ÉPALE293-CCS, MONTE Y CULEBRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

La humanidad se ha desarrollado y alimentado durante milenios al ritmo de los ciclos de la Luna. Nada que cualquier sembrador o curioso no sepa o haya escuchado alguna vez: siembras en luna menguante las plantas cuyos frutos crecen debajo de la tierra (raíces y tubérculos: papa, yuca, zanahoria, cebolla, etcétera) y en luna creciente las plantas que echan sus frutos arriba de la superficie. Sigues danzando al son que te indique la Luna y te introduces en la danza planetaria más elemental: cortas árboles maderables en menguante porque toda la savia está abajo (si lo haces en creciente los fluidos estarán regados a lo largo de las ramas y troncos y la madera cortada en esas condiciones se pudrirá o será atacada masivamente por insectos); en los últimos días de la creciente y en luna nueva eres más propenso a sufrir un infarto o un accidente cerebro-vascular (ACV) porque los fluidos de la tierra están altos, arriba, “la sangre se te sube al cerebro”; podas plantas y te podas los cabellos en menguante para que no crezcan desmesuradamente y a lo loco.

Hay un pequeñísimo desacuerdo en torno al momento en que la Luna está “menguando” o “creciendo”. Un francés muy ladilla y prepotente me dijo hace unos años que nosotros acá estamos equivocados, que el sencillo planteamiento indígena de fijarse en la fase lunar visible (es fácil identificar una creciente y una menguante con solo verla, o con solo ver el calendario) era una ilusión óptica. Que es posible tener allá arriba una luna evidentemente menguante, pero que en realidad está ascendiendo, y que ese movimiento es el que determina el comportamiento de los fluidos, no el simple detalle de cómo se refleja la luz en el astro. Rechacé el argumento, más por la odiosidad del tipo que por su análisis.

Cada vez que me tropiezo con este tipo de controversias echo mano del único axioma inconmovible en estos temas: no hay una sola forma de interpretar ni de ejecutar la agricultura. Hay muchas formas de poner a germinar un aguacate, muchos métodos para obtener follaje y frutos más vigorosos, muchos nombres para una sola especie vegetal y animal. Confrontar esas variantes a ver qué cultura o pueblo tiene la razón es una estupidez y una pérdida de tiempo.

Años después hablaba en Altamira de Cáceres con la señora Yaya (fallecida hace poco), una mujer de 84 años que había tenido muchísima ocasión de jugar con los ciclos lunares en su condición de campesina. Para mi sorpresa, me dijo lo mismo que el francés: “La Luna salió por aquí; a medianoche ya estaba más arribita. Eso quiere decir que está creciente, que se está moviendo hacia arriba, así se vea menguante”.

Segundo o tercer aprendizaje: la enseñanza debe estar a cargo de nuestra gente más humilde y de hablar sencillo. Los preclaros y omnisabientes deberían callar sus verdades, que merecen ser mentira solo para no tener que darles la razón.

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