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DE PEDRO CHACÍN / ILUSTRACIONES FRANKLIN ALVIÁREZ

Realmente nunca nos habíamos propuesto escribir acerca del modus operandi para horizontalizar a una artesana. No lo veíamos, digamos, comercial. Pero en virtud a la exigencia de un amigo nuestro, el más joven de los cronistas hípicos del país, el colega Alfredo Iglesias, nos decidimos a realizar la investigación pertinente. Estos son los resultados.

CÓMO RECONOCERLAS

Aquí radica el nudo gordiano del asunto. Las artesanas son difíciles de distinguir: debido a un efecto numérico similar al que poseen algunos animales como el camaleón o los manatís. Las artesanas, a fuerza de pasarse gran parte de su vida activa tiradas en el piso del bulevar de Sabana Grande, llega un momento en que se vuelven del mismo color indefinido, ultracitadino, de los ladrillos, originalmente rojos y grises del piso del gran bulevar caraqueño.

El mimetismo es tal, que uno puede pasar mil veces al lado de una artesana que esté tirada en el piso y lo único que se ve, de rato en rato, es la punta del alambre de cobre con el cual —Penélopes metálicas— se la pasan haciendo y haciendo zarcillos, pulseritas y otros bichitos. Esté atento al destello metálico, porque ahí hay una víctima.

De todas maneras, Feriado logró ver a una recién metida a artesana y se precisó el siguiente atuendo característico: la falda hindú largota, invariablemente con un pañuelo amarrado a la cintura, pelo enredadísimo y casi siempre son catiras, cuando más trigueñas. Las negras son escasísimas.

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POR EL AROMA

El calzado está compuesto por sandalias de cuero que, con el pasar del tiempo, se le pegan de tal manera a los pies que pasan a ser parte de su cuerpo. Si no andan en sandalias, el otro calzado que usan son las mucuritas criollas made in Taiwán. Pero lo más característico es su olor: las artesanas huelen a bulevar.

¿Que cómo huele el bulevar? Si no lo sabe, haga el siguiente experimento: compre un cuarto de kilo de chistorras, una pizza napolitana cruda, lista para cocinar; unas cervezas, un tabaco, un cigarrillo, incienso de sándalo, floral, vetiver y jazmín; un frasco de Azzaro nacional, otro de Deskaro y uno de pachulí.

Váyase luego a su casa, ase las chistorras, cocine la pizza, encienda el tabaco, el cigarrillo y los inciensos, rocíe pachulí con Azzaro y Deskaro, sirva un vaso de cerveza, cierre puertas y ventanas y deje reposar todos los olores un par de horas. La mezcla es la que uno asimila a tasca concurrida, a botiquín repleto. Es un olor urbanísimo. Así, más o menos, huelen las artesanas. Si ve a una con el atuendo, pero no huele de esa manera tan particular, desconfíe, puede ser una periodista disfrazada o, peor aún, una agente de la CIA o una “miembra” kamikaze de alguna organización secreta feminista.

CÓMO LEVANTARLAS

6,5x22,8_JPGEste subtítulo no se refiere a cómo levantárselas sino, literalmente, a cómo levantarlas del piso. Ellas han cultivado una afición por el suelo que, a la manera inversa de esos muñecos que llama “porfiaos” —que usted los tumba y ellos se levantan—, a las artesanas usted las levanta y ellas se vuelven a tirar inmediatamente al piso. No hay manera de que recobren la verticalidad.

Salvo cuando les toca el turno de recoger el cuerito o la telita en donde exhiben el producto de su laborioso y artístico trabajo. Invariablemente, esto ocurre cerca de las nueve de la noche, de tal manera que para hablar con ellas como Dios manda, usted tiene que apostarse detrás de un farol hasta que la artesana, levantando la vista hacia La Previsora, compruebe que es hora de irse. Abórdela, sólo para que muerda el polvo del fracaso: las artesanas sólo le paran a artesanos.

CÓMO CONVERTIRSE EN UN ARTESANO

Luego del rechazo, usted tenderá a abandonar la lucha, lo que no le censuramos. Es más, se lo aconsejamos. Pero si quiere seguir, es asunto suyo.

La alternativa que tiene de triunfo es convertirse en un artesano. Como nosotros no podemos otorgarle una destreza manual con la que usted no nació, lo único que podemos hacer es darle unas sencillas instrucciones para que se convierta en un falso artesano.

Si usted vive solo, puede realizar su transformación en casa; pero, si no, le recomendamos un hotel. Conocemos a un amigo que no siguió nuestras indicaciones y la familia lo internó en el psiquiátrico de Lídice, convencida de que se le había achicharrado el cerebro. Todavía está allí y lo último que supimos de él fue que se convirtió finalmente en un artesano de verdad-verdad, habiendo perdido por completo el juicio.

El proceso es muy fácil. Sólo tiene que pasar, por lo menos, cinco días sin bañarse, sin cepillarse, durmiendo con la ropa puesta (la misma todos los días). Al sexto día, una mirada al espejo lo convencerá de que se ha convertido en todo un artesano.
Previamente debe haber pasado por una ferretería y comprado dos alicaticos y un rollito de alambre de cobre de unos 5 metros de largo. Róbele un bolso de tela a su hermana (si no tiene hermana, cómprelo, pero échelo a perder, maltrátelo, haga que parezca viejo). También debe haber comprado con anterioridad, por lo menos, unos 20 bichitos entre zarcillos, pulseritas y sortijas y un cortecito de tela morado-aterciopelado, de medio metro por medio metro. Ahora sí: empújese pa’ Sabana Grande.

CÓMO ENTRARLES

13x15 JPGLa verdad es que aquí no vamos a poder ayudarle mucho. A pesar de lo exhaustivo de nuestra investigación, no logramos precisar con exactitud cuáles son los temas de conversación favoritos de una artesana, si es que tienen alguno. Las artesanas sólo hacen y hacen bichitos sin hablar. De vez en cuando levantan la vista hacia algún cliente y le dicen, mirando en la misma dirección del cliente, con asombrosa precisión, nunca se pelan, y ¡zas!, dicen el precio de la pulserita que justamente uno estaba mirando: “Doscientos”, y entierran de nuevo la vista en su labor.

Pero afortunadamente, una amiga ex artesana nos pasó algunos datos. Es bueno advertir que la mayoría de los artesanos no duran toda la vida en ello. Es una profesión temporal, aunque se pueden pasar años en el asunto. No es raro que un artesano o artesana que usted conoció hace diez años, lo encuentre ahora al frente de la Gerencia de Comercialización de Maraven, en un cargo en el Instituto de Comercio Exterior o en el MTC.

Bueno, la amiga en cuestión nos informó que hay algunas cosas que sacan a las artesanas de su mutismo, sobre todo si van adecuadamente combinadas: análogamente a las intelectuales, que beben como si la caña se fuera a acabar hoy, las artesanas se mueren por un cachín de caribbean cannabis, “malanga”, “mafafa”, “mariguana”, “monte”, “yerba”, “ganya”, “kanya”… y la magia. La operación tiene que ejecutarla de la siguiente manera: Váyase con el cuerito o la telita morada y los bichitos que compró y tírese al suelo al lado de la artesana que le sorbe el seso. Masculle, pero lo suficientemente alto e inteligible para que la artesana lo oiga y lo entienda, frases con el siguiente contenido: “Esta ciudad es una mierda, asfixia y atropella la paz interior de la gente”, “me quiero ir a Mérida, allá por lo menos se puede respirar”.

Esto es, digamos, para la estrategia más suave. Pero si usted es de los que a no les da pena rayarse con algún amigo que transite por Sabana Grande a esa hora, párese en medio de la calle y grite bien duro: “¡ESTA CIUDAD ES UNA MIERDA, ME QUIERO IIIRRRRRR!”. Por lo menos una docena de artesanas levantarán la vista de sus labores y se fijarán en usted.
Seis ya estarán empatadas y con ellas no tendrá vida. Contrariamente a lo que se cree, las artesanas son mujeres fielísimas. De las otras seis, escoja la que más le guste e invítela a salir, “ganya” mediante, “vara” adelante, “magroña” enseñando. Pero no así de sopetón, dígales “princesa”: las artesanas se derriten por alguien que les diga “princesa”. Luego, lo demás es hablar de duendes, gnomos y magia.

Suponemos que si ha seguido con atención todos los consejos vertidos en esta sección de Feriado, ya usted debe haber dado buena cuenta de una feminista, una intelectual, una deportista y una mujer casada. Por ahora nos encontramos trabajando en un tema unisex, ya que Feriado tiene tantos lectores hombres como mujeres. En un par de semanas esperamos tener lista la investigación que ofreceremos a ustedes en estas mismas páginas.

Publicado en Letras, julio de 1991

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