Memorias de un pibe que fue un dios

LA PASIÓN DE DIEGO MARADONA POR EL FÚTBOL SE INICIÓ A LOS 3 AÑOS, CUANDO LE REGALARON UN BALÓN Y DORMÍA ABRAZADO A ÉL PARA QUE NADIE SE LO QUITARA

POR GERARDO BLANCO • @GERARDOBLANCO65
FOTOGRAFÍAS ARCHIVO

Venirse a morir así. Un tipo que adoró el planeta entero, que convocaba a millones para verlo jugar en cualquier cancha y, en el último suspiro, sólo tenía una desconocida enfermera a su lado que seguro ni siquiera disfrutó la maravilla de sus goles. Diego merecía morir entre sus afectos. Su familia había sido el norte de su vida, desde pibito, cuando en Villa Fiorito pasó todas las penalidades antes de volverse un mito. Doña Tota y don Diego eran su adoración. Y cómo no iban a serlo, si la Tota le ayudaba en todas sus andanzas y convencía al padre de apoyar a El Pelu en sus sueños de futbolista.

Deslumbró a los 9 años con el equipo Los Cebollitas

¿Te acuerdas Diego, cómo comenzó esta historia? El balón que te regaló tu tío. 3 años tenías, y allí estabas el día entero dándole a la pelotica. Tac, tac, tac… la hacías rebotar en tu pierna zurda y dormías abrazado con ella para que nadie te la robara, en esa villa miseria de Fiorito. Ocho hermanos en una pieza, piso de tierra y cuando llovía tenías que esquivar las goteras para no terminar empapado. Pero así creciste. Don Diego que se partía el lomo todo el día para llevar el pan a la mesa, la Tota que hacía lo imposible para que fueras al colegio y tú que ibas a cualquier parte brincando en la pata de palo, mientras con la zurda hacías malabares.

La gente te veía pasar por las calles del barrio y, al principio, creían que lo tuyo era cosa de locos. Mira que recorrer la calle, pasar por el puente, ir al abasto y volver a casa dándole tac, tac, tac a la pelotica no era normal. Pero tú nunca fuiste un nené común y corriente. El fútbol te eligió desde la cuna. Te dio el don que desarrollaste por tu cuenta. Porque nadie te decía cómo era que tenías que gambetear o pintarle la cara a los rivales. Te salía solo, por intuición natural, sabías que si te salían por aquí tú la tocabas larga y seguías con la pelota. Y si te venían a meter el hachazo, brincabas como una rana y zafabas el golpe.

Su infancia en Villa Fiorito

No me olvido la flor de baile que le pegabas a todos esos pibes, cuando jugabas en Las Siete Canchitas de Villa Fiorito, todas pedregosas y polvorientas, pero que para ustedes era como estar en La Bombonera. Tirabas tacos, caños, sombreros y en cada picadito marcabas media docena de goles con Estrella Roja, el equipo que armaba tu viejo.

El hijo predilecto del barrio

Los de Argentinos Juniors no creían que tenías 9 años cuando te probaron en Los Cebollitas, el primer equipo que hiciste famoso en Argentina. “Seguro que eres de 1960”, te preguntó muy serio don Gregorio Cornejo, el entrenador que te ayudó tanto en las inferiores de Argentinos Juniors, después de que se quedó asombrado cuando anotaste dos goles en tu primera prueba. ¡Si hasta creyeron que eras un enano y que te cambiabas la edad para engatusarlos!

Convirtió al humilde Nápoli en un equipo ganador en Italia y Europa

DE CEBOLLITA A CAMPEÓN JUVENIL

La gente comenzó a hablar de ti cuando te pasaron por televisión y hacías esos jueguitos con el balón en la cancha de Argentinos Juniors, en aquel partido contra Boca Juniors. Nueve o 10 años tenías y allí estabas, en el medio de la cancha, toca que toca la pelota, que subía a tu cabeza, caminabas con el balón dominado, lo bajabas a los hombros y volvías a controlarlo con la zurda sin que la pelota tocara el piso. “¡Que se quede, que se quede!”, coreaban los hinchas de Boca Juniors para que no te sacaran de la cancha en la reanudación del juego, y allí empezó tu enamoramiento con los colores azul y oro de Boquita.

Fue un ascenso meteórico lo que viviste, Diego. En tres años pasaste de Los Cebollitas a debutar en Argentinos y a que “El Flaco” César Luis Menotti te preseleccionara para la selección albiceleste que jugaría el Mundial de 1978. Nunca entendí por qué El Flaco te cortó del equipo en la última semana. Dijo que eras muy pibe y prefirió dejar a “El Bocha” Bochini, que había sido una gloria con Independiente de Avellaneda, tu ídolo, pero que ya las piernas no le daban para un mundial. “Se le escapó la tortuga a El Flaco”, como siempre decías sobre ese capítulo de tu vida.

A Menotti al final no se le escapó la tortuga

Creo que dejó a El Bocha por reconocimiento a su trayectoria y, aunque te dolió en el alma, viéndolo a la distancia, fue mejor para ti no haber disputado este campeonato. El Mundial de 1978 estuvo manchado de sangre, Diego. Mientras “El Matador” Mario Kempes y Leopoldo Luque marcaban goles y la gente enloquecía en los estadios, afuera los milicos torturaban y desaparecían gente. Te hubiera pasado como a todos los que integraron aquella selección campeona del mundo, que han tenido que vivir con el peso de que fueron silenciosos cómplices de los militares en esa guerra monstruosa contra tu propia gente.

Pero en 1979 ganaste tu primera copa internacional con Argentina en el Mundial Juvenil de Japón. Fue tu revancha. Y a Menotti esa vez no se le escapó la tortuga. Te puso al frente del equipo y machacaste a los soviéticos con ese tercer gol para sentenciar el 3-1.

LOCOS POR MARADONA 

Después de ese mundial dejaste de ser Dieguito, El Pelusa, como te llamaba la Tota. Te convertiste en Maradona, el nuevo genio del fútbol mundial, el heredero de El Rey Pelé (porque, hasta entonces, todos los aspirantes al trono habían fracasado). El que estuvo más cerca había sido el neerlandés Johan Cruyff, otro genio para tocar, driblar, tirar paredes, túneles y vacunar en el área. Pero al bueno de Johan le faltó consagrarse en el Mundial de Alemania 1974, cuando comandaba aquella Naranja Mecánica de Rinus Michels.

Pero no nos desviemos, Diego. El Mundial de Japón te catapultó. River Plate andaba loco por comprar tu ficha. Ofreció un montón de plata a Argentinos Juniors, pero tú inventaste la historia de que Boca Juniors te había contactado y la directiva del cuadro xeneize no tuvo más remedio que contratarte, porque si no lo hacía se le venía la hinchada encima.

Campeón con Boca en 1981. Inolvidable ese penalti que le marcaste a Racing en el último partido para dar la vuelta olímpica en La Bombonera, que no paraban de cantar el coro que luego se hizo famoso: “Maradooooooo, Maradoooooooo…!”. Una locura. Si hasta tu hermano Hugo, “El Turquito”, se metió en la cancha y se guindó en tu espalda para celebrar.

Muy poco te pudimos disfrutar en Boca, porque un año después desembarcaste en Barcelona, luego del Mundial España 1982, que debió haber sido tuyo. Pero te mataron a palos todos los defensas. Recuerdas cómo te persiguió el italiano Claudio Gentile. Hasta los brasileños, que heredaron el fútbol-arte, te dieron con todo, cuando estallaste y te echaron del juego.

La gente siempre pregunta por qué no fuiste figura en el Barcelona, como Cruyff o Messi, y la verdad es que en esa época en España no se cuidaba a los jugadores. Cada partido era la guerra. Los rivales salían por ti, como el carnicero del Athletic de Bilbao, Andoni Goikoetxea, que te fracturó y casi te saca del fútbol.

En cambio, en Italia sí que supiste romperla con el Nápoli. Un club chico, igual que Argentinos Juniors, que los poderosos equipos del Norte (como la Juve, Inter y Milan) despreciaban, hasta que apareciste tú con tu zurda prodigiosa. Mira que salir dos veces campeón de Italia y ganar una Copa UEFA con ese equipo que era tú y diez más, con el perdón del brasileño Careca. No fue un milagro, fue gracias a tu ingenio de otro mundo.

Lo mismo que hiciste en el Mundial México 1986. Aquellos dos goles contra Inglaterra, mamita querida. La Mano de Dios que nunca te perdonó el arquero Peter Shilton y la madre de todos los goles, recorriendo la cancha con el balón pegado los tobillos, esquivando cinco defensas ingleses en una danza endiablada que te consagró para toda la eternidad. Fue la revancha de Argentina por tanto pibes masacrados en Las Malvinas.

La Copa del Mundo finalmente era tuya, como habías dicho a los 9 años, y todo el planeta se rindió a tus pies. Lo que pasó después Diego, no importa nada, pibe. Viviste a tu modo y quién soy yo para juzgarte. Te fuiste demasiado temprano. Ya el corazón no aguantaba más emociones. Aquí andamos los futboleros que te adoramos, con un nudo en la garganta, llorando a moco tendido tu ausencia. Sigue rompiéndola, Dieguito, donde sea que quede esa inescrutable eternidad.

Argentina se desbordó en llanto ante la pérdida de su ídolo

FRASES MEMORABLES DE MARADONA

“A ‘El Flaco’ Menotti se le escapó la tortuga”, sobre quedar descartado del Mundial Argentina 1978.

“Me cortaron las piernas”, en relación al positivo que dio en el Mundial Estados Unidos 1994.

“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, en un último partido con Boca.

“¿El primer gol contra Inglaterra? Fue La Mano de Dios”, tras anotar con el puño el primer tanto en cuartos de final en el Mundial México 1986.

“Yo crecí en un barrio privado de Buenos Aires. Privado de luz, de agua, de teléfono…”, sobre su infancia en Villa Fiorito.

“Ni siquiera el día que me muera seré capaz de dejar el fútbol”, acerca de su pasión por el juego..

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