1

Para este primer número de Feriado del 93 pensábamos obsequiarle un tema unisex: cómo levantarse una lesbiana. Sin embargo, un férreo bloqueo informativo interpuesto a este redactor por las discípulas de la griega Safo, nos coloca en una situación embarazosa. Para no defraudar al par de lectores que tiene esta página (mis hermanos Mecha y Lizardo, y no porque les guste realmente sino porque, de vez en cuando, los nombro y ellos se alegran), vamos a exponer el caso de las mujeres casadas, renglón en donde casi todos mis amigos poseen una dilatada experiencia: la mitad ha sido victimario y la otra mitad ha sido víctima (incluyéndome a mí, of course): les han levantado la mujer.

SABER ESCOGER, SABER ESPERAR

Levantarse a una mujer casada no es, a priori, fácil o difícil. En primer lugar, depende de con quien esté casada. Si usted intenta levantarse a la mujer de Richard Gere o Bruce Willis, la empresa es harto difícil, aunque no imposible. Mayor probabilidad de éxito tendrá si se decide por la mujer de…. justo de ese en quien está pensando. Ese que tiene una mujer bien buena y provoca a cada rato comentarios como éste: “Mira el güevón ese, la tronco de mujer que se gasta”.

En segundo lugar, depende del tiempo que tenga casada… así sea la mujer de Bruce Willis o de Mel Gibson. El tiempo conspira contra la pasión, la aventura, la sorpresa que debe reinar en las relaciones sexuales, principalísimo pegamento de las parejas, conjuntamente con los electrodomésticos, la seguridad, la compañía, en fin, eso que el cubano Silvio Rodríguez denomina los terribles pequeños encantos que tiene el hogar.

“¿CUÁNTO MIDE TU CUERPO?”

Fíjese en este ejemplo: Altagracia de Orituco es un pueblo que está separado de Caracas por unos 20 kilómetros de autopista y, luego, siguen 80 kilómetros de una espectacular carretera, que atraviesa en dirección norte-sur todo el Parque Nacional Guatopo, una auténtica selva hidrófila tropical de incomparable belleza.

La carretera es una serpenteante ruta que discurre entre neblinas, flores y árboles exóticos, saltos de agua en cada curva, fenomenales vistas panorámicas hacia lo profundo del tupido bosque… en fin, una carretera hermosísima… para quien pase una vez por ahí. Incluso para el que pase dos veces, y hasta tres o diez.

Pero para quienes, como yo, nacimos en Altagracia y emigramos a Caracas en busca de un título universitario —que no sabemos cuándo carajo vamos a terminar de obtener—, es decir, para los que desde 1978 hemos transitado la ruta 4.976 veces, la carretera nos parece una total ladilla; los saltos de agua nos dan asco y las exóticas flores silvestres nos resultan tan aburridas de tanto haberlas visto, que más de una vez nos hemos parado, enloquecidos, a patear aves del paraíso, riquirriquis, coquetas y por los menos trescientas de las mil y pico de especies de helechos que pueblan ese bosque.

Imagínese usted: si eso pasa con una carretera de 80 kilómetros, ¡qué no pasará con un cuerpito que a duras penas puede llegar a los 1,70 metros! (75.000 veces más pequeño), por muchas curvas que tenga. Al año ya usted se lo sabe de memoria, razón por la cual siempre hay un osado que le dice al novio el día del matrimonio la consabida sentencia de “ya vas a saber lo que es tirar sin ganas”.

Pues, no crea que este fastidio es patrimonio exclusivamente masculino. Las mujeres se ladillan igualito, así su marido sea Robert Redford.

1era viñetaimp copia

DIFERENCIARLAS CORRECTAMENTE

Es aquí en donde reside la primera clave del asunto: determinar a cuál subgrupo de casadas pertenece el objetivo escogido: bien al grupo de las que están casadas con un pendejo como Pedro Chacín o un buenazo como Mel Gibson. Ambas se encuentran ladilladísimas y andan en busca de un discreto palomazo. La correcta diferenciación es vital, porque resulta que, con cada una, la táctica es diferente.

Ojo: antes de que nos acusen de amorales u otra vaina parecida decretamos, de una vez, que nosotros hacemos nuestra la sentencia del filósofo ítalo-venezolano Yordano di Marzo en su obra “Días de junio”: …y como tu novio no era mi amigo, yo no me eché para atrás. Es decir, que nada que ver con las mujeres de los amigos. Sólo es válido de conocidos para abajo.

No creemos, por favor, que sea necesario explicarles cómo reconocerlas en cada caso: basta con echarle una ojeada al marido. Por muy macho que usted sea no me diga que no sabe distinguir cuándo un tipo está bien bueno o no. Déjese de hipocresías. Pero si insiste en afirmar que no sabe le daremos un dato: si usted se ha expresado de alguien en algunas oportunidades con frases como esta: “Qué coño se las creerá el maricón ese”, seguro que el tipo está bueno y probablemente le haya echado unas “tarasqueadas” a su mujer o a su novia. Nadie se arrecha de gratiñán. Ése, que causa su enojo, ése, con seguridad, es un tipo que está bueno.

ÚNICAMENTE ESPERE EL MOMENTO ADECUADO PARA USAR ALGUNAS DE ESTAS FRASES O CUALQUIER VARIANTE PRODUCTO DE SU PROPIA COSECHA. LO PEOR QUE PUEDE PASAR ES QUE LE DIGAN QUE NO, Y ESO NO ES NINGUNA TRAGEDIA

 

LAS CASADAS CON FEOS

Estas son las virtuales “mangos bajitos” del asunto. Casada con un gordito, culoncito él, chiquito él, medio bruto el pobre, y ya tienen como cinco años de casados. Si le gusta una mujer que reúna estas características, sencillamente pídaselo con alguna frase rimbombante que, por muy gastada que esté, tendrá resultados devastadores. Les presentamos unas cuantas para que con su venia, como decía ARS hace unos cuantos años, nos “permita pensar por usted”. Dependiendo de la característica de la chama —las hay desde abrasadoras hasta friononas— usted puede pelar por el archilugar comunísimo “desde que te vi supe que teníamos una historia en común”, pasando por el manoseadísimo “no me explico por qué la vida no nos permitió conocernos antes”, el incendiario “lo único que deseo es tu proximidad, tu cercanía, no pido nada más” —frase favorita de mi amigo Giovanni Siem—, hasta el descarado “en posición horizontal nos esperan muchas cosas por inventar”. Únicamente espere el momento adecuado para usar algunas de estas frases o cualquier variante producto de su propia cosecha. Lo peor que puede pasar es que le digan que no, y eso no es ninguna tragedia.

CASADAS CON BUENOTES

A este subrenglón lo que hay que venderles es chispa, ingenio, inteligencia. Si quisieran rasparse a un buenote, siguen con su marido y punto. Pero usualmente estos tipos buenotes, que invariablemente están casados con tipas buenotas, bajan la guardia bastante pronto y terminan haciendo el amor con su mujer como si les hicieran un favor. Con ese tipo el trabajo es un tanto más difícil, pero en lo absoluto imposible: hasta el Titanic, “el barco más seguro del mundo” —como decía la Cunard en su eslogan—, desapareció por la acción de una diligente tormenta y un oportuno iceberg. La estrategia con ellas es sencilla: basta con tomarlas en cuenta. Regalarles rosas rojas, dos o tres en un par de ocasiones, presentarles un par de poemitas o un textico (textico, no testículo) “para que me digas qué opinas”, en fin, hacerlas sentir que son alguien. Este abandono que consuman los buenotes con sus compañeras es lo que ocasiona que tipos como Ibsen Martínez se empaten con mujeres tan espectaculares como…. coño, casi meto la pata: me olvidaba que Feriado tiene más de dos millones de lectores cada domingo: estuve a punto de cometer la delación más pública del mundo.

Eso sí, en medio del lance no se ponga a recordar cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que tuvo un gesto similar con su propia pareja, ni a imaginarse a un buitre con sonrisa de bebé logrando con su propia esposa lo que usted espera hacer con el blanco escogido. No se mortifique innecesariamente: un titubeo en el momento preciso y puede que haya perdido para siempre la oportunidad de encarnarse con la bella casada que lo inquieta.

Como recomendaciones generales es bueno señalar que nunca, pero nunca, deben incurrir en el error de hablar mal del marido. Más bien defiéndalo cuando el objetivo lo ataque. Nunca diga que es soltero, diga divorciado o separado, y recuerde, las grandes ventajas de una mujer casada son, por un lado, que no se va a querer casar con usted y que, además, los celos son un sentimiento que tiene vedado.
En caso de que se presentasen algún día, grítele indignado: “Y tú, ¿no duermes todos los días con un hombre? ¿Es que no sabes que la certeza de que, cuando no estoy contigo, él puede estar abrazándote, haciéndote el amor, me mortifica terriblemente, me lacera el alma?…”. Bueno, si usted cree que esto último es demasiado cursi, puede eliminar el “me lacera el alma”, pero, en todo caso, “mortifíquese”, que nunca falla. Quedan totalmente desarmadas.

2da viñetaimp copia

ÚLTIMOS DATOS

Olvídense de esas mujeres que le sacan cuadro delante de su marido. Cuando alguna mujer quiera algo con usted, ni lo mirará delante de él. Las que se acercan a usted estando delante del esposo lo único que en realidad persiguen es darles celos a éste.

Recuerde la frase que alguien dijo: “Un seductor ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. También es bueno señalar que la aventura con una mujer casada es una empresa arriesgada, sobre todo si el marido es karateka o PTJ, por ejemplo.

Pero consuélese sabiendo que las mujeres casadas son superdulces con el amante: toda la andanada de reclamos, quejas, histerias, gritos y berrinches la enfilan contra el marido, mientras que al tercero en discordia lo colman de dulzura y comprensión. Por último, no se desboque y recuerde el refrán: “Nunca le hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”.

Publicado en Letras, septiembre de 1991

ÉPALE 179

Artículos Relacionados