POR STAYFREE / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

EPALEN301SOBERANIAS550Felipe, un militante fervoroso de nuestro proceso socialista bolivariano, lee en una estación del Metro lo siguiente: “Maduro y Lucifer ‘Anticristo’”. El hombre llega a su casa furibundo contra los escuálidos: “Estos escuálidos de mierda, Matilde, ¿hasta cuándo esta lavativa con esta gente, vale?”. Su mujer le calma los ánimos dándole un jamón (como dirían los patoteros de antes), le abre el pantalón y le da uno de los mejores felatio de toda su vida. Felipe se desnuda y se coge, también, a su mujer como nunca; cuando acaba tienen unos minutos para un romancito. De repente, escuchan que viene Junior con unos amigos y los pures corren llevándose la ropa y todo lo que pueden para no dejar evidencia, y se esconden en su cuarto. Junior es un chamo gay y viene con Milena, Susana, La Coqui y su novio, el Güeider. Jóvenes lesbianas, un transexual y un gay activo se ponen a hablar en la sala a gritos, mariqueando de lo lindo mientras el Güeider hace unas arepas para el grupo.

—Marica, pásame la cuchara —le  dice Junior a Susana.

Esta le responde: “¿Te sirve esta?”, abriéndole las piernas.

El Junior se caga de la risa y empieza con un coloquio.

—¿Se imaginan que yo tuviera una cuca? De verdad sería un verdadero Anticristo. Pero yo no quiero una de esas cucas de fantasía como la de La Coqui.

—¡Estúpida! —le grita, entre risas, su amiga.

—Yo lo que quiero es una cuca de verdad, con todo el aparato reproductor, pa que el Güeider me coja y quedar bien preñada.

—¡Ta bien, pues! —dice el Güeider.

—Yo soy la madrina de tu primer hijo, Junior —bromea Milena.

—Y me haría presidenta, me presentaría en la ONU diciendo: “Yo era marico, pero ahora soy mujer y también he parido. Así que sí se puede”.

Felipe, mientras tanto, escucha todo esto desde su cuarto y su mujer le dice que no haga ningún escándalo delante de los chamos.

El Junior sigue con su coloquio y dice:

—Chica, es que tener una cuca es el poder y parir es la merma. Es que me llamarían la Anticristo, no joda. Y que alguno de esos padres de la iglesia se le venga a ocurrir tocar a un hijo mío, ¡no habría agua bendita que pudiera conmigo!

Matilde agarraba y le tapaba la boca a su marido, con dificultad.

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