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DE PEDRO CHACÍN / ILUSTRACIONES JESSICA MENA

En una edición anterior entrevistamos a un seductor. La entrevista ha sido bastante polémica y han llegado por igual felicitaciones y cuestionamientos. Los calificativos van desde “genial” hasta “cómo es posible que Feriado publique una basura como esa”.

De cualquier manera, la entrevista ha levantado un conjunto de opiniones que, favorables o no, han sido motivo suficiente para que continuemos con nuestras investigaciones relativas a las técnicas de seducción de acuerdo al tipo de chica que se quiera levantar. Ya hemos explicado cómo levantarse a una feminista, a una intelectual, a una señora casada y a una artesana.

Complaciendo un sinnúmero de peticiones, hoy abordaremos la extenuante rutina que hay que seguir para levantarse a una deportista.

Lo primero que haremos en este trabajo es delimitar el target preciso del mismo, es decir, ubicar con exactitud a quién va dirigido, de tal manera que nadie pierda su tiempo. Comenzaremos, como es normal, por el principio. Aquí vamos.

CONSIDERACIONES PREVIAS

levante 2Las deportistas son un contingente femenino bastante complejo, pero en general hay dos grandes bandos: las que se mueren por el músculo, “ese tipo sí está bueno”, y las que, probablemente para compensar carencias, se derriten ante cualquier intelectual… o quien finja serlo. Estas últimas chiquillas son las que dicen —con descorazonado simplismo, por lo que hay que estar preparados para soportarlo— “tú si eres chévere, me gustas mucho, tienes una forma de ser tan linda”. Cuando una mujer le hable de su “forma de ser”, dé por seguro que usted no es un atraco desde el punto de vista físico, al igual que a la mujer a quien los demás se refieran con la apelación de “ella es muy simpática”, es fijo que no está buena.

Pero continuemos con la precisión de nuestro target. Si usted es de verdad un intelectual, habrá leído solamente el título de este trabajo porque levantarse a una deportista o, mejor dicho, levantarse a quien sea, no le interesa. Usted está en la búsqueda del sentido de la vida, tarea en la cual le deseamos la mejor de las suertes. Le recomendamos leerse los trabajos de José Balza o Edmundo Bracho en el “Papel Literario”, en este mismo periódico, ya que usted, a pesar de todo, es miembro de la amplia y plural colectividad y queremos llegar a todos los sectores, incluyéndolo a usted (discúlpeme, de paso, por llamarlo “sector”).

Pero si en cambio usted, primero, no es un intelectual, y, además, le gustan esas deportistas de carnes duras, que van en mono hasta cuando las invitan a un matrimonio (el mono es para las deportistas lo que la bata guajira extraancha es para las feas), que andan casi siempre sin una gota de perfume en la piel y siempre olorosas a jabón y Mum Bolita, entonces, por fin, usted es nuestro target. Por cierto, ¿se ha fijado usted que los monos deportivos son “reveladores” mientras que las batas guajiras son “ocultadoras”? Dicho de otra manera, las deportistas enseñan lo que las feas intentan tapar. Pero sigamos adelante con nuestro asunto. Ya de las feministas he hablado en estas páginas y tengo la impresión de que si lo hago una vez más lo de misógino será el calificativo más blando que me van a endilgar.

DEFINICIÓN DEL OBJETIVO

LEVANTE 3Si la atleta pertenece a la categoría de las que se marean por un amasijo de músculos bronceados, búsquese otra, ya que usted nunca podrá optar por una musculatura de ese tenor, por muchas sesiones de ejercicio que se mande. A lo sumo podría desarrollar algunos musculitos que lo harían ver en franelilla tan patético como esas gorditas que se pasean en ajustadas licras por el bulevar de Sabana Grande… o el bulevar Pérez Almarza… o el María Guevara, que las hay con la consabida frasecita de “tú sí eres chévere” y la “forma de ser tan linda”. Pero no se precipite demasiado. Confirme este diagnóstico esperando prudentemente que la deportista comience a expresar su vena poética: todas las de esta clase son poetisas frustradas y escriben versitos kindergarterianos tan malos que, probablemente, le hagan sentir la tentación de abandonar sus planes. Refuerce su decisión pensando fijamente en su triangular objetivo final. Por otro lado, es posible que se vea envuelto en situaciones como esta: cierto amigo mío estaba saliendo desde hacía algunas semanas con una hermosa y esbelta lanzadora de jabalina. La atleta hablaba muy poco por lo que, erróneamente, pensó que era un poco inteligente y el día de sus cumpleaños le regaló un buen libro, Carta a un niño que nunca nació de Oriana Fallaci. Como a los tres días se encontraron de nuevo:

—¿Leíste el libro? —preguntó mi amigo.

—¡Ay sí!, es muy chévere, es mi tipo de libro preferido.

—¿Te refieres a ese estilo tan intimista y social a la vez de la Fallaci? —dijo mi amigo para darse bomba.

—¡No, chico! Qué intimista ni que nada. Es flaco y con la letra grandota, como a mí me gustan.
Cómo entrarles

Lo más efectivo es colocarse a su lado mientras ella trota en el Olímpico. Y buscarles conversación tratando de disimular al máximo el sofoco que al físico de los lectores de este tipo de pendejadas les ocasiona ir más allá del cuarto de vuelta a la cancha.

Un buen tema puede ser el de los desgarrones. Los musculares, claro. Todos los atletas viven en un solo desgarrón muscular de la misma manera que las intelectuales, “sector” del cual también nos ocuparemos en una próxima entrega, viven desgarradas espiritualmente. Desgarrar es un verbo que se conjuga por igual y con la misma gran frecuencia en las escuelas de Letras y Psicología de las universidades… y en el estadio Olímpico.

Prepárese un stock de frases deportivas, de ocurrencias ingeniosas que mezclen lo deportivo con lo intelectual. Le indicamos el siguiente modelo ilustrativo: “Todos hemos caminado hacia la derecha, pero Kiko es Ben Johnson con esteroides y todo”.

Mantenga permanentemente una cháchara relativa a la definición muscular, desintoxicación, etc. Mienta sin rubor propiciando establecer diálogos de este tipo:

—Ayer en la madrugada, trotando por Los Próceres… —en este punto, muy asombrado, el “objetivo” le interrumpirá, orgásmica:

—¡Ay! ¡¿Y tú trotas de madrugada?!

Usted, modesto, debe responder.

—Bueno, no mucho, unos 30 kilómetros diarios —y continúe, con ojos lo más intelectual que le salgan—. Es que corriendo me siento libre —e inclusive puede añadir archilugares comunes como este, seguro que el “objetivo” le hace swing—. Me encuentro conmigo mismo corriendo, dialogo con mis misterios, con mis dudas, me siento desnudo ante ellos.
Esto último, como ve, es de lo más cursilón, pero a las sportwomen les encanta. Seguro que ahí le repiten lo de la “forma de ser tan linda”.

ÚLTIMOS DATOS

LEVANTE 4Después, podemos incluir una serie de recomendaciones generales, muchas de las cuales usted seguramente ya ha pillado. ¡Aquí van algunas!

Evidentemente, acertó, sí, no hay duda: invitarlas a un partido de la Liga Especial de Básquet es mucho mejor que llevarlas a una sesión de Arte y Ensayo —y ladilla, diría yo— en la Cinemateca con Ingmar Bergman y Perán Erminy. Aclaro que lo de ladilla no es tanto por Perán, sino más bien por el “genial director sueco”, como escriben de seguidas los críticos de cine cada vez que ponen “Bergman” en sus crónicas.

Prepárese adecuadamente para subir el Ávila, aunque sea por la parte más papaya, Sabas Nieves. Cómprese un par de monos, unos zapatos deportivos y, una que otra vez, cargue bajo el brazo Sport Illustrated u otra revista similar. Otra cosa importante es que aprenda a meter la barriga, porque aunque no es definitivamente vital para este tipo de niñas, hay que cuidar ciertos detalles: métase una dietecita, si visto de perfil alguna deportista tan ingenua como El Principito de Saint-Exupéry lo confunde con una serpiente que se tragó un sombrero.

HAGA EL ESFUERZO FINAL

Si ha seguido las instrucciones debidamente hasta este punto, la deportista ya estará prendada de usted y probablemente ya haya recibido de ella media resma de poemitas como este:
Cuando te vi por vez primera
yo no sé lo que sentí
mi corazón se lanzó a la carrera
y supe que eras para mí.

Repito, no abandone por el poemita. Sé que en este momento usted se estará diciendo que “por muy buena que esté, yo no soy capaz de rasparme a esta subnormal”. ¡Pero, hombre, no es para tanto, después de todo la chica es bachiller, algo debe tener en el coco!

Publicado en Letras, abril de 1991

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