Me lo dijo un pajarito

Por María Eugenia Acero Colomine • @Andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez 

Esta semana recibimos en la casa una visita especial: doce guacamayas nos abordaron en la ventana de la casa y nos acompañaron por un buen rato. Asombrados, buscamos corriendo pan, arroz y algo de comida para darles a las niñas en agradecimiento por su gesto benevolente hacia nosotros, humanos encerrados y presos en esta pandemia.

En las pocas salidas que me he atrevido a hacer, las calles no están tan solas. Antes bien, los zamuros parecen haberle perdido el miedo a la gente y ya no les importa buscar la comida en la acera, incluso espantar a los transeúntes. Por los lados de Los Próceres, Los Chaguaramos y Bello Monte los gavilanes están cada vez más visibles: ya parece importarles menos la presencia de los humanos y se dedican a cazar ratones y tuqueques en plena vía pública. Los colibríes han sido otra aparición frecuente. Por los predios de la plaza El Venezolano hay uno que siempre se para frente a los árboles circunvecinos, y su presencia ya es cotidiana. Incluso, por mi casa hay uno que siempre viene a chupar de nuestras flores y lo terminamos bautizando “Panchito”.

La naturaleza parece estar celebrando que los humanos no nos paseamos por el mundo con nuestra prepotencia característica. De hecho, se han hecho mediciones del agua y del aire y los estudios han arrojado que se encuentran más limpios que de costumbre. En todas las ciudades del mundo se ha experimentado el fenómeno de las visitas de diversas especies animales a los centros urbanos.

Así, se han visto zorros y zarigüeyas en Bogotá; pumas en Chile; patos, pavos y jabalíes en España; por citar sólo unos ejemplos. Grace Wong, bióloga de la Universidad Nacional de Costa Rica y experta en vida silvestre, asegura que los animales perciben que algo está pasando en su entorno, que, de cierta manera, ya no hay tanto riesgo y por eso se animan a explorar. Este tipo de fauna suele “estar presente en las zonas urbanas donde hay parches de bosque, corredores ecológicos y salen más allá de los límites que antes percibían”, dice.

En la ficción ha habido historias en las que animales y plantas se desquitan de la gente, como Los pájaros, de Hitchcock, y El incidente, de Shyamalan. La naturaleza en la vida real, más bien, se muestra benevolente y empática, dándonos nuevamente una lección de superioridad moral. En Caracas, las aves están aprovechando para recuperar espacios y hasta de mostrarse solidarias con nosotros al venirnos a visitar.

ÉPALE 392