POR MARÍA GABRIELA BLANCO / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

SOBERANÍAS SEXUALESSe conocieron físicamente en marzo; bueno, las presentaron un mes antes; ¡qué digo!, una le pidió la solicitud por Facebook a la otra hace más de un año. Les explico.

Como muchas relaciones actuales, esta se originó gracias al internet. La chica más pila (que llamaremos Daniela) buscó por el car’e libro a la olvidadiza (que llamaremos María), le hizo la solicitud y esperó. María, que “stalkeó” previamente a la muchacha, se dio cuenta que eran de la misma ciudad de infancia y compartían algunas personas en común, no de su entorno, pero sí conocidas. Sintió curiosidad y la aceptó. Días transcurrieron y Daniela, por fin, le escribió. Aquí no hay mucho que decir, María estaba con alguien y creemos que Daniela también, aunque no lo confirmó en la chateadera inicial. Tenían algo en común. A ambas les gustaba una bebida dulce a base de anís que lleva por nombre una orden religiosa de clausura, fundada por San Bruno en 1086. No hubo chispa en este primer episodio. No la que hubiéramos deseado, pero toda buena historia siempre puede comenzar por un “hola, ¿te conozco en persona?”. Todo este tiempo lo resumimos en “me gusta”, “compartir”, “comentar”; llegado el Instagram, la misma situación y uno que otro mensaje privado para mantener la comunicación. El año pasó y la ciudad de origen volvió a encontrarlas. En casa de María las presentó una amiga en común. En esta ocasión María seguía saliendo con alguien más, y suponemos que Daniela también, aunque ella se mantuvo desinteresada. Al tiempo nos contó que sabía al lugar que iba y pensaba que tendría chance, pero había perdido las ganas cuando vio a María acompañada.

Capítulo insípido que ni vale la pena detenerse a relatar.

Como la tercera es la vencida, le tocó al mes de marzo. Día domingo. Dos grupos diferentes y dos personas que se conocían ganadas para el bochinche, una en cada grupo. Esto bastó para el encuentro, sumado al programa que se acordó de la siguiente forma: esperar a los primos del primer bochinchero (María incluida), para luego avisarle al segundo bochinchero y su combo (Daniela adjunta) que los pasara buscando para achantarse en una de las casas. Como dice Elvira Sastre: “Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado”. Se vieron, bebieron y, entre chistes y echaderas de perros boletas, se enamoraron. A los dos meses de pareja Daniela, cual Moira —tijera en mano para cortar el hilo de vida de María—, le dice que se irá del país. Como el número de esta edición, 242, el dos del mes cuatro se hicieron novias y recién acaba de cumplir dos meses que se fue Daniela a la Calheta (Madeira). Toda relación es difícil al comienzo porque forma parte del conocerse una a la otra, pero ¿cómo llamamos estar a más de tres mil millas náuticas y cinco horas de diferencia? ¿Dejar que las Moiras controlen su destino o que estas chicas asuman que deben estar juntas?

ÉPALE 242

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