SEGÚN EL COLOR

SEGÚN EL COLOR POR MERCEDES CHACÍN

No son unos tambores los que suenan, es casi un estruendo. Un ensordecedor grito de guerra. Mientras, la humanidad tapa sus oídos con desespero. Con manos. Con flores. Con estrellas de paz y tambores de Curiepe.

No son drones captando amores furtivos. Son pájaros de hierro transportando bombas asesinas. Mientras, la humanidad escribe canciones y compone versos hilados con destellos de luna. Con gotas de rocío. Con piedras blancas. Con azabaches.

No son silbidos de dioses agrupándose para celebrar la vida. Son misiles apertrechados con odio. Mientras, la humanidad teje lirios y junta pericocos. Y adorna con trinitarias de mil colores los malecones de la vida.

No son visitas de hadas buscando cumplir sueños. Son gendarmes innecesarios, rapiñas de sonrisas de niños y vientres germinados. Mientras, la humanidad baila al ritmo de las flores de araguaneyes deshojándose. Al ritmo del amor invencible. Sigamos.

ÉPALE 273

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