ÉPALE 222 ANTI PERFIL 1

EMBLEMA DE LA ERA POSTINDUSTRIAL, EL DUEÑO DE FACEBOOK ES EL MÁS JOVEN DE LOS 50 INDIVIDUOS MÁS RICOS DEL PLANETA. CONTROLA LA DATA DE LOS 1.800 MILLONES DE SERES HUMANOS QUE TIENEN UN PERFIL EN ESA RED SOCIAL Y ESO, EN EL MUNDO ACTUAL, VALE MÁS QUE CUALQUIER OTRA MERCANCÍA

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • CLODOHER@YAHOO.COM / ILUSTRACIÓN ALFREDO RAJOY

Si Henry Ford fue el gran ejemplo capitalista a seguir a principios del siglo XX, y hombres como Bill Gates y Steve Jobs lo fueron a finales de esa centuria, Mark Zuckerberg es uno de los íconos de estos comienzos del siglo XXI. No hay nadie que aspire a ser un empresario (o un emprendedor, que es una palabra más potable) de éxito y que no sueñe con protagonizar una historia parecida a la de este estadounidense de 32 años, que participó, a los 20, en la fundación de Facebook y, de resultas, hoy tiene una fortuna superior a los 50.000 millones de dólares.

Cada uno de estos emblemas del mundo de los negocios ha sido un fruto de su tiempo. Ford ofreció al mundo millones de vehículos y un sistema para fabricarlos en serie, con ideología incorporada, desde luego. Los Modelo T eran pesados, oscuros, ruidosos, humeantes. Eran objetos en el sentido recto de la palabra.

Los productos que hicieron millonarios a Gates y a Jobs, en cambio, eran mitad objeto y mitad metamercancías. Llenaron el planeta de computadoras personales y de muchos bienes derivados pero, más allá de eso, vendieron una nueva manera de transmitir y procesar información.

Ya en el siglo XXI, los empresarios de la camada del joven Zuckerberg han prescindido por completo del objeto físico: solo venden la metamercancía.

Pese a los cambios de época, hay puntos en común: los toscos carros de Ford influyeron notoriamente en el mundo. Ni hablar del efecto que produjeron las computadoras, tanto las feas, de Gates, como las lindas, de Jobs. ¿Y Facebook? Bueno, dígalo usted mismo…

Los amantes de la era industrial dirán que es una afrenta comparar a un señor como Ford, que masificó el automóvil, dio empleo a millones y aplicó un sistema para perfeccionar la explotación del obrero, con un nerd que inventó una forma de que la gente crea que tiene muchos amigos. En cambio, los idólatras de la sociedad del conocimiento pueden decir exactamente lo contrario: mientras los capitanes corporativos como Ford vendían cosas, estos de ahora venden inteligencia.

Bueno, la verdad sea dicha: Zuckerberg no ha tenido que montar grandes fábricas; no ha tenido que negociar con sindicatos de obreros; no ha tenido que mandar sus productos a otras regiones, a bordo de buques de carga. Nada de eso: Facebook no fabrica nada concreto, no tiene obreros y sus haberes viajan por todo el planeta, en milésimas de segundos, sin necesidad de pagar flete. Hay que reconocer que es un negocio redondo.

SEGÚN TRES DE SUS EXCOMPAÑEROS DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD EL PROYECTO ORIGINAL DE FACEBOOK ERA DE ELLOS, PERO ZUCKERBERG SE LOS TUMBÓ DESCARADAMENTE, APROVECHANDO QUE LO HABÍAN CONTRATADO COMO ASESOR

Como suele ocurrir en estos casos, hay quien lo glorifica y quien lo sataniza. Los primeros dicen que es el paradigma de la nueva generación emprendedora de la edad postindustrial, un niño prodigio en el arte de crear oportunidades en el mundo digitalizado. Como prueba señalan que, ya antes del éxito de Facebook, había logrado crear un programa llamado Synapse Media Player, un reproductor de música dotado de cierta inteligencia artificial, pues desarrolla la capacidad de sugerir otras canciones al usuario basándose en lo que revela a través de sus selecciones previas.

Los detractores, en tanto, han cumplido su papel. La acusación más grave que le han hecho es la de ladrón de ideas. Según tres de sus excompañeros de la Universidad de Harvard el proyecto original de Facebook era de ellos, pero Zuckerberg se los tumbó descaradamente, aprovechando que lo habían contratado como asesor. Tyler Winklevoss, Cameron Winklevoss (hermanos) y Divya Narenda llegaron a demandar a Zuckerberg, alegando que lo esencial de Facebook es idéntico a la idea que ellos habían planteado en ConnectU. La acción judicial fracasó y el acusado pudo seguir amasando una fortuna que le ha permitido ser el más joven de los integrantes de la lista de multimillonarios de la revista Forbes.

Con apenas 13 años, la red social es una de las mayores corporaciones del planeta y eso convierte a su propietario en una celebridad, a pesar de que no parece gustarle mucho asumir ese rol. Si se le compara con las otras dos superfiguras empresariales mencionadas al principio, habría que concluir que tiene más semejanzas con el insípido Gates que con el carismático Jobs. Deliberadamente o no, intenta proyectar la imagen del muchacho socialmente torpe, encerrado en el garaje de su casa, trabajando en algún invento genial o tratando de hackear a la CIA. Tal vez por ello siempre viste un bluyín desteñido, una franela gris y calza zapatos deportivos. Oficialmente dice que es para no perder tiempo en algo inútil, como eso de escoger un atuendo cada día. En la sede de su superempresa, en un lugar llamado Menlo Park, en pleno Valle del Silicón, tiene un despacho con tabiquería de cristal, lo que permite que se le pueda ver desde cualquier lugar de la enorme sala. Como detalle jocoso mandó a poner un cartel que pide no alimentar al mono.

Otro aspecto de su vida que ha sido ampliamente difundido es que tomó la determinación de que solo comerá carne de aquellos animales que él mate con sus propias manos. Como no son muchos, se ha vuelto casi vegetariano.

Algo de verdad subyace en lo que probablemente sea un plan de proyección de imagen pública cuidadosamente elaborado. Por ejemplo: nunca se ha dicho que este descendiente de judíos nacido en el estado de Nueva York haya pretendido hackear a algún organismo de inteligencia de Estados Unidos, pero sí obtuvo, sin permiso, datos acerca de sus compañeros y compañeras cuando estudió en Harvard. Por esa razón fue sometido a un proceso disciplinario.

De todos modos, no duró casi nada en la famosa casa de estudios, ya que el meteórico ascenso de Facebook hizo innecesaria la búsqueda de títulos universitarios. Lo que sí encontró en Harvard fue novia. En 2005, según las biografías oficiales, conoció a Priscilla Chan, una estudiante de Medicina de ascendencia china, con quien se casó en 2012, una vez que ella se graduó. La pareja tuvo a su primogénita, Máxima, en 2015, y actualmente esperan una segunda niña, según lo anunciaron a través de sus cuentas en Facebook, porque era un poco absurdo que la gente se enterara por otra vía.

Por supuesto que el anuncio de los Zuckerberg-Chan tuvo gran impacto, igual que un mensaje que el empresario escribió en su muro en torno al tema de la globalización. En ese texto criticó solapadamente la actitud de Donald Trump de aislar a EEUU del resto del mundo.

Las autoridades de Harvard, que otrora lo acusaron de violar la privacidad de sus datos, han optado por la postura mucho más conveniente de consentir a su famoso y platudo exalumno. De hecho, le otorgarán el título sin necesidad de volver a cursar materias y también le han concedido el honor de un discurso de grado. De esa manera se equiparará a Jobs, quien pronunció una arenga a los recién egresados de Stanford, en 2005.

Además de su inmensa fortuna, y del valor estimado (en dinero) de su empresa en estos momentos, Zuckerberg puede poner a un gran pedazo de la humanidad en el lado del capital con el que cuenta. Se estima que 1.800 millones de personas están afiliadas a esa red. Se trata de un formidable cúmulo de información etnográfica, antropológica, cultural, socioeconómica, política, mercadotécnica y de cualquier campo que se puede imaginar. Y semejante data empodera aún más a su acaudalado poseedor.

Consciente de que la información, puesta voluntariamente por la gente en sus cuentas, es el meollo de su negocio, está trabajando en mecanismos que perfeccionen ese poder. Por ello decretó que 2017 será un año en el que se aplicarán nuevos algoritmos que se han ideado para mantener a la gente unida, para que los usuarios no pierdan el impulso inicial, que sigan sorprendiéndose igual como lo hicieron cuando se incorporaron y reactivaron su contacto con viejos amores y amistades.

Zuckerberg también ha destinado esfuerzos e inversiones a contrarrestar las oleadas de desprestigio que sufre Facebook cada vez que se difunde una mentira, una media verdad o una postverdad, cosa que ocurre un montón de veces cada día. El propietario principal ha dicho que Facebook privilegiará los “contenidos periodísticos de calidad” para evitar que la red social se use como plataforma para la manipulación. Lástima que estamos en un tiempo en el que los medios profesionales más reconocidos son tan mentirosos como cualquier hijo de vecina en su propio Facebook.

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