POR VÍCTOR FHA / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE 237 SOBERANIAS

—¡¿Y a ti qué te pasa?! —le reclamó Estrella.

—Nada, nada. Disculpa. También estoy huyendo de unos locos que les dio por decir que era chavista cuando pasaba por una guarimba —le respondió turbado Maikel.

—¡Ay!, esos locos… Bueno, me voy a enconchar por acá en casa de una amiga. Si vas pendiente…— Maikel la siguió callado. Aún seguía nervioso y se le dificultaba el autocontrol. De hecho, la duda sobre si seguirla o no lo acompañó en todo momento, en especial cuando iban por un oscuro y largo pasillo de una casa vieja, que dedujo debía ser una pensión. Una vez entraron al cuarto, que no debía tener más de tres metros por dos, Estrella le invitó a quitarse los zapatos y ella fue directo al baño a lavarse los pies. Desde ahí le gritó: —Prende el televisor pa ver si hay noticias de tus locos.

—¡Verga… ojalá! Ese poco ’e locos no pueden seguir por ahí sueltos.

—Por cierto, ¿qué coño hacías tú cerca de esa guarimba?

—Iba a hacer unas lucas en el puesto de cachapas que un primo tiene por ahí. ¿Y tú? ¿Cómo es eso de que también te iban a joder unos tipos?

—Iba camino a trabajar, pasé frente a un bar donde estaban todos borrachos y periqueándose y se les ocurrió empezar a perseguirme.

—Verga. Burda ’e feo, ¿no? A mí primera vez que me pasa algo así, de que unos locos me griten “chavista” y me quieran linchar.

—¡Ja! A mí no. Desde que empecé en la Libertador, a los 14 años, vivo huyendo de tipos así, pero también de pacos, de sifrinitos que se bajan de sus camionetotas con cadenas… Mira, se hace tarde y por ahí ya debe llegar Celeste. Ponte los zapatos que te acompaño a la puerta.

Mientras retornaban a la calle por el largo pasillo oscuro, Maikel, en tono sincero, le comenta:

—Mira, ¿tú crees entonces que vale la pena votar por la tal Constituyente? Digo, pa’ que meten en cana a esa gente y les paren el carro, ¿no?

—Si no me tuviera que disfrazar de Pedro para ir a votar, iría. No pierdes nada, y podemos ganar mucho. Quien quita y los chavistas ahí aprueban que perseguir a las transfor es un delito de verdad, verdad— le respondió pícara, junto antes de volver al pasillo y diluirse en la penumbra.

 

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