POR STAYFREE / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE283-SOBERANÍASAsí lleva por título el archiconocido disco de la banda venezolana Caramelos de Cianuro: 11 temas que nos muestran diversos cortes del inconsciente masculino, su trémula y gozona manera de ver a las mujeres, machista y con una especie de complejo de Edipo. Este documento sonoro y profético hacía alusión al destartalado mundo de los concursos de belleza, tanto masculinos como femeninos, precisamente en el país que se jacta de poseer la mayor materia prima de beldades y papacitos del planeta Tierra. Sátira roquera que vuelve a resonar en la sociedad como un escándalo.

Se destapa la olla podrida de las misses quienes, como reinas de ferias populares, dan tanto besos como favores sexuales a tipos peligrosos y muy poderosos, y todo esto por el peso de una corona. Una batalla campal de dimes y diretes, en las redes sociales y en programas de televisión, mostró a muchas participantes —en rol de fulanas— atacándose y defendiéndose, mostrando la verdadera esencia de estos concursos.

¿Cuál será el impacto en el futuro inmediato sobre la psiquis de un país que veía a las misses como uno de sus más exquisitos productos de exportación? Podríamos arriesgarnos en una larga respuesta, con todo el tinte de burla y decepción, con presentador y miss enajenada por los nervios: “A través de nosotras a la mujer venezolana se le veía como verdadera diosa. Ahora que hemos caído del pedestal, con menos poder que un ídolo de barro, ya no huimos y nos hacemos solidarias con todas las mujeres que han utilizado el don de vender su cuerpo para subsistir y forjarse un bienestar. Los hombres siempre serán hombres, y siempre seremos utilizadas como contenedores de semen. Nos hemos hecho ciegas, sordas y mudas a nuestras buenas costumbres y el prestigio del concurso, y quiero que sepan que también los místeres son carne de explotación sexual”.

Como hombre homosexual no misógino, siempre me he declarado hermano de las más extrañas y exquisitas criaturas de este mundo: las mujeres. Nunca olvidaré que de una de ellas salí a vivir. Pero la meneada de mata, en la moral y en la opinión pública, supone una reflexión sobre la humanidad y la dignidad de todos los géneros, la dignidad que nos hace tanto talentosos como libres. Solo se violenta un derecho cuando una de las partes se siente privada de algo; pero si, por otro lado, se celebra y se saca provecho de la situación, ya no es una violación.

La prostitución ha existido desde que el mundo es mundo, pero en esta era mediática hasta la más pintada y el más guapetón tienen su precio en el mercado. Lo ilógico es que no se sinceren y anden armando barullos por un hecho que ya es tácito. Precisa, es la hora para generar políticas que protejan a las putas y gigolós, que andan por todos lados. Eses.

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