esposo se convirtió en agente, estimulador, cómplice o compañero de la rendición, el salto y la huida; a cuenta de qué, un buen día (24 de marzo), le anuncias al país y al mundo que han quedado establecidas las responsabilidades de tanto crimen de lesa humanidad cometidos entre 1958 y 1998 y, de pronto, una semana después (el 31), vienes y te cambias de equipo,  comienzas a jugar abiertamente a favor de esos asesinos en esas cuatro décadas y sus herederos.

Claro que hay razones, motivos y explicaciones. Tiene que haberlos, y en el caso de Luisa los más populares en el juego de las conjeturas y explicaciones vienen a ser el miedo y los dólares: quienes no dicen que Luisa se volteó por miedo a que el antichavismo le cobrara “su complicidad con la dictadura” (así, con ese lenguaje propio de los chantajistas del mundillo proempresarial), aseguran que lo hizo porque le llenaron las cuentas con varias cifras. Están también los que sostienen que Luisa era chavista el 24 de marzo y, de repente, amaneció antichavista el 31, así porque sí; porque reflexionó y entró en conciencia y dijo: “No, primo, a partir de hoy voy a enfrentar a este gobierno, tan feo, que le hace la vida imposible a los tipos que persiguieron y vejaron a mi papá”. No señor, así no se vale; estáfame de otra manera, pero así no.

Pero el dato instrumental, procedimental del salto de talanquera se encuentra en esos episodios íntimos o clandestinos que, probablemente, nunca saldrán a la luz pública, a menos que la protagonista decida un día difundir sus verdades paso a paso, momento a momento. ¿Cómo te hablaron en la conversación o llamada final y concluyente? ¿Te mostraron la paca de dólares que podrías disfrutar tan pronto dijeras públicamente lo que tenías que decir? ¿Te describieron las cosas que iban a hacerte en la cárcel? ¿Te extorsionaron emocionalmente, por ejemplo, con el cuento de que por tu culpa o bajo tu responsabilidad la jueza María Afiuni pasó por cosas horrendas, reales o ficticias, en la cárcel de mujeres? ¿Qué tan duras, intensas o profundas fueron las conversas de alcoba con el diputado Ferrer? ¿Fue él quien comenzó a hacer el trabajo del minado anímico o fue Luisa quien puso al otro en la disyuntiva del “o me sigues o me dejas”?

Esa historia menuda de la Luisa Ortega saltarina está llena de ese tipo de blackouts informativos, y cualquiera puede alegar que todo el mundo tiene derecho a hacer cosas íntimas de las que no tiene por qué enterarse más nadie. Pero están esos otros datos interesantísimos, que si hubiera periodismo de investigación en Venezuela podrían originar historias para la Historia. Fijémonos, por ejemplo, en la titulación de esta nota publicada en el portal Prodavinci. Dice el título:

“Luisa Ortega Díaz escapa de Venezuela en lancha”.

Y dice el subtítulo:

“Fuentes confirmaron a Univision Noticias que Luisa Ortega Díaz llegó este viernes por la tarde al aeropuerto El Dorado, en Bogotá, en un vuelo privado”.

Sale en lancha y llega en avión.

No, esto no es un juicio a la forma de titular notas periodísticas: es una demostración de los saltos y piruetas —incluidos los blackouts— de los que está llena la vida de Luisa Ortega Díaz. Un ama de casa que, por esas cosas de la vida, se puso a estudiar Derecho, se convirtió en Fiscal General y en figura pública y, de pronto, aparece aquí y allá descargándose a quienes hace unos días acariciaba, o casi.

PRESIÓN PATRIA

Es verdad que la exfiscal, como cualquier otra persona, tiene derecho a aterrorizarse ante una dura amenaza o de sentirse débil y seducida a la hora de la oferta de centavos y otros paraísos. Lo que sí sigue siendo difícil de imaginar es la sobrevida de una señora al lado de los señores y organizaciones a los que enfrentó y encarceló poco tiempo atrás. Apenas llegada a Colombia el presidente Santos informó que Luisa era protegida de su gobierno. Pero sucede que Santos va a dejar de ser presidente algún día. Y sucede también que en los Miamis —y otros reductos fachos— no va a ser muy bien vista ni recibida la mujer que, solo por presión interna o externa, dio la espalda a su patria.

SEMEJANTE DOCUMENTO EN MANOS DE LOS GRINGOS PUEDE EJERCER MÁS PRESIÓN QUE UN ALICATE EN UNA BOLA O EN UN OVARIO. DIGNO DE SER TOMADO EN CUENTA. NO JUZGUEN A LUISA: LA HAN ESTADO PRESIONANDO

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Patria: la tierra del padre. El padre de Luisa, ese emblema comunista del siglo XX venezolano, tuvo que haberle inculcado mejores modos de defensa y resistencia en contra de los ataques propios de esta guerra, tan distinta y tan parecida a la guerra de siempre contra los propietarios del mundo. Cuando en 2014 “su” fiscal Franklin Nieves propuso y logró una ejemplar condena contra Leopoldo López, por haber mandado a generar destrucción y muerte en las calles a sus acólitos, la imagen de firmeza que consiguió forjarse la mujer no fue normal. Pocos meses después Nieves huyó despavorido a Miami (cosa rara: el lugar donde más lo odiaban en el mundo) y Luisa Ortega se quedó. Muda, pero se quedó. Uno se la imaginaba entonces sonriendo amargamente por la falta de ovarios del Franklin ese, tan debilucho y regalado. Hace rato todos sabemos que la valentía no reside en los testículos sino en los ovarios.

Por cierto, Franklin Nieves se llevó para el Norte un mamotreto contentivo de pruebas e indicios de algunas presuntas jugadas malucas de Luisa Ortega en contra de los próceres del antichavismo. Semejante documento en manos de los gringos puede ejercer más presión que un alicate en una bola o en un ovario. Digno de ser tomado en cuenta. No juzguen a Luisa: la han estado presionando.

La exfiscal ha dicho, sobre la percepción que tienen de ella los venezolanos: “El apoyo ha sido mayor, sobre todo de las personas, del ciudadano venezolano que está muy esperanzado de que haya libertades, de que haya democracia, que haya paz, que haya tolerancia, que haya respeto, que haya decencia en Venezuela”. Debería informarse mejor acerca de lo que anda pidiendo el venezolano de a pie, en las calles.

ÉPALE 243

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