Maritza, la muñequera de cabellos rojos

Maritza Cabello

Sus muñecas y personajes reivindican a la mujer, a la niña rebelde y a su derecho a la rebeldía, ella es sus muñecas vivas

Por Ketsy Medina / Fotografía Moisés Mercedes

Maritza Cabello se describe como artista venezolana, mujer, caraqueña, activa, creadora hiperquinética, profesora de Literatura, muñequera artesanal, actriz de teatro, cuentacuentos, madre y cuidadora amorosa de su perrito.

Mary como cariñosamente le llaman sus más cercanos afectos, es egresada del Pedagógico de Caracas, institución educativa por la que siente gran amor y por la que el estado de deterioro actual le genera tristeza.

En su trayectoria Cabello pasó por las aulas del Fe y Alegría y quizás le conociste como profesora, pues por más de seis años dio clases en distintos liceos de Caracas; al profesionalizar su pasión, el teatro, cambió los salones para convertirse en maestra de las tablas.

Su primera experiencia formativa teatral inició a los 13 años, siendo su profesor un estudiante del Centro de Creación Artística Taller Experimental de Teatro (TET) con quien se impregnó de la técnica de esta escuela, adulta el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral y a otra escala el TET, fueron sus casas de estudio, hasta graduarse finalmente con el Grupo actoral 80.

El llamado

“Me pasó que me encontré en un mundo muy adulto, trabajaba, estudiaba y en las noches hacía teatro, mi hijo estaba conmigo siempre, iba conmigo para todas partes, a sus 4 años, en la fiesta de cumpleaños, me di cuenta que sólo habían adultos, entonces me dije, debo darle un giro a lo que estoy haciendo, tengo que incursionar más en el trabajo con la infancia.

Hice un diplomado en Literatura Infantil y Promoción de la Lectura, esto y otras cosas me fue acercando al mundo de los niños, sentí que era mi línea de investigación académica y autodidacta”.

Muñecas patrocinantes

“A los 16 años ya sabía lo que quería, hacer teatro y por aquello de que el arte no es bien visto en la familia, me fui de la casa. En el camino me conseguí muchos ángeles maestros que me cuidaron y me apoyaron, nunca dejé de estudiar, seguí formándome y la forma de ganarme la vida la aprendí con una maestra, María Angélica Campo, vino perseguida por la dictadura en Chile, después que tumbaron a Allende.

María Angélica necesitaba una persona que le ayudara a hacer muñecos, me invitó a su taller y allí comencé a formar parte del mundo de los muñecos, esto se convirtió en mi sustento, hacía teatro, pero las muñecas eran quienes me pagaban todo, con ellas me compraba mis libros, las muñecas las vendía entre Sabana Grande y la Plaza de los Museos en Bellas Artes.

Una vez comencé a hacer teatro profesional, seguí vendiendo muñecas en tiendas y por encargo, y pude vivir del teatro”.

Los cuentos

“Los cuentos llegaron a mi vida como todas las cosas, conocí a Laura Montilla, una gran contadora de cuentos, fundadora junto a Armando Quintero de la Vaca Azul, me invitó a trabajar con ella, nunca antes lo había hecho, porque es muy distinto a actuar, pero Laura me enseño la técnica y de ahí en adelante floreció mi gusto por los cuentos. Contar cuentos te da más libertad, es otra cosa, porque es posible la magia del contacto con los niños”.

Mary reclama sus derechos

“He sido una niña que tuvo que salir adelante, que tuvo que imponerse y decirle a los demás que lo que quería hacer era arte, muchas veces me tocó decir quiero ser Yo y Mary una de mis muñecas es la cara mía.

Una vez fui a hacer un casting y me dijeron que era muy buena, que mi trabajo era espectacular, pero que lamentablemente era muy blanca para ser negra y muy negra para ser blanca. Mi madre me decía que no me iban a contratar en ninguna televisora que viera mi cara, entonces me dije que impondría mi tipología, no por la fuerza, pero sí, para mostrar la existencia de la belleza en ella.

En este proceso de pensarme, me di cuenta que desde niña siempre tuve que estar defendiéndome, si brincaba mucho era considerada un varón, si peleaba era varón, si no me dejaba hacer los rollos en la cabeza era varón, crecí con todo esto y de momento me vinieron un montón de anécdotas personales, cómicas, que las quise hacer muñeca y cuento. Mary la muñeca que cuenta cuentos soy yo tremenda, soy yo de niña reclamando mis derechos, reclamando me respetaran como era y que me aceptaran como soy, bachaca”.

Marizta en cuarentena

“Siento que soy una niña grande que es distinto a ser una persona irresponsable o inmadura, tengo esa energía infantil conectada, veo la belleza en todas partes y eso me lo ha dado el mundo de la infancia.

Estos días de cuarentena me había mantenido en casa, hasta que salí de la tranquilidad de los Frailes de Catia. Estando en la estación del Metro Gato Negro, me impresionó mucho ver la realidad, ver la cola de la gasolina, la gente usando los tapabocas y por más que trate de contarlo, no pude evitar tener un ataque de pánico, me impresionó muchísimo, y creo que esa sensación es la de un niño”.

Mujeres creadoras

Todas tenemos un don, sólo hay que cultivarlo, el don de la creación está en nosotras, pero hay que descubrirlo para con disciplina trabajarlo, tener paciencia, porque tampoco los resultados son inmediatos, es necesario conocer bien la base, la teoría para que más adelante, puedas ser libre.

ÉPALE 368