ÉPALE293-MARIANA PINEDA

26 AÑOS TENÍA CUANDO SE ENFRENTÓ AL GARROTE VIL, Y ESE DETALLE LA HIZO ENTRAR POR LA DOBLE PUERTA DEL SUPLICIO: ENTRADA EN LA MUERTE, ENTRADA EN LA LEYENDA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

El garrote vil es o fue una técnica para asesinar gente, implementada por lo más enfermo del poder español. La pena capital, llevada a expresión de política de Estado, ya tenía en España unos cuantos siglos de perfeccionamiento (es decir, de institucionalización de la perversidad), de modo que la Iglesia y el absolutismo habían probado ya unas cuantas formas de quitarles la vida a las personas; delincuentes y diletantes políticos la mayoría. En abril de 1831 gobernaba en ese reino de la monstruosidad Fernando VII, el mismo a quien se supone que la generación independentista echó de América Latina en 20 años de heroísmo y destrucción. En aquella metrópoli venida a menos seguía habiendo luchadores y conspiradores dispuestos a liquidar a ese poder decadente y monstruoso, y la monarquía los iba liquidando uno a uno en procesos judiciales instantáneos y absurdos. En uno de esos tejemanejes seudolegales se decidió que Mariana Pineda, muchacha de 26 años, acusada de liberal, fuera ejecutada con la técnica del garrote vil.

La cosa era así. Te sentaban en una silla de espaldar alto. De ese espaldar sobresalía una especie de collar de hierro que te rodeaba el cuello y que, en la parte de atrás, tenía una bola o muñón que se movía con una palanca y un largo tornillo: allá atrás alguien giraba la palanca, el tornillo incrustaba la bola dentro del collar, y como dentro de ese collar estaba tu pescuezo morías con varias vértebras y parte del cerebro aplastados por presión mecánica.

Cuentan que Mariana fue conminada por última vez, frente a este artefacto, a delatar a sus compañeros de conspiración. Y que ella dijo: “Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios”. Unos pocos minutos más y su cuello se quebraba con unas pocas vueltas de tuerca del verdugo.

¿Y QUÉ FUE LO QUE HIZO?

Había en Granada un señor muy poderoso con un cargo de nombre grotesco: Ramón Pedrosa, Alcalde del Crimen. Cuenta el chisme que ha trascendido que este sujeto le echaba los perros a Mariana, que esta lo rechazó repetidas veces y que ese fue su primer error mortal. Ni un besito le dio Mariana al hombre cuya misión era perseguir y capturar sediciosos. Sediciosa o colaboradora de sediciones, ella misma se rifó la muerte y el suplicio y tenía comprados todos los números.

EL REBUSCAMIENTO DEL ESTADO CRIMINAL LLEGABA A TAL PUNTO QUE LUEGO SE DEMOSTRÓ QUE LA BANDERA HABÍA SIDO HECHA EN OTRA PARTE, Y “SEMBRADA” EN LA CASA DE MARIANA PARA QUE FUERA DESCUBIERTA ALLÍ

Los crímenes concretísimos que se le imputaban eran haber ayudado a escapar de la cárcel a un prisionero, familiar suyo; y uno más aparentemente inocuo pero decisivo: encontraron en su casa una bandera de los liberales, de la que se dijo que había sido bordada por ella misma. El rebuscamiento del Estado criminal llegaba a tal punto que luego se demostró que la bandera había sido hecha en otra parte, y “sembrada” en la casa de Mariana para que fuera descubierta allí. Unos pocos días fue recluida en su casa, de donde intentó escaparse; en una de esas fugas frustradas dicen que le propuso al esbirro que la capturó que huyera con ella, y eso se agregó al expediente con más saña todavía: qué bolas, intentar sobornar a un hombre recto y justo con el detalle de sus caderotas y tal. Otro chisme que quedó muy bien ejecutado en la obra de García Lorca.

A Mariana la asesinaron el 26 de mayo de 1831, a los 26 años de edad. Desde los 17 había sido madre (dos hijos dejó huérfanos), así que algo sabía de suplicios y pesares. Un año después de esta ejecución, la rata de Fernando VII decidió abolir la pena de muerte por horca e instituir el garrote vil como forma de asesinato. Su argumentación para tal decreto decía esto:

“Deseando conciliar el último e inevitable rigor de la justicia con la humanidad y la decencia en la ejecución de la pena capital, y que el suplicio en que los reos expían sus delitos no les irrogue infamia cuando por ellos no la mereciesen, he querido señalar con este beneficio la gran memoria del feliz cumpleaños de la Reina mi muy amada esposa, y vengo a abolir para siempre en todos mis dominios la pena de muerte por horca; mandando que adelante se ejecute en garrote ordinario la que se imponga a personas de estado llano; en garrote vil la que castigue delitos infamantes sin distinción de clase; y que subsista, según las leyes vigentes, el garrote noble para los que correspondan a la de hijosdalgo”.

Hermosa retórica para el que decide quién muere y de qué manera. Por cierto que ese Fernando murió 16 meses después que Mariana. La Historia es la gran verduga de todos los tiempos.

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