ÉPALE248-MADEILLIS GUZMÁN

LA HISTORIA ES MEZQUINA CON LOS HÉROES QUE NO LLEVAN CAPA NI MÁSCARA, DE ELLOS NO SE REGISTRARON SUS HAZAÑAS EN LA GRAN PRENSA NI LE SIRVIERON DE TRAMPOLÍN A LA SOCIEDAD BURGUESA. EN TIEMPOS DE TEMBLORES Y CATACLISMOS, VALE RECORDAR A UNA MAESTRA CON VOCACIÓN HEROICA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

En la Venezuela de Gómez, por allá en el año 1932, un grupo de maestros decidió llevar a cabo un singular desafío contra la dictadura. Suena fácil y cómodo, pero en aquel tiempo no lo era: reunirse para fundar la organización del gremio magisterial era casi un acto terrorista, proscrito, perseguido. Alguien tenía que atreverse a espantar la modorra de un país adormecido por el fundador de la regaladera de petróleo a los gringos, y ese alguien fue Luis Beltrán Prieto Figueroa; al bravo margariteño y a otros guerreros del pueblo se debe, entonces, la fundación de la primera asociación en defensa de los derechos de los maestros. Medina Angarita decretó, después, que el día de la creación de ese órgano (15 de enero) sería el Día del Maestro en Venezuela.

Hubo una pausa de unos pocos años, durante la dictadura de Pérez Jiménez, en que esa celebración cambió al 29 de noviembre, día del nacimiento de un carajo que, cuando estaba por reventar la gran coñaza de Independencia, decidió irse (demasiado) para Chile y no volvió más nunca al país. La pinga, hermano: es mejor fundar universidades y escribir reglas de gramática en la sombra que andar cayéndose a machetazos contra un montón de locos en el sol. En 1959, derrocado Pérez Jiménez y encariñados los adecos con Prieto Figueroa, volvió a decretarse el 15 de enero como Día del Maestro.

Los contextos históricos sirven para dar cuenta de algunas marcas indelebles: ese día, grandioso y significativo para los maestros, nacía en Cariaco Madeleilis del Valle, la hija de Oscar Guzmán y Apolonia Castillo. Una maestra cuya vida transcurrió al margen y sin alharacas, una heroína de cuyo nombre no es fácil acordarse (no tanto como los de Prieto y el huidizo Andrés Bello) pero que honra, como casi ningún educador venezolano, el oficio del formador de seres humanos.

LAS PROFUNDIDADES DE CARIACO

El pueblo de Cariaco, en el estado Sucre, está hecho de misterios y profundidades. Por ahí cerca, frente a sus costas, se encuentra una de las fosas abisales más profundas de la Tierra (más de 8 kilómetros para abajo, dicen los que saben) y es notable la actividad sísmica a lo largo de su historia. En las inmediaciones comienza la falla de El Pilar, una cuca gigante, de las más largas de América del Sur, pero tanta complicación geológica ha sido resuelta en el imaginario de la gente del pueblo con otro dato lleno de abismos, patologías y símbolos: bajo la laguna de Campoma habita una culebra gigante que cada tantos años se despierta y que, cuando le da por moverse para cambiar de posición, produce esos temblores espantosos en la superficie. El pathos de Cariaco es una culebra que despierta.

Madeleilis nació impregnada de esos atavismos; a corta edad se la llevaron a vivir en el estado Zulia, en la otra punta de Venezuela, y por allá estudió el bachillerato docente. Ya habilitada para ejercer la docencia, los hondos misterios de su tierra la llamaron de regreso (seguramente también el pescao fabuloso que se come por allá: en el Zulia no hay tan buenas cojinúas). Estaba dicho que Madeleilis no podía quedarse tan lejos, algo o alguien (probablemente la culebra) la estaba necesitando de regreso. Y de regreso en Cariaco la tuvimos en 1978, a los 19 años de edad.

La vocación de Madeleilis no era solo la docencia, había algo que la llamaba a servir al que sufre y necesita ayuda. De allí que haya hecho también cursos de primeros auxilios y ejercido, brevemente, labores de enfermería. En 1982 comienza a dar clases en la Escuela Valentín Valiente de su pueblo natal, y no hay necesidad de señalar cuánto siguen persiguiéndola los símbolos de lo que era en el fondo, en los abismos de su carácter: maestra dulce pero valiente, de esas ternuras que nos enseñan que tener carácter no significa tener mal carácter, como tanto gafo se empeña en creer.

CUANDO COMENZARON A PASAR REVISTA DESCUBRIERON QUE ALLÁ ADENTRO, EN LA EDIFICACIÓN FRACTURADA, QUEDABAN DOS DE SUS MUCHACHAS ATRAPADAS O PARALIZADAS POR EL DESCONCIERTO: GREGORIANA Y MARÍA ANGÉLICA. MADELEILIS FUE A BUSCARLAS Y ALLÁ LAS ENCONTRÓ

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A lo largo de esos años tuvo tiempo de casarse y tener hijos. Su esposo: Alfredo Sánchez; sus hijos: Alfredo, Suheil y Ángel. Intenta ponerse a estudiar Educación en la Universidad Pedagógica Experimental Simón Rodríguez, pero las cosas se le pusieron difíciles o el subsuelo le tenía reservados otros planes y terminó abandonando los estudios a los pocos semestres. Nada de derrota: clases, lo que se llaman clases fue lo que nos dio Madeleilis en la cumbre de su vida sencilla y formidable.

Las fotografías y testimonios sobre ella la recuerdan caribe: mulata y recia, una oriental de fuerte estructura corporal. En julio de 1997, a sus 39 de edad, la alcanzaron la herida continental de su pueblo y también los arcanos de la numerología. Ocurrió el día 9/7 del 97 a las 3:23 de la tarde. Todo número simétrico invoca tragedias o situaciones monstruosas; la culebra de Campoma despertó en un sacudón de 6,9 grados (otra cifra capicúa que se muerde la cola, como ciertas culebras) y las casas de Cariaco comenzaron a quebrarse y a desplomarse en serie. En la Escuela Valentín Valiente había actividades normales; en el primer remezón murieron tres niños. Madeleilis logró salir con casi todos sus pupilos. Casi todos. Cuando comenzaron a pasar revista descubrieron que allá adentro, en la edificación fracturada, quedaban dos de sus muchachas atrapadas o paralizadas por el desconcierto: Gregoriana y María Angélica. Madeleilis fue a buscarlas, y allá las encontró.

La maestra las ayudó a moverse entre los escombros, apartó bloques y restos de pupitres y les fue indicando el camino. Es probable que la réplica del sismo que la convirtió en mártir, o en leyenda, haya sido la de las 4:04 pm. Un trozo de concreto se desprendió y cayó sobre ella; otros pedazos de techo mataron a otros niños en el mismo instante. Pero debajo del cuerpo de la docente quedaron Gregoriana y María Angélica, vivas y a salvo gracias a este escudo humano de protección. Esa fue su misión y su más hermoso aporte a su pueblo.

La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) honra su memoria con la creación del Aula Sísmica Madeleilis Guzmán, un programa de formación ciudadana para la sobrevivencia en caso de terremotos. Su cuerpo físico reposa en el Cementerio General de Cariaco, repositorio de la memoria y los afectos de su pueblo.

Postdata: los restos de Andrés Bello reposan en Santiago de Chile. La pinga, hermano, aquí está temblando mucho. Bueno, por allá también. Lo que tienes por dentro te lo llevas para todas partes, hasta donde huyas te va a alcanzar, siempre.

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