Marlon Zambrano: Un militante fiel y fascinado por la crónica

“La crónica, o el periodismo narrativo, es la mejor manera de contar a Caracas porque te permite expresarla y hablar de su formas”, así inició la entrevista que realizamos a Zambrano, hombre que con su oficio, lleno de encantamientos y recorridos, nos habla de su trabajo como escritor

Por Ketsy Medina Sifontes@ketsycarola / Fotografía Alejandro Zambrano

Las introducciones ubican en contexto al lector y la lectora, ayudan a presentar la historia y a sus personajes. En esta oportunidad me gustaría hablarles de Marlon como si se tratase de un personaje, que forma parte del equipo de redacción y producción de una revista y escribe con encanto sobre cualquier tema que le asignen.

Su andar es el de los espíritus viajeros, y no podía ser distinto si habita en una de las ciudades satélites de la periferia de Caracas, lo que le hace moverse en un mismo día en dos universos paralelos: el verde de Guatire y el sucio pavimento de Caracas.

A Zambrano lo he leído y cuando escribe sobre temas que me encrespan con facilidad (feminismo) encuentro siempre ese tono respetuoso pero no miedoso, encuentro indagaciones, encuentro lectura e investigación; pero sobre todo encuentro risa y aquí les comparto un poco de este personaje real que ama su oficio, por el valor que tiene la narrativa para la liberación de los pueblos.

—¿Cómo te sientes al ganar el Premio Nacional del Periodismo en la categoría periodismo impreso?

-Honestamente, soy muy poco dado a aceptar estos reconocimientos, un poco por vergüenza, otro poco por timidez y otro poco, quizás, porque uno se infravalora y siente que no se merece semejante reconocimiento. Entonces, recibir un Premio Nacional de Periodismo es un gran orgullo, porque uno pasa a formar parte de una larga lista de profesionales de la comunicación que se han dedicado con pasión, entrega y sabiduría a esta disciplina que considero, como decía Gabriel García Márquez, el mejor oficio del mundo. Formar parte del listado de personas reconocidas con este premio para nada quiere decir que mi espíritu sea gremialista, porque eso no lo soporto mucho. Me parece valioso el aporte que hizo Chávez cuando irrumpió con el poder de la comunicación en manos de gente que no necesariamente se formó para ello, pero que cuenta con todas las habilidades, destrezas e inteligencia del pueblo llano para comunicar y decir las cosas más allá de los rudimentos que dan las escuelas de comunicación; entonces no quiero lanzas por gremios, pero sí por un premio que ve la comunicación como un ejercicio de liberación.

—¿De qué otros premios puedes contarnos?

-De manos de Chávez recibí un reconocimiento especial en el año 2001, la orden Francisco de Miranda en su Tercera Clase, en el marco del Premio Nacional del Periodismo, para mí fue un momento clave en el ejercicio de esta profesión, que me han hecho en la vida. Luego tuvimos otro reconocimiento por el trabajo realizado en el periódico Tere Tere, una iniciativa de comunicación popular que desarrollamos aquí en Guatire y que ha sido uno de los grandes logros profesionales que puedo exaltar. Los premios pueden significar que nos estamos haciendo viejos o que hemos logrado hacer un trabajo con cierta dignidad y respeto; entonces, se convierte un premio Nacional de Periodismo, y es lo que uno quiere creer: en la sumatoria de los esfuerzos que uno, junto a un equipo de gente, ha hecho en la vida.

—¿De qué fuentes sacas provecho y cómo has logrado ir puliendo tu estilo?

—Los acontecimientos que se viven en la ciudad son tan misteriosos y mágicos, tan locos y absurdos a veces, que el relato de la ciudad llega a convertirse en una historia rica y variada; esto es posible lograrlo si uno se cubre con el manto protector de la narrativa y utiliza recursos metafóricos —lo verosímil más que la verdad, lo creíble y hasta lo increíble— para poder contar a Caracas. Escribo a partir de lo que he leído, realmente no hay más; cuando escribo, humildemente, pretendo ser un Gabriel García Márquez, un Pedro Lemebel, un Carlos Monsiváis o un Truman Capote, porque es lo que lo atraviesa a uno en la cotidianidad y vale decir que es imposible escribir si no se lee. Lo que lees es lo que te nutre y termina convirtiéndose en tu combustible, en las referencias de qué decir o cómo decir con palabras lo que piensas.

—¿Cómo es tu relación con las dos ciudades por las que sientes tanto cariño?

-Siento una dualidad tremenda en la relación Caracas-Guatire porque cuando estoy en Guatire, sobre todo los fines de semana, no quiero moverme de allí, es el sitio que más amo en el mundo; pero cuando estoy en Caracas no quiero regresar a Guatire. En Guatire está el sabor a pueblo que brota en cada uno de sus espacios, ese al que se refiere la crónica aldeana del cronista Aníbal Palacios, eso que te lleva a querer estar aquí, sentir el calor asfixiante y ver el paisaje de la montaña, por cierto, una de las vistas más hermosas del Waraira Repano se ven desde Guatire. Cuando estoy en Caracas me pasa lo mismo, me apasiona la locura de la ciudad, me asombra todo, dejo arrastrarme por el extrañamiento; y es que me encanta la ciudad, incluso en su deterioro, en su abandono. Uno de los sitios que particularmente llaman mi atención es toda la zona por la que se ubica la Plaza La Concordia, las fachadas de las casas destruidas pero al mismo tiempo vivas, donde desde portales y balcones emergen niños que salen a tomar las aceras, la bulla en la vía, los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela que contrastan con las casonas de principio de siglo pasado. Todo esto me parece fascinante y sólo lo da Caracas. Es la autopista la que me permite, en 30 minutos de distancia entre ambos amores, abandonar a uno para entregarme al otro en cada viaje.

—Háblanos de tu pasada por la poesía y escritos en otros géneros distintos a la crónica 

-Desde que nació el Festival de Poesía Realenga, impulsado por la cooperativa Editorial La Mancha, formo parte de lo que podríamos llamar poesía de la periferia o poesía no oficial, desde allí hacemos lo que podemos. Hemos realizado actividades bellísimas del Festival en Caracas y Guatire y continuamos porque creemos en la poesía de calle. Tengo un libro llamado Temporal Lacanes, con dos ediciones, una con la Editorial La Mancha y otra con la Editorial El Perro y la Rana, algún material inédito que tengo por allí y un ensayo sobre la Parranda de San Pedro de Guatire, Patrimonio de la Humanidad, llamado “De la tradición ritual al espectáculo urbano”, donde nos hemos acercado mucho los cultores y cultoras de Guatire; allí hacemos un análisis del impacto de la cultura de masas sobre las tradiciones populares.

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