Marzo / Carola Chávez | De humor y amor

Es como si tu hada madrina se instalara al lado de tu cama y te hiciera cosquillas antes de dormir. O te recibiera al levantarte, para darte los buenos días con una sonrisa predispuesta. Su patrimonio indiscutible es la alegría, y cuando ríe lo hace a corazón batiente, porque su placidez no es un acto ensimismado sino que pretende ser contagioso. Por eso Carola Chávez escribe y le publican, a conciencia o para su sorpresa, como la vez que Chávez la leyó en vivo durante un consejo de ministros mientras ella lo escuchaba sorprendida, llorando y riendo sola en casa. Y es que lo que ella logró, con su verbo florido, impúdico y mordaz, fue traducir nuestra idiosincrasia gozosa, que encuentra excusas para celebrar la vida a pesar de las desgracias. No hay nihilismo en su decir, ni un cinismo a ultranza, sino que se escuda en la inteligencia (como todo acto de humor) para despertar la conciencia y situarnos, finalmente, frente a la reflexión. Por eso mete el dedo en la llaga malhumorada de una oposición que la mayoría de las veces produce risas que casi es llanto, así como denuncia -sin complacencias- lo maltrecho a lo interno de la revolución. Diminuta y festiva, profunda y despeinada, dicen que ahora se la echa porque anda de parlamentaria por el estado Nueva Esparta, desde donde ya la llaman “la diputada de los Clap”.

María Zambrano

ÉPALE 395