Mercedes Chacín: Como si estuviese mirando

Avanzar en proyectos literarios y de formación es parte de la óptica de la Fundación para la Comunicación Popular de CCS en manos de Mercedes Chacín

Por Gustavo Mérida • Fotografías Jesús Castillo / Michael Mata

Once y veinte; el reloj alemán de 1888, en la torre de la Catedral de Caracas, visto desde esta terraza, hace recordar la claraboya del piso 3 de la biblioteca Simón Rodríguez, a pocos pasos de aquí. Un par de zamuros hacen equilibrio, mientras la palabra “biblioteca” queda como en el aire. “Aquí hay matas. Hay animales, hay matas medicinales, matas de lechosa…y también se puede decir que aquí hay sueños de la gente que puede hacer cosas y que anda por ahí”.

Mercedes Chacín sigue hablando de La Terraza desde la terraza, aquí en la sombrita. Ya los zamuros se fueron. “Es una terraza privilegiada, como toda la gente que vive en el centro de Caracas; para mí, son unos privilegiados, porque viven en el Casco Histórico, viven cerca de tanta Historia, de tantas cosas bonitas que pasan aquí a diario, esta es una ciudad…viva. Viva en tiempos de pandemia. Hoy decía que nos quejamos de los caraqueños y las caraqueñas diciendo que no cumplimos la cuarentena y es falso, porque la semana pasada, de Gradillas a San Jacinto, había un río de gente y ahorita no, la semana pasada estaban todos los negocios del centro abiertos, y ahorita no”.

-¿Extrañas dirigir Épale CCS?

-No

“Un clavo saca a otro clavo”, dice la directora del semanario Ciudad CCS, publicación que, junto a esta, son la pareja de clavos. El tema está en el martillo. “O a rey muerto, rey puesto. Así”. Y así se zanjó el asunto de las competencias entre las dos publicaciones impresas, hermanas, primas, crecidas, juntas pero no revueltas. El Universal salió otra vez. Semanario ahora, anuncia que volvió la tinta y el papel; de tinta no hablamos, pero sí de papel. Todavía estoy estupefacto (y muy claro con la intrascendencia) por la última entrevista del semanario de marras, luego de ese anuncio.

Por supuesto que los libros, desde esta terraza, también son el tema: La Feria Internacional del Libro de Venezuela está sucediendo mientras usted lee estas líneas en ese papel prensa que tiene en sus manos y que se lo dieron, también, en la mano, mirándole a los ojos. Los privilegios se expanden; usted sabe que después de leído, este papel va a ser usado por su mascota, por su aguacate verde, por los vidrios de su ventana, por su escoba (humedezca una orilla primero) y/o, por su loro.

Antes de los libros, la pandemia: “Fue duro porque cuando te dicen que si sales de tu casa, te puedes morir, no es fácil. Y si sales, hay gente que te tacha de irresponsable: tampoco. Es al contrario; si te dicen que no salgas de tu casa, y sales a trabajar, eres un héroe. Por eso hay sectores priorizados, porque el país no se puede detener, las necesidades básicas no se detienen”. Y en pandemia, los libros, el semanario, la revista. La Fundación para la Comunicación Popular CCS, institución adscrita a la Alcaldía de Caracas desde que fue creada en el 2009 para hacer el diario Ciudad CCS, es presidida por esta caraqueña de Altagracia de Orituco, un caso único en la familia Chacín. Su hermano Pedro era hermano, o amigo también del escritor homenajeado en esta FILVEN, el profesor Earle Herrera. “Fue duro pero fue bonito, fue duro pero fue productivo, fue duro pero estábamos confiando en que lo que estábamos haciendo era necesario”.

La terraza de los sonidos

Chacín sigue hablando de lo duro. “Hablé de las publicaciones porque son las que salen a la calle, pero la radio, después del fallecimiento de su fundador y líder, que era José Luis Pimentel, ahorita, en este mes, empiezan a trabajar fijos 5 personas para echar a andar ese proyecto que estaba rezagado; también está la página web y la Escuela de Comunicación Popular Yanira Albornoz, que empezará un par de cursos antes de que termine el año. Con la pandemia llegó un grupo de gente que a mí me parece vital, y no es retórica: lo digo porque son jóvenes. Este grupo de jóvenes me ha planteado un proyecto multicultural y de siembra en un espacio que está aquí, en parte de las instalaciones de la Fundación. Multicultural porque tienen una serie de talleres, cursos y clases y también, paralelamente, tienen un proyecto de cultivo y de cría de animales. Creo que este proyecto vital de estos jóvenes puede ser muy bueno para el centro de Caracas, para la Fundación; es bueno que en el centro de Caracas tengamos un techo Reverde, como lo llaman ellos, y creo que es parte de lo bueno que trajo la pandemia”. Un estrépito interrumpe sus palabras. Aunque no fue un portazo, fue un portazo. No fue porque nadie aventó la puerta para cerrarla y sí fue porque un tablón de madera, superpuesto como puerta, cayó cuan largo era sobre el piso limpio del salón donde estos jóvenes entrenan y dan clases de yoga, gratuitas para las personas que trabajan en la Fundación. La puerta que no era puerta, pesada, fue puesta en su lugar. Una silla también se había caído. No había nadie, no sopló el viento…quizá, simplemente, la puerta que no era puerta estaba mal puesta, y fue resbalándose poco a poco hasta que el equilibrio pasó. O es que la propiedad de la iglesia va a dejar de ser de la iglesia, y estamos sobre un cementerio. Lo que pasa es que los dos simones caminaron por aquí. Volvemos a la entrevista, volvemos a hablar de los jóvenes que están empezando ya: la primera clase, fue. “Ya fue”, como dicen estos jóvenes cuando ven el drama generacional de una generación como la suya, lector, lectora. La generación que lee en papel tiene que preocuparse por tener el papel. Que no se cobra.

Espacios de formación en comunicación popular. Fotografía: Michael Mata

-¿Por qué será?

-Nosotros funcionamos gracias al suministro de papel que nos hace la Imprenta Nacional, es decir el Gobierno. Las publicaciones nuestras (Épale CCS y Ciudad CCS), como ustedes saben, son gratuitas. Es una política que no se ha cambiado.

De un tiraje diario de 150 mil ejemplares, Ciudad CCS es ahora un semanario de cinco mil. El mismo tiraje tiene la revista, en teoría dominical, Épale CCS. Algunas veces, estos jóvenes, en su reverdecer, entrenados, rebeldes, reparten alguna de las dos publicaciones en monociclo. Una vez vi a uno pedalear y parecía que estaba leyendo. Los he visto cargando mierda de conejo y haciendo “semáforos”, una rutina que sirve para estar siempre listos para que las niñas y los niños se les queden mirando cuando hacen una pulsada. Es el circo en el centro de Caracas. Ya tienen una estructura en la terraza.

-Hablemos de libros

-Esta es la tercera vez que hacemos libros digitales en la Fundación para la Comunicación Popular CCS, que cobija a la Librería Digital CCS, que es el proyecto editorial…

Voz dibujada del feminismo

-¿Hasta dónde alcanza esa cobija?

Mercedes Chacín levanta la cobija imaginaria. Como si hubiese sido mimo toda su vida, o mima, ella se acurruca un poco más en su humanidad y hasta usted, que quizá nunca la ha visto, ya sabe de qué tamaño es. Hablo de la cobija.

“La cantera de casi todos nuestros libros son nuestras publicaciones. La cantera de palabras y de historias y de letras y de experiencias son Ciudad CCS y Épale CCS.

“La cantera de casi todos nuestros libros son nuestras publicaciones. La cantera de palabras y de historias y de letras y de experiencias son Ciudad CCS y Épale CCS. Tenemos la suerte, o tal vez producto de un trabajo sostenido, que esa cantera sea de escritores y escritoras y periodistas con los que interactuamos, tenemos relaciones profesionales, de amistad, gente que está con nosotros y que nosotros contamos con ellos para diversos proyectos. De hecho, en la página web, para ayudar a acabar con ese mito de que estamos en una dictadura y que aquí nadie dice lo que piensa, decidimos crear Voces. Lo que quiera escribir, cómo lo quiera escribir. Depende que se hable con Janeth Zarramera, que es la coordinadora de esa sección; es una tipa extraordinaria. Yo le dije, ponte tú que hoy, y en dos semanas ya tenía todo listo. Tenía como 30 personas ya y el único problema que tuvo, y cuando se lo dije se puso las manos en la cabeza, es que no teníamos casi mujeres. Entonces empezamos a buscar mujeres y nos fue bien, es una mujer muy comprometida y muy talentosa”.

Textos con vivencias y sensibilidad

Los cuatro libros

“El Banco Central de Venezuela patrocinó estas publicaciones. La Araña feminista y Waika, la respondona, se unieron. Esas dos voces, o columnas, se han mantenido desde el principio de la Fundación y Teresa Ovalles coordinó ese libro y el prólogo lo escribió Indhira Libertad; luego está José Roberto Duque, un compañero escritor que tiene una columna en esta revista que se llama Carbono 14, que es su mirada particular a algunos hechos históricos y biografías. El primer artículo de ese libro es la historia de Michael Jordan. Me encantó esa manera de contarla. El prólogo es de Roberto Malaver”.

Mirada descolonizadora de la historia.

Caracas pandémica

Chacín tuvo covid-19 Estuvo 14 días confinada en un hotel y nos lo cuenta en ese libro. “Caracas pandémica es un hermoso libro. Es hermoso por la cantidad de gente que lo hace, por la cantidad de imágenes, por la calidad de los trabajos, lo sentido, lo emotivo. Al final son sentimientos y estos textos están llenos de esa sensibilidad. Es una experiencia pandémica dramática y optimista, nostálgica e interesante. El prólogo es de Clodovaldo Hernández”.

Chacín cree que no hay que dejar morir las publicaciones impresas. “Si el Correo del Orinoco hubiese sido digital, no lo hubiésemos podido conocer. Los archivos digitales se joden; eso no pasa con el papel. Las bibliotecas no deben desaparecer”

Esfuerzo colectivo de crónicas de Caracas

El otro libro se llama Parroquia Adentro. “Cuando una dirige una publicación periódica, siempre anda buscando insumos, como si fuera un sancocho”. Chacín habla de su primo, uno de los autores que falleció recientemente. “Consiguieron la partida de bautismo de Aquiles Pascual Nazoa. En ese libro la prologuista soy yo”. Y llegó el medio día exacto. Después de escuchar la mayor cantidad de campanadas que se pueden escuchar cuando está el sol, un bullicio, otro, va ascendiendo lentamente, como zamuro planeando aprovechando el aire caliente. Desde esta altura, hasta donde llegue la cobija, el canto para la vida de Carlos Lanz pasa por Gradillas y se va para San Jacinto y sigue, quién sabe hasta dónde.

ÉPALE 390