EPALE 214 MIGDALIA TOVAR

EN LOS 60 ASALTÓ CAMIONES DE JUGUETES PARA REPARTIR ENTRE LOS CHAMOS DE LA VEGA. CONOCIÓ EL HAMBRE Y SABE DE TRAGEDIAS Y GLORIAS DE CADA BARRIO CARAQUEÑO PORQUE SE ADENTRÓ EN SUS ENTRAÑAS ENSEÑANDO LAS TRADICIONES Y CONOCIENDO EL ALMA DEL PUEBLO. AL TÉRMINO DE LA ENTREVISTA LE MANDÓ SU MENSAJE A MADURO

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO ⁄ FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Uno no sabe por dónde entrarle. Habla de tantas cosas, conocidas y misteriosas, reales y mitológicas, sagradas y pecaminosas, que por cada recuerdo establece un laberinto rico en posibilidades. Porque no es lo mismo hablar de La Vega y el arraigo que hablar de las tradiciones culturales. Tampoco parece tener mucha conexión la lucha revolucionaria de los años 60 y 70 con la fascinación por el baile y la formación académica o guataquera, que para los efectos del goce es prácticamente lo mismo. Pero ella, sin quererlo —o queriendo—, teje con ardorosa delicadeza de filigrana todas las historias que le dan sentido a su autobiografía, circulando por todos esos pasadizos a la vez con absoluta destreza.

Migdalia Tovar es profesora de manifestaciones tradicionales de la Escuela Popular de Danzas Zhandra Rodríguez, con sede en el Teatro Bolívar, bajo la administración de la Secretaría de Identidad Caraqueña del Gobierno del Distrito Capital. Pero esa apenas es su presentación. Luego se desdobla y echa a andar la memoria y se va hasta sus 5 años, cuando mamá la inscribió en el Luis Ezpelosín de La Vega, donde comenzó a interesarse por el sentido humanista de la existencia y le dio por amar las tradiciones. Eso y el empuje de sus padres—él sastre, ella enfermera— la llevaron a ser introducida junto a sus seis hermanos, desde muy chamos, en el embrujo de ser vegueños y ñángaras. 50 años después tiene a su cargo la formación de Alexia, de 4 años, la señora Belkis de Sarría, de 72, dos hombres y 146 mujeres más en las danzas tradicionales. Y también prohíbe que se hable mal de Chávez.

“POR EJEMPLO: LOS CARNAVALES ERA EL MOMENTO EN QUE MUCHOS PANAS ÑÁNGARAS, QUE ESTABAN ESCONDIDOS, APROVECHABAN PARA DISFRAZARSE DE NEGRITAS Y SALIR A DISFRUTAR EN LAS PLAZAS DONDE BAILABAN CON LAS RETRETAS. SE TAPABAN EL ROSTRO Y LAS MANOS. DESPUÉS TE TENÍAS QUE ENCONCHAR OTRA VEZ”

Es que desde los 13 años fue captada por el Partido Comunista, pero ya sus hermanos, desde antes, militaban en el MIR y andaban en los caminos de la sedición, siempre arriados por su madre, una guara combativa del Bloque 1, que no comía coba para enfrentar las injusticias.

Tampoco acepta que le hablen mal del barrio (cualquier barrio de Caracas) porque los conoce todos y sabe de sus luchas. Su rol de formadora la ha llevado a vivir todas las experiencias posibles en San Juan, El Guarataro, Blandín, Petare, donde ha repartido sus conocimientos entre todos los hijos que la vida le ha podido regalar, desde niños de la calle, en condiciones de discapacidad o sometidos al maltrato familiar. “Tres o cuatro que salvara eran buenos para mí”.

—¿CÓMO VIVES EL BARRIO?

—En El Guarataro me tocó una vez con una investigación en casa de la familia Lira, cultores muy reconocidos. En eso que decidimos hacer el San Juan y un sancocho se presentó el tiroteo y toda la gente llorando, tirándose debajo de los carros, y a mí me tocó gritarle “al tipo”: “Mira, vale, ¿hasta cuándo?, nosotros tenemos aquí a los chamos, para ver cómo hacemos para salvarnos”. El tipo dijo: “Bueno, está bien”, y paró. Eso lo aprendí en La Vega, por eso la amo, por enseñarme a diferenciar, a saber cómo tratar y respetar al otro.

—¿A LAS CHAMOS LES GUSTAN LAS TRADICIONES?

—Bueno, yo sé vacilarlo, he aprendido por dónde me voy a meter. La clave es empezar con la expresión corporal, cualquiera. Unas lloran en clases, otras se ríen, otras te cuentan su historia. Luego las vas metiendo en las tradiciones y así se van sumando, encantadas con el tambor veleño, el calipso, el tamunangue, el San Juan.

—¿LAS MAYORES SON DISCIPLINADAS? 

—Extraordinarias. Te tengo videos. Y muchas vienen con una vida de dolor o situaciones difíciles; y aquí estoy, para ayudarles y para darle paso a las cosas buenas.

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Las niñas, los niños, el barrio, la danza, forman parte de sus itinerarios

 

—¿HACEN VIAJES A LOS PUEBLOS?

—No hemos hecho porque la escuela tiene apenas seis meses, pero ojalá lean la entrevista, porque necesitamos recursos. Yo creo que eso ha sido una limitante para desarrollar las tradiciones en este país. A veces, cuando estamos en la cosa más sabrosa, nos paramos porque que si los vestuarios, que si las cosas están difíciles. Ahorita un traje de madama está saliendo en 50.000 bolívares, por la medida pequeña.

—AUNQUE NUNCA HABÍA TENIDO TANTO AUGE EL TEMA DE LAS TRADICIONES EN EL PAÍS

—Claro, imagínate, por lo menos el calipso. ¡Cómo me hubiese gustado que estuviesen las madamas, que fueron mujeres tan aguerridas!

—¿EL BARRIO TIENE CERCANÍA CON LAS TRADICIONES?

—Claro, el barrio tiene el arraigo porque hubo gente que se vino de distintos estados y trajeron sus manifestaciones. Es tan rico y tan importante que se mantenga. Eso nos ha permitido a los caraqueños que en la urbe se mantengan las tradiciones. Fíjate las paraduras. Tú ves que hay una en La Vega, en el 23 de Enero, en todas las parroquias de Caracas. Igual la Cruz de Mayo, que es una magia que empieza con dos y termina con miles y no hay rollo, todo el mundo es pana, todo el mundo puede disfrutar. Hay gente que nos ha querido manchar. Fíjate que a mi amigo William Ochoa le matan a su hijo en pleno San Juan, cargando al santo, pero nosotros continuamos.

LAS ALPARGATAS ROJAS

Hace un paréntesis para señalar su otra gran pasión: la Revolución. Desde que se descubrió un día armando las mechas de las bombas molotov hasta las visitas casi a diario de la policía para allanar la vivienda familiar, por el simple hecho de que a su hermano lo pillaron pegando un cartel del Che, no ha parado. Aunque todo forma parte del todo, entre la militancia de izquierda, las tradiciones, Caracas, el calipso y el carnaval matiza con gracia el recuerdo de los tiempos difíciles. “Por ejemplo: los carnavales era el momento en que muchos panas ñángaras, que estaban escondidos, aprovechaban para disfrazarse de negritas y salir a disfrutar en las plazas donde bailaban con las retretas. Se tapaban el rostro y las manos. Después te tenías que enconchar otra vez”.

Ataja el eslogan que impuso Diosdado: “Aquí no se habla mal de Chávez”, y advierte que “el comandante” le ayudó a quitarse esa angustia que traía desde pequeña, cuando la gente bajaba del cerro con un pote de leche vacío para llenarlo aunque fuera de una pasta sobrante. “La gente no creía en las escuelas bolivarianas, no creía en este proyecto. “¿Me van a dar comida en las escuelas? Eso es mentira”, decían. Yo comencé a quitarme ese dolor, por eso no soporto que alguien me diga que aquí no se ha hecho nada. Para la oposición aquí no se ha hecho nada porque ellos tenían de esclavos a los pobres. Puedo dar fe de cuántos niños me encontré en varios ranchos de lata con una cadena y un candado mientras que su mamá iba a trabajarle a los ricos para traer un pan con sardina en la noche. Yo, esta negra que está aquí.

—¿Y HOY QUÉ VES?

—Hoy La Vega ha mejorado muchísimo, del cielo a la tierra. Los niños interactúan, te dicen lo que les gusta y lo que no. Adoro que no tengo niños sumisos pegados de una pared, han aprendido sus derechos. A mí me tocó en la redoma de La India, cuando pasaban los camiones de la Manaplas hacia La Yaguara, encapucharme y “entucarlos” un 22 de diciembre para poder llevarle regalos a los chamos. Hoy siento que puedo dormir tranquila.

LE HABLA A MADURO

Termina la entrevista pero me pide que encienda de nuevo el grabador. Un mensaje pa’ Maduro, señala enérgica y afina la voz. Se vuelve tierna: “Un saludo al Presidente. Aquí, como yo, hay mujeres escondidas que no hemos contado cómo es el barrio, cómo es el pueblo, pero hoy me toca a mí en la revista. Estoy a la orden, Nicolás, para hacer un buen trabajo en el barrio, igual para Adán y para todo aquel que quiera hacer un trabajo barrio adentro, porque no basta con lo que se ha hecho, porque todavía tenemos niños que ni siquiera conocen La Guaira, Presidente. Siempre la cultura llega al que está abajo, pero en cada parroquia debe haber un transporte. Así como hay transporte para no sé qué, que haya para la cultura. Para que a los niños de los cerros, cada vez que haya un evento en el Teresa Carreño, los traigamos. 100 niños vamos a salvar cada vez en cada evento, salvados de la delincuencia, salvados del narco, salvados porque a veces se te cuelan, que uno tiene que barajear para que no lo maten a uno en el barrio”. Mandó su teléfono: el 0416-7181232. “Yo me llamo Migdalia y estoy a la orden para lo que quieran planificar. En los barrios, esa va a ser nuestra decisión”.

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