POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE282-BOLEROSEs un vals de Agustín Lara grabado en 1946, dedicado a María Félix, actriz de hermosura espectacular, cuando ya era su esposa. Sin embargo, en articulo.org se cuenta que fue dedicado a otra mujer llamada Estrellita, y don Agustín la habría versionado para reconciliarse con la Doña en una de sus múltiples querellas sentimentales. María de los Ángeles Félix Güereña, su nombre real, lo cautivó durante la filmación de Doña Bárbara, y él a ella, porque María era de las que creían que “el hombre es como el oso, mientras más feo, más hermoso”, sin contar la labia y la esplendidez de Lara. Los mexicanos no podían comprender cómo la Doña se pudo enamorar del Flaco de Oro quien, como buen poeta, era un picarón sentimental, aunque ciertamente era feo con bolas, como 20 años más viejo que ella y caracortada.

Lo que no supo nunca fue el cuento de Estrellita, aunque a lo mejor sí, porque el rumor se conoció poco antes de morir. Lara conoció a Estrellita quien era, por cierto, una mujer casada, en un cabaret de la costa de Acapulco. Al fragor de la conquista “una noche, en uno de los más famosos hoteles en Acapulco, el Gran Suite, Lara preparó una velada romántica para conseguir los favores de su amor y, según los trabajadores que subieron el piano a la suite del piso 9, ahí se cantó por primera vez María Bonita. Lara y Estrellita fueron amantes en secreto, por un tiempo”. Sin embargo, “Jesús Blancornelas menciona que solo las primeras dos estrofas de la canción fueron dedicadas a Estrellita, y que el resto lo compuso con su ingenio travieso para reconquistar a su amada María”.

Cuenta Monsiváis, el famoso intelectual mexicano, sobre el sentimiento de María con su bolero, que más bien es vals: “Ya cuando nos hicimos amigos, una vez fuimos a un restaurante en Puebla, por cierto espantoso, y en cuanto entramos la orquesta inmediatamente tocó María bonita. Eso era inevitable. Aun si no había orquesta, los meseros y los parroquianos cantaban esa canción. En uno de esos momentos de brillantez anulada le pregunté si no le aburría tanta María bonita y me dijo: ‘Mira, yo ya no oigo esa canción, pero sé que los hace felices pensar que me hacen feliz’”.

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