POR NAILE MANJARRÉS / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE 231 SOBERANIAS

Esta siempre ha sido igualita a las otras Marías: flaca queriendo engordar y gorda queriendo ser flaquita. Insultada o golpeada en la juventud, y de distintas formas, como todas. Desertora y detractora del matrimonio como contrato a la violencia, como pocas.

Casada con una hija. Soltera con dos hijas. Soltera y dueña de su casa, de sus problemas, de su carro, de su cuerpo, de su vida. Soltera con dos títulos universitarios, entre desempleos y decepciones. Soltera que se mudó en cinco ocasiones y acomodaba la nueva vida en un día, arreglaba tuberías, pintaba, martillaba, escuchando Los Ángeles Negros y tomándose seis frías.

Erótica. Sensual.

Honesta, leal.

Serena, intensa.

Dura y flexible.

Paciente, impaciente.

Interrogante.

Error en el sistema.

Eterna figura discordante.

Nunca ha dicho ser feminista. ¿Lo necesita?

“Mijo, vos que sois artista, haceme un Simón Bolívar y un Simón Rodríguez pa’ la escuela de la muchachita”, pide ayuda a sus 54, porque debe hacer tareas, ser supervisora en una empresa, dar charlas de ética, limpiar la casa, cocinar, atender a tres nietas y pagar 20.000 bolívares por una rolinera para su camioneta, siendo optimista y aportando soluciones en esta crisis de mierda. ¿Quién coño puede? Ella.

María no tiene tacto ni tiempo para dar consejos. María da el ejemplo.Hija consciente, madre presente, aún obligada por las circunstancias a estar ausente. Abuela omnipotente y amante independiente.

En este país cundío de heroínas dadas por sentado, naturalizadas y en el anonimato.

María se llama mi madre y es así: igualita a todas, por diferente.

 

ÉPALE 231

Artículos Relacionados